Cuando en este país
dimos el paso hacia la democracia tras la muerte del dictador una de las cosas
que más urgía era borrar esa imagen de la Policía franquista represora y cruel.
El paso siguiente era articular otra Policía, con nueva imagen, más próxima al
ciudadano. La ciudadanía tenía que ahuyentar viejos fantasmas y confiar en ella
como garante de las libertades públicas y de la seguridad ciudadana.
Lo que ha ocurrido
en Valencia con los estudiantes del IES Luis Vives, las cargas policiales
contra ellos, que protestaban por los recortes en educación, está lejos de esa
imagen de policía que hemos tenido en estos años de democracia y más cerca de
la anterior. Y no es la primera vez que acciones policiales desmesuradas y de
fuerte violencia han ocurrido, lo vimos en Madrid y Barcelona sobre miembros
del movimiento de 15-M.
La Policía española
no merece que se traslade a los ojos del mundo la imagen de una policía
represora de ciudadanos que ejercen su derecho a expresarse.
Queremos que la Policía
española sea la Policía de un país democrático, cuyo cometido sea velar por el
cumplimiento de la ley y el orden. Y no un instrumento represivo utilizado por
el poder de turno como hemos visto, y aún vemos, en los países de la primavera
árabe.
La imagen que corona
esta entrada está llena de simbolismo. El libro que se adosa a la careta de protección
bien pudiera ser el clavel ofrecido a un soldado en la revolución portuguesa de
los claveles. Pero también la resistencia frente al poder monolítico, embrutecido
y ausente de razón de aquel estudiante que se plantó ante un carro de combate
en la plaza de Tiananmen. España no es China, afortunadamente, aquí tenemos libertades,
y fuerzas y cuerpos de seguridad al servicio de una democracia, y no tenemos un
orden totalitario, no democrático, donde no se duda en utilizar la represión brutal
para meter en cintura a su propio pueblo.
Hay responsables
políticos y mandos policiales que se les debería caer la cara de vergüenza, por
no decir que se fueran a su casa, ante los hechos que han ocurrido en Valencia.
Le hacen un flaco favor a la Policía cuando dicen que ha actuado en defensa
propia, o se ha defendido de las agresiones, para justificar lo que no tiene
justificación. Cuando hablan de que se investigará si algún policía se
extralimitó se está haciendo un ejercicio de hipocresía inadmisible. Estas
explicaciones cabe interpretarlas como una manera torticera de culpar a los
agentes de Policía participantes, como si nadie coordinara las acciones y diera
órdenes muy específicas.
Lamentable que desde
el poder político se trate de eludir responsabilidades que le son propias. Y lamentable
que se traslade a la opinión pública la imagen que hemos visto de ella en
Valencia.
La Policía española
no se merece una imagen así.






