jueves, 21 de junio de 2012

IDEALES

En vísperas del verano, en Granada hay un acontecimiento social que se está convirtiendo ya en una tradición. Se trata de los ‘Ideales’, unos premios que entrega el periódico Ideal a personas y entidades que hayan destacado por impulsar o dignificar a esta tierra. En el acto de entrega de los premios se congrega una nutrida representación de la sociedad granadina de ámbitos de lo social, lo político, lo cultural o lo institucional.

Llevaba tres o cuatro años sin asistir a este evento social, alejado como he estado por voluntad propia de algunas concentraciones sociales que empezaban a parecerme una farsita en clave de comedia humana, cuando no un baile de máscaras. Pasado este tiempo he observado que esta representación de la sociedad granadina sigue siendo prácticamente la misma. Encuentras que ha evolucionado poco, en personas e ideas, como la Granada que no termina de respirar por sí misma. Y sobre esto me pregunto en ocasiones, y también ahora, iluminado todavía por el fulgor de un acto enmarcado en la rutilancia, para encontrar sólo viejas razones. Y entonces es cuando me tropiezo con que evoluciona poco porque se trata de una sociedad que está instalada en el conformismo, porque su tejido social no despierta o no lo dejan despertarse, porque es una sociedad que cae con facilidad en la melancolía y el pesimismo, porque tiene una clase empresarial más pendiente del maná que llegará, porque tiene una clase política de escaso fuste, incapaz de ponerse de acuerdo en problemas cruciales para esta tierra, y porque trabaja menos en lo que necesita esta ciudad y más en intereses políticos y personales.

Hablaba con amigos periodistas de cambios que necesitan los partidos políticos para que realmente sean instrumentos de mejora de la sociedad, y no instrumentos de mejora propia utilizando a la sociedad; y hablaba de lo que necesita el partido socialista de esta provincia. Entonces advertía una sonrisa compasiva cuando les hablaba de proyectos de cambio político, como si esa sonrisa floreciera de los años que han vivido desde la tribuna donde todo lo observan, y porque han visto pasar desfiles, carnavales y féretros, y también ideas que no cuajan o se lleva el viento. Y acaso también porque han visto, una y otra vez, una realidad que se vuelve tozuda, como amasada por manos cómplices para que todo siga igual, o porque es difícil cambiar todo esto. Y me abracé a ellos al despedirme, ya era tarde y tenía que volver a casa en un autobús urbano que no quería perder por si llegaba la hora del corte del servicio. Y en el abrazo comprendí que les inunda el escepticismo.

Las ciudades riman como lo hacen sus personas, y a veces ese esplendor de sus piedras, que tanto se admiran desde fuera, es como si transmitiera a sus habitantes una actitud contemplativa que los modela. Me fui pensado en muchas cosas, pero no se me pasó por alto que la organización de los premios ha mejorado con el tiempo, no por los premiados, que cada año sin duda se lo merecen, sino por el buen hacer de los responsables del periódico Ideal.