domingo, 22 de diciembre de 2013

CRISIS, DERECHOS Y FRACTURA SOCIAL

Las televisiones y los periódicos nos inundan con reportajes donde se retrata todo lo que las alfombras de la sociedad ya son incapaces de ocultar, como sí se hacía hace unos años. El otro día un amigo, responsable de Cruz Roja, me contaba el lamentable panorama social al que desde esta ONG tienen que hacer frente. Personas que hace tan sólo uno o dos años vivían en una posición económica desahogada pasan por las dependencias de la organización solicitando alguna ayuda.

La miseria está en las calles, en los jardines, en el desgarro social por injustos desahucios, en engaños de preferentes, en muchas casas donde por vergüenza sus moradores, tras la desagracia de haber perdido el trabajo, no se atreven a enseñar a sus vecinos la ignominiosa situación en que viven.

Es lamentable lo que está ocurriendo en este país. Un gobierno teledirigido por el pensamiento de las élites de poder que conspiran en la sombra está siendo el brazo ejecutor de un plan diseñado para el retroceso en derechos de la sociedad. El camino de la involución social se trazó desde hace tiempo y con una ruta de hoja muy definida que el gobierno del PP la está siguiendo a raja tabla.

Nunca se deberían haber tocado los derechos de los españoles aduciendo a la crisis económica como excusa. Para afrontar soluciones a esta crisis inventada, el respeto a los derechos era la salvaguarda para preservar el equilibrio social. No obstante, en tal caso, ya no hubiera sido posible reconducir el modelo de sociedad que a las élites políticas y económicas más retrógradas les interesaba.

Para encontrar salida a la crisis no era necesario mancillar los derechos de los ciudadanos. La crisis económica en todo caso sólo era una cuestión de regular mejor lo que teníamos y administrábamos, acabando con un despilfarro que tanto la derecha como la izquierda promovieron a manos llenas, pero en absoluto hacía falta recortar los derechos laborales, educativos, sanitarios, sociales, de las mujeres…; en definitiva, los derechos de una ciudadanía que nada tenía que ver con el desajuste económico de mercados que están en unas esferas que escapan al común de los mortales.

El gobierno del PP ha creado tantas fracturas sociales para restañar las supuestas heridas de la economía que ha desestabilizado el equilibrio social de España. Más pobreza, más desesperanza, más desajuste social…, hoy España, en términos globales, es un país más injusto, más insolidario, más arruinado, más desequilibrado, que lo era antes del inicio de la crisis. Cuando se quieren justificar medidas como la reforma laboral, las subidas de impuestos, el incremento de los precios o la limitación de los derechos ciudadanos por la crisis económica se está haciendo un ejercicio hipócrita, depravado y canalla en perjuicio de los ciudadanos.

El gobierno del PP ha vapuleado la educación, la sanidad, la asistencia social, el derecho de las mujeres…, todo bajo un sentido de impunidad, desvergüenza, cobardía y caradura como no se había visto en los treinta y cinco años de democracia.

Lo que más lamento es que la izquierda esté en estado de shock, paralizada por el dominio de unas oligarquías nacionales, autonómicas y locales inmovilistas, prisioneras de sus propios errores pasados y de la reproducción de un modelo de organización que les asegura mantener el poder. Organizaciones de izquierda dirigidas por personas que tienen que taparse la cara, cuando no la boca, para hablar con la derecha de determinados temas de manera convincente, abierta, crítica y contundente.

Esta democracia bananera nuestra, al albur del partido dominante de turno, sin estabilidad para el país y sin principios básicos que la sustenten, asumidos por todos los partidos, es el espacio que a muchos interesa. Se reparten el poder judicial, manejan las instituciones del Estado a su capricho e intereses, crean inestabilidad en el sistema educativo, se apropian de los derechos ciudadanos…, y mientras nuestra democracia más debilitada y alejada de los ciudadanos.

martes, 10 de diciembre de 2013

MANIPULAR LA HISTORIA EN DEMOCRACIA


Cuando estudiábamos a Marc Bloch o a Lucien Fevbre en la Facultad de Letras de Granada, recién estrenado el edificio del Campus de La Cartuja, aprendimos que la Historia era la historia del hombre y que sólo los documentos nos daban el sólido respaldo a nuestro análisis histórico. Caer en la tergiversación de la historia es el riesgo que corren los malos historiadores que se basan en suposiciones y no en consulta de fuentes de primera mano.

Cuando llegó nuestra democracia creímos que se había acabado la época de la manipulación de la Historia de España a la que nos había sometido el régimen franquista a los niños que asistíamos a las escuelas de los sesenta y setenta. Pero hemos visto que aquello de los manuales de primer y segundo grado parece que quedó en una mera anécdota, que ya es mucho decir, comparado con lo que después hemos vivido.

El día que algunos elementos de la ultraderecha acabaron con su complejo de dictadura se lanzaron en plena democracia a preparar densos manuales de seudohistoria para justificar la sublevación de Franco, la necesidad de la guerra civil y el régimen que sometió a España durante cuarenta años a una dictadura.

Los que hemos impartido clase de Historia hemos procurado presentarla con el mayor rigor y mejor análisis que demandaba nuestra profesionalidad y la deontología docente. Transmitíamos a nuestros alumnos que las verdades en Historia sólo existen si están bien fundamentadas, que en caso contrario surgirán las trampas de las que está llena también la historia, y que hacer historia con la intención de justificar una idea preconcebida es un ejercicio de indecencia profesional.

Pensaba que esta reacción de la ultraderecha sería la única nota discordante que íbamos a vivir en democracia, pero ahora hemos visto que aquella puede hasta quedarse corta frente al simposio de historia organizado en plena democracia a través del Centro de Historia Contemporánea de Cataluña, adscrito al Departamento de la Presidencia de la Generalitat, que han denominado “España contra Cataluña: una mirada histórica (1714-2014)”. En él participan historiadores a los que he tenido devoción, como Josep Fontana, que me abrió los ojos al análisis histórico en trabajos como La crisis del Antiguo Régimen o La quiebra de la monarquía absoluta (1814-1820), un librito publicado en Ariel que fue para mí como una pequeña biblia. Espero y deseo que ponga una nota de cordura es lo que se esconde detrás del título del simposio en la lección inaugural titulada “España y Cataluña, 300 años de conflicto político”.

Escribir la Historia a la medida de unos intereses políticos es un ejercicio de probada zafiedad profesional. Un historiador no puedo partir de tales apriorismos, que se descalifican ya desde el título. ¿O acaso pretenden manipular la historia como lo hacen los regímenes dictatoriales, como lo hizo Franco, como lo hacen los regímenes totalitarios?

Me avergüenzo de los historiadores sometidos al poder político que han perdido su independencia. El victimismo de un poder político interesado no puede ser justificado por una manipulación y una visión sesgada de la Historia.

lunes, 9 de diciembre de 2013

EL BOOKTRAILER DE 'LA RENTA DEL DOLOR'

Aquí os dejo el BOOKTRAILER de La renta del dolor, la novela de la memoria.

"El retrato de la realidad social y política española de un periodo convulso, los últimos años del franquismo, plagado de grandes contradicciones y percibido a través de los ojos y las vivencias de Matilde Santos, que nos trasladará hasta las elecciones de junio de 1977."


viernes, 29 de noviembre de 2013

YA TENEMOS LA LOMCE, ¿POR QUÉ NADIE HA HABLADO DE UN PACTO POR LA EDUCACIÓN?

Dos años de enfrentamientos dialécticos, movilizaciones, mareas verdes por las calles de España, huelgas, manifestaciones, riadas de tinta en los periódicos, reportajes de televisión, discusiones en programas de radio, sesiones parlamentarias… Dos años hablando de un proyecto de ley de reforma educativa que el PP promovió por medio de su ministro de Educación, José Ignacio Wert. Dos años que han concluido con enconadas defensas de postulados, de defensa de intereses de grupo, con mil argumentos a favor o en contra del contenido de esta ley. Pero también dos años en los que nadie se ha atrevido a mencionar que la solución a todo esto era, antes que cualquier otra cosa, un pacto por la educación.

Desde que se dieron los primeros pasos por el ministro Wert para poner en marcha una reforma educativa en este país las ideologías dominantes se pusieron en guardia para dirimir una guerra en torno a la educación, pero no mirando a la educación. Los partidos políticos, asociaciones o sindicatos se alinearon, y los medios de comunicación igual. Todos tomaron partido por un puñado de ideas que cada cual pensaba defendían honestamente su visión de la educación, pero ninguno, a pesar de cacarear tanta defensa de la educación, tomó partido por ella. Todos miraron sus intereses haciéndonos ver que defendían la libertad, el derecho a la educación o la escuela pública, pero ninguno defendía la educación.

El establishment de una tendencia u otra, a favor o en contra de la ley, marcaron las directrices, señalaron el camino, cuál debía ser el argumentario adecuado en cada caso, por dónde habían de ir las posturas, los pensamientos expresados, los debates, las ideas…, pero se silenció hablar de un pacto por la educación.

A la ideología dominante, a los grupos fácticos, a los ‘pergeñadores’ de ideas y de opinión, a los que establecen los relatos que interesan en cada momento, llámese gobierno, partidos políticos, sindicatos, medios de comunicación, parecía que no les gustaba que se hablara de pacto por la educación. Era como si antepusieran la convenida polémica generada en torno a la LOMCE para polemizar, no en beneficio de la educación sino en beneficio de la renta política que se pudiera sacar en el envite.

El discurso a favor de un pacto por la educación no ha sido aceptado como aportación al debate. Y no ha sido aceptado porque quizá hubiera significado dejar yermo el interés por la batalla y hubiera obligado a buscar consenso y acuerdos. Hablar de un pacto por la educación no ha entrado dentro del pensamiento dominante que había decidido cuál debía ser la hoja de ruta de este esperpento nacional en que se ha convertido la tragicomedia sobre una ley educativa sinsentido. Entre tanto, todos diciendo que defendían la educación, y la educación sin que nadie la defendiera.

La polémica en torno a la educación suscitada por la ley Wert hubiera tenido una tercera vía: la que propugnaba un pacto por la educación, pero a lo que se ve a ninguno de los contendientes (partidos, sindicatos, patronales, medios de comunicación) les interesaba que pudiera haberse instalado en el debate nacional.

En todo este asunto la única que ha perdido ha sido la educación en España, que de haber tenido un pacto para que nadie la manosee, ha vuelto a ser utilizada como un títere para intereses oportunistas y desaprensivos.

Ya tenemos la LOMCE, ¿por qué nadie ha hablado de un pacto por la educación?

domingo, 24 de noviembre de 2013

DÉFICIT DEMOCRÁTICO

La crisis ha golpeado inmisericorde a nuestra democracia a través de las fuerzas ungidas por un poder que se erige omnímodo entre nosotros: la fuerza ‘invisible’ del capital que sumerge todo, hasta nuestras vidas, en un juego con reglas que nosotros no controlamos.

La democracia sobrevive. Lacerada tantas veces, los ciudadanos la echamos de menos. No sé por qué, pero tengo la sensación de que nuestra democracia no ha evolucionado en los treinta y cinco años que llevamos conociéndola. Incluso, hasta me parece que ha perdido fortaleza.

Cuando empezamos a dejar atrás el franquismo (aunque ahora dudo de ello) la recién estrenada democracia se construyó sobre la base de la representatividad. Ello se tradujo en que era ejercida y manejada por los partidos políticos. Quizá en ese momento fuese necesario ese modo de hacer democracia, pero hoy se me antoja con escasa cabida para una democracia que se tiene que consolidar todavía en los tiempos que corren, en una sociedad muy distinta a aquella de finales de los setenta. Hace unos días, la secretaria de Estado de Educación decía, al respecto de la aprobación en el Senado de la LOMCE, que había sido aprobada “por un apoyo muy mayoritario”, cuando tuvo en contra al resto de partidos de la Cámara y tiene en contra a casi todos los sectores de la sociedad española. Es sin duda un uso tergiversado del concepto de democracia, aunque sea legítimo, y una apropiación fatua de la representatividad en un tema tan importante como es una ley de educación.

La crisis también ha cuestionado a los partidos políticos como modelos de organización, pero parecen no haberse dado por enterados. El 15-M, y otros muchos movimientos sociales que se derivaron de él o caminaron junto a él, provocaron la eclosión de una llamada de atención potente y manifiesta en pro de la necesidad de un cambio en ellos. Pero eso no ha llegado, y no sé si lo hará en mucho tiempo, ahora que a esa contestación social le cuesta trabajo mantenerse en el candelero o, cuando no, ha sido fagocitada por el modelo de democracia que se nos ha quedado algo raquítico, pero por el momento inamovible.

Si los partidos políticos aumentaran su grado de democracia interna, no cabe duda que la salud democrática de nuestro país mejoraría. Pero, ¿les interesa que ocurra a los que los controlan? Me temo que ni siquiera los que podrían hacerlo, los partidos de izquierdas, se les ve con la sana intención de hacerlo. Los partidos políticos deberían haber sido los primeros en darle un impulso a la democracia después de todo lo que hemos visto que ha pasado en los últimos diez años con la ‘precrisis’, con la crisis y con lo que nos quedará de ella. Pero ellos son presa de una esclerosis que los hace organismos rígidos y afectados por una especie de sociofobia. Herederos de viejos vicios, no han sido capaces de prestigiar la política para hacer a la sociedad más democrática. Ahora más que nunca se reproducen esos añejos vicios con personas que se encumbran sin procesos democráticos que los avalen, sin militantes que los refrenden y, lo peor, sin haberse labrado previamente un destino en la vida y haberla vivido como cualquier ciudadano o ciudadana.

¿Déficit democrático en los partidos políticos?, sí, en ellos, en los primeros que deberían haber cultivado los valores y el espíritu democrático en su seno. Y lamento que esto ocurra, porque la ciudadanía espera otra cosa. Y lamento que ocurra en los partidos de derechas y en los de izquierdas, en España, en Venezuela o en la China.

La representatividad tuvo su tiempo, ahora cuanta más democracia directa haya más y mejor, acabaremos con el déficit democrático, y la sociedad lo agradecerá.

jueves, 14 de noviembre de 2013

NUEVA EDICIÓN DE ‘LA RENTA DEL DOLOR’*

Se hacía necesaria la reedición de La renta del dolor. Desde hace cuatro años no se podía encontrar en ninguna librería. Aquí os dejo el texto de la contraportada:

Los últimos años del franquismo fueron un tiempo marcado por la intensa lucha a favor de la libertad y la democracia organizada clandestinamente desde el movimiento obrero, las universidades y las organizaciones políticas.

Ese tiempo también representó la vuelta de los primeros exiliados. Matilde Santos será una de aquellos que, tras superar las trabas administrativas impuestas por la dictadura, regresará a España y a su Granada natal, después de un exilio de treinta años en México, con la intención de recuperar sus raíces, el tiempo perdido y acaso su propia dignidad.

La renta del dolor es el retrato de la realidad social y política española de un periodo convulso, plagado de grandes contradicciones, percibido a través de los ojos y las vivencias de Matilde Santos, que nos trasladará hasta las elecciones de junio de 1977.

Con un lenguaje rico e hilvanado, esta renovada novela ofrece a través de sus distintos protagonistas una visión intimista de cómo vivían y sentían los españoles bajo un régimen represivo, obstinado en condicionar tanto el ritmo de sus vidas como su manera de pensar y de decir.

La vida de Matilde y de otros personajes nos proyectará destellos de vidas atormentadas, del amor que un día se hizo imposible y de la compleja y arriesgada resistencia que contra la dictadura hubieron de activar aquellos que se atrevieron a vencer el miedo.

* Excelente portada del pintor Juan Vida.

domingo, 3 de noviembre de 2013

UN POCO DE DESAJUSTE SÍ QUE HAY

Tenemos un Papa que parece llegado del otro bando. Quiere hablar de gais, divorcio y natalidad. Quiere limpiar el Vaticano de halcones y aprovechados. Quiere someter las finanzas vaticanas a una ley de control y transparencia. Y sufre con ver a las mujeres reducidas a la servidumbre en la Iglesia. Hasta llegó a decir que nunca había sido de derechas. Se puso Francisco para que viéramos en él su devoción por el santo de Asís y cuál sería el camino que pensaba seguir.

Se dice que ha llegado un Papa revolucionario; y digo yo que, si es el caso, lo ha hecho en tiempos en que la revolución parece una ordinariez. Ha llegado en un momento en que la política es más cicatera e injusta que nunca. Merkel lleva años repartiendo estopa a los países que vivimos por encima de nuestras posibilidades, a lo que no han tenido empacho de secundar los gobernantes de esos países. Y le han seguido el juego, al tiempo que nos hacen ver que el mundo es así y no se permite soliviantar la paz y la tranquilidad de los poderosos.

Sin embargo, aquí, en la vida real, se habla de gais, divorcio y natalidad para empeorar los derechos que una vez se consiguieron. Y la ultraderecha xenófoba y homófoba se extiende por Europa. Se habla de control y transparencia, pero no se controla ni se hace diáfana la gestión de corruptos y arruinadores de bancos y cajas, urdidores de tramas Gürtel o EREs y otros tipos de parecida calaña que un día tuvieron mucho poder, o que siguen teniéndolo. Se habla de mujeres y se limitan sus derechos laborales o se les discrimina impunemente. Se habla de ideología, y la izquierda parece no existir porque unos cuantos la han secuestrado para que sea menos izquierda y nadie les mueva la silla.

El mundo parece un reloj desajustado, nunca marca la hora acompasado. Tiene varias manillas, como buen reloj, y cada una va a su ritmo y con escasa sincronización entre ellas. A la política del mundo prepotente ya parece que no le afecta nada. Las Merkel, los Rajoy, las troikas, los FMI, campan a sus anchas. Están venciendo la batalla porque una vez nos agarraron por los monetarios ovoides de nuestros bolsillos, como nos siguen agarrando, y no nos sueltan.

La ciudadanía se está apagando. Ya no se clama en las calles por las medidas injustas o reformas laborales neoliberales que adoptan los gobiernos como se hacía tan sólo un par de años. Y eso que hay menos derechos que hace dos años: se recorta la dependencia, las prestaciones sanitarias, la educación se resiente, los derechos laborales o se precarizan los niveles de supervivencia de un gran porcentaje de población.

Ahora que tenemos un Papa que parece mirar de otro modo, tenemos líderes europeos que siguen mirando en la dirección que les interesa a ellos, en la que no están los ciudadanos ni sus derechos. Así no hay quien se entienda. Lo dicho: el reloj de este mundo está desajustado.

martes, 22 de octubre de 2013

EDUCACIÓN Y REFORMA

De la educación se habla con frecuencia en la prensa, en la radio, en las tertulias televisivas, en las tertulias domésticas…, y casi siempre en sentido negativo. Y se hace así cuando se suscita la polémica por algún tema que le afecta. Nunca, o casi nunca, se habla para ensalzar el buen trabajo que se hace en la escuela. ¡Cómo se va a valorar entonces la educación en este país, si públicamente recurrimos siempre al comentario negativo, a la descalificación, a lo mal que está todo! Hubo un tiempo en que cuando se hablaba de educación sólo se hacía en términos de desastre, de alumnos que no saben, de violencia escolar, de fracaso escolar.

La otra tarde me tocó hablar de educación y reforma en una sesión organizada por el Ateneo de Granada. Lo hice a través de ese libro clásico de Seymour B. Sarason, El predecible fracaso de la reforma educativa (1990). Y hablando de las razones que expone Sarason para evidenciar el fracaso de las reformas me refería de cuando en cuando a las reformas educativas que hemos tenido en nuestro país en los años de nuestra reciente democracia, y concluía que ninguna había tenido el éxito que columbraban los reformadores. Porque las reformas habidas nunca han hablado de reformas, han hablado de todo lo que rodea a la educación menos de educación. Y porque las reformas se diseñan casi siempre desde despachos atrincherados en intereses muy interesados, y no desde las escuelas.

La educación lleva toda la democracia metida en las trincheras. Es ahí donde le gusta que esté a los partidos políticos. Allí donde les permite ese juego de fuego cruzado con el adversario, ese indecente juego de utilizar la educación para atacar al contrario. Menos mal que otros, entre ellos los docentes, la tienen aupada en los desvelos que profieren a diario con sus alumnos para salvar un poco los muebles, que si no…

En el debate que se suscitó en el acto del Ateneo se habló de por qué la educación en España tiene que ser ese muñeco de feria sobre el que se lanzan no sólo bolas de trapo, también otras más contundentes, como intereses espurios, desconsideradas críticas y hasta desprecio por la labor docente. Y asimismo se lanzan decisiones políticas para situar a ineptos e ineptas al frente de un ministerio o de una consejería de educación. Y se utilizan esos cargos públicos como cambalache en los juegos de poder entre facciones políticas para colocar a quien no tienen hueco en otro espacio político.

¿No les va a gustar a estos que manejan los hilos tener la educación siempre metida en las trincheras de la confrontación?

miércoles, 16 de octubre de 2013

DOCENCIA, O LA NECESIDAD DE ESTAR AL DÍA EN LA VIDA

Hoy he estado impartiendo una ponencia en un curso sobre la actualización de la función directiva. El Plan de Formación del Profesorado ha sido el contenido que he abordado. He vuelto a experimentar el placer de ejercer la docencia, esta vez ante un numeroso grupo de directores y directoras. Siempre le queda a uno ese recuerdo amable de las clases que preparaba, de las sesiones con los alumnos, del contacto que ello significaba con vidas en ebullición, inquietas, insolentes y retadoras frente a la insípida quietud conformista del adulto. Está claro que lo de hoy nada tiene que ver con aquello, pero ha merecido la pena, aunque nada más haya sido por el hecho de volver a experimentar ese acto de comunicación que representa el desarrollo de una clase.

Hemos hablado de lo importante que es la formación permanente en el profesorado. Esta profesión, estoy convencido, tiene que estar más al día que ninguna otra. Tiene que estar al día no tanto en cuestiones científicas y didácticas, que también, tiene que estar al día en la vida, porque vida es lo que aportan las generaciones y generaciones de alumnos que pasan a lo largo de la vida profesional de un docente. Y todas son diferentes, cada generación es parte de su tiempo, viene con unas expectativas distintas, afronta la vida de una manera peculiar, mientras nosotros, los docentes, parece que seamos los mismos, que estemos siempre ahí, inalterables, como esfinges que perduran en las puertas de entrada a una ciudad; y ellos, los alumnos, entretanto, pasando y pasando sin cesar, mostrándose cada uno tan diferente, tan único.

Hoy he hablado de lo importante que es que un docente no se descuide en estar al día en la vida, porque la vida es ese continuo que gira sin parar, que pasa ante nosotros sin avisar, a veces con alguna novedad inesperada, y ante ello se ha de estar preparado, aunque sea sólo como el reflejo noble de nuestra actitud.

martes, 8 de octubre de 2013

EL CRISTAL CON QUE SE MIRA

Los tiempos que corren nos empujan a la reflexión. Se han caído tantos tópicos y tantas certezas que nos parecían tan sólidas, que vivimos en una incertidumbre como no recuerdo desde hace mucho tiempo. Son tiempos en que el hombre se ha hecho más lobo para otro hombre, como no recordábamos en nuestro mundo occidental tan próspero, acomodado y protegido como nos lo habían vendido. Fuera de él sabemos que esto es corriente, porque en ese otro mundo disfrutan menos de los derechos humanos que a nosotros nos parecían tan inmortales.

Hace unos meses Antonio Muñoz Molina nos ofrecía sus reflexiones en Todo lo que era sólido sobre ese pasado que es tan sólo de hace unos años. Pensábamos que íbamos a ser eternamente ricos, que nuestros derechos habían derrotado a los poderes del mundo, que los partidos políticos trabajaban por nosotros, que nuestra seguridad como usuarios de una situación de bienestar nos permitía tenerlo todo… Pensábamos que la civilización había llegado a la cumbre en el disfrute de los bienes de la tierra y de las ventajas de la ciencia.

Hoy es Juan Vida quien reflexiona con la exposición El cristal con que se mira (Biblioteca de Andalucía, Granada) sobre lo que somos cada uno de nosotros y sobre esta sociedad de cartón piedra que nos habían vendido como el paraíso de las fuentes inagotables. Y que a poco que ha aparecido una de esas tormentas tropicales, que asolan las costas de las islas caribeñas, mexicanas o de cualquier otra desgraciada zona de azotes periódicos de la naturaleza más bravía, en forma de movimiento financiero, la ha hecho derrumbarse hasta desencantarnos y hacernos ver que ese mundo no volverá.

En esta exposición de Juan Vida asistimos a ese proceso reflexivo al que acudimos cuando el mundo se nos tambalea y no sabemos lo que hacer con él. Ahora que este mundo parece devastado por un ciclón que lo arrastra todo, y que ningunea a los seres humanos subidos en una barcaza cargada con más de quinientos inmigrantes cerca de la costas de Lampedusa, en los que parece no reparar nadie así que pasen veinte pesqueros, aun cuando zozobre hasta hundirse y mueran más de la mitad de sus ocupantes, ahora en ese mundo, quizá como consecuencia de esa devastación, no nos quede espacio para otra cosa que no sea la reflexión. Y es que el poder bronco y tirano se ha hecho demasiado fuerte.

domingo, 29 de septiembre de 2013

EL FRAUDE QUE NO CUENTA

La gente ha aclamado a Messi cuando entraba y salía del juzgado de Gavá. Lo han hecho como si llegara al hotel de concentración con su equipo. Sin embargo, no iba en ese plan, iba a presentarse ante un juez por fraude fiscal. Y esto, lo de incumplir como ciudadano ante el fisco, a la gente parece no interesarle. Incluso algunos llegaron a decir que no les importaba nada de ello, que lo sustancial era que es el mejor jugador, y con eso basta. Este sector de la sociedad está dispuesto a perdonarle un ‘desliz fiscal’ de millones de euros, como si estuviera eximido de sus obligaciones de ciudadano, en un alarde de sobreponer la idolatría a la racionalidad.

Ocurre algo parecido cuando a la gente no le importa votar a un alcalde impresentable, corrupto o que lleve a cabo operaciones urbanísticas y económicas de dudosa legalidad. Estos alcaldes (casi siempre respaldados por sus partidos porque les ganan elecciones) suelen hacerse eternos en las alcaldías. Es como si a la gente no le diera igual las maniobras para favorecer los asuntos turbios que se traen entre manos o las barrabasadas urbanísticas, y sólo les importara el arreglo de su calle o que le dejen hacer de tapadillo alguna obrilla en casa. Duda uno si lo que en realidad impulsa a estos ciudadanos es la esperanza pública de que si el alcalde se forra de dinero con su gestión a lo mejor algo pillamos los demás.

Ya sabemos lo que ocurrió con la Marbella de Gil y otros municipios de la costa andaluza, murciana, valenciana…, y también con los que no están en la costa. Algo que también pasa en las grandes ciudades (caso de la alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo) como en los pequeños municipios. Yo conozco un pueblo de mil quinientos habitantes donde había hace cuatro años un plan de construcción de viviendas en un terreno de tres millones de metros cuadrados (donde cabían varios pueblos como ese), en una operación urbanística en la que pululaban hombres trajeados con maletines que iban y venían. La crisis la frenó, que no el alcalde. Pero este sigue gobernando el pueblo, y va para veinte años.

Hay fraudes en la sociedad que parecen no contar, que no provocan el rechazo público, ni remueven esa ética pública que debería hacernos ciudadanos intolerantes contra la corrupción. Es como si hubiera un alarmante déficit de interpretación no sólo de la ética sino también de la estética en nuestra manera de entender la vida pública. Una dudosa permisividad donde lo único que se demuestra es que tanto a la moralidad como al sentido del civismo le cuestan bastante asentarse en el ADN de los españoles.

sábado, 21 de septiembre de 2013

EDITORIALES QUE NO SOBREVIVEN

Un libro representa la síntesis sublime de un pensamiento que pretendemos compartir. Pero detrás de él, antes de que el lector lo tenga en sus manos y se entre en ese diálogo cómplice de ideas y pensamiento, existe una tarea empresarial regulada por la ley de la oferta y la demanda, sin la cual ese diálogo sería imposible, al menos en tales términos.

Si digo que el mundo editorial es un negocio, creo que no estoy descubriendo nada que todos no sepamos. Nada se sostiene sin dinero y una editorial lo necesita para dedicarse a su tarea de publicar libros. Son pocos los editores, por no decir ninguno, que están en la industria editorial por el amor a los libros (que alguno habrá, sobre todo en las editoriales pequeñas, tampoco quiero ser tan tajante). Los editores es obvio que están para ganar dinero, pues esta es la manera más sencilla de mantener la vida de una editorial.

Como casi todo lo que se mueve en el mundo actual de la globalización la creación de grandes emporios económicos es la mejor manera, no sólo de sobrevivir, sino de dominar el mercado. El mundo editorial también está en ese proceso de concentración empresarial que vemos en la industria del automóvil, en la de las nuevas tecnologías o en la de los productos destinados a la alimentación. No estar ahí dentro, en un gran grupo, es quedarse en un estado de precariedad que te arrastra a sobrevivir con dificultades en un país de gigantes.

El proceso de concentración de la industria editorial no tiene marcha atrás. Y frente a ello, el responsable de una modesta editorial me hablaba, no sin cierto laconismo, de lo complicado que es mantenerse en el mercado. Las grandes marcas editoriales dominan el mercado del libro imponiendo su tiranía en precios, en medios y en presencia en las librerías, dejando a las modestas editoriales en la misma tesitura de debilidad que las grandes superficies y supermercados a las tiendas de barrio. No puedes conseguir que tu libro, me confesaba, esté en el escaparate o en lugar de privilegio de las librerías si los grandes editoriales exigen que los suyos se coloquen mucho más tiempo y en el lugar más visible. En tan difíciles circunstancias, el pequeño editor puede terminar por desaparecer.

Yo sé lo que es publicar en editoriales modestas que luego quiebran y desaparecen. Y que te dejan tu libro en la más absoluta orfandad empresarial, que no paternal, porque el autor, que es uno, sigue velando por él aunque sea en la intimidad.

Mi novela La renta del dolor a poco de publicarse (siete u ocho meses) se quedó sin editorial. Y otro tanto me ha ocurrido con La educación que pudo ser. Cerraron RD Editores y Editorial Zumaya. El nivel de decepción que uno alcanza cuando se entera de que ello ha ocurrido es tan grande que te deja fuera de juego durante algún tiempo. En mi caso me enteré de que ambas editoriales habían desaparecido bastantes meses después de que ello ocurriera. Y cómo es posible eso…, porque tienen la fea costumbre de comunicar poco con los autores, ni siquiera para decirles cómo van las ventas o felicitarlos por Navidad. Nadie de ninguna de las dos editoriales se dignó en comunicarme la circunstancia de su cierre al poco de producirse.

Ahora, repuesto del golpe, me he puesto manos a la obra en la reedición de La renta del dolor, y tengo la misma ilusión que cuando se publicó por primera vez. Pronto la tendremos publicada con aires renovados.

domingo, 8 de septiembre de 2013

LA MARCA ESPAÑA, NUESTRO PEOR ENEMIGO

A todo el mundo le gusta vender su mejor imagen. Y a España como país, también. Queremos que se sepa que nuestras ciudades son monumentales, que nuestra gastronomía es de sabores exquisitos, que nuestro modo de vida es magnífico, que tenemos zonas de recreo y expansión fabulosas en las zonas costeras…, poco más o menos lo que hace Grecia, Turquía, Croacia, Egipto o Marruecos. Y esto no está mal, hay que hacerlo, pero al tiempo que vendemos de modo consciente nuestras excelencias también vendemos otra imagen de España de manera inconsciente, es decir: toda esa cochambre maloliente que conocemos a diario a través de los medios de comunicación y que forma parte de la comidilla nacional e internacional.

La eliminación temprana de Madrid 2020, como candidata a organizar los Juegos Olímpicos, debe llevarnos a una reflexión profunda de cuál es la imagen que de España se tiene fuera.

Somos herederos de la mentalidad hidalga del siglo XVII, la del hidalgo vanidoso, petulante y aparente a cuyo servicio entró el Lazarillo de Tormes. Nos vendemos como potentados cuando nos falta mentalidad empresarial, de ahorro y capacidad de trabajo. Somos más ostentosos que laboriosos. Durante años se ha vendido un estado del bienestar (tanto la izquierda como la derecha) que nos ha hecho más acomodados, porque se nos daba todo hecho, muchas veces sin ganarnos con nuestro trabajo lo que disfrutábamos. Nuestra situación económica es la que es, con un sistema financiero intervenido desde las instituciones internacionales, con millones de parados, con una corrupción política que salpica por todos los rincones del país, con una lucha contra el dopaje de sainete, con un juicio por la Operación Puerto que fue el hazmerreir de medio mundo, deportivo y no deportivo.

En la votación de los miembros del COI (sin entrar a valorar cuál es la adscripción ética de sus miembros) han tenido una gran influencia esos escándalos políticos y económicos que se han trasladado a la esfera internacional (vox populi en el mundo civilizado): desde Andalucía a Cataluña, desde Valencia y Murcia a Galicia. Un Gobierno de España con sospechas fundadas de una financiación ilegal, una trama Gürtel que no sabemos si es antes de lo de Bárcenas o consecuencia de este asunto de los sobres, una banca intervenida, empresarios metidos en la cárcel, EREs, aeropuertos que no funcionan, trajes valencianos…, y mucho más. Nuestro aval de grandes deportistas que triunfan en el mundo en distintos deportes o los éxitos conseguidos por deportes de equipos masculinos y femeninos (fútbol, baloncesto, balonmano, waterpolo…) no ha sido suficiente.

En la mentalidad de nuestros gobernantes, cuando se piensa en clave de desarrollo económico, ha habido siempre un evento al que agarrarse: exposiciones internaciones, olimpiadas, pruebas deportivas, efemérides históricas, etc. Hemos hecho economía acudiendo a organizar grandes eventos deportivos, culturales…, buscando inversiones que eran pan para hoy y hambre para mañana, que sí, que nos adecentan y equipan un poquito, pero que no siempre repercutían en la consolidación de la estructura económica basada en una organización y funcionamiento sólidos. Los grandes países del mundo no basan sus economías en grandes eventos, estos son parte de su dinamismo social y económico, ¿o es que acaso Japón va a impulsar y sostener su economía en la celebración de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020?

Nuestra mentalidad provinciana necesita una catarsis. Quizá la que no se completó con el regeneracionismo tras la crisis del 98 en el siglo XIX, cuando nos apearon de aquella nube de potencia colonial, que no éramos, pero que creíamos serlo, y descubrimos un país anquilosado y atrasado. Necesitamos la catarsis que ni siquiera se ha producido en nuestra época democrática reciente, aun reconocimiento la transformación en positivo que ha sufrido nuestro país, porque tenemos una clase política y empresarial con vicios y hábitos del siglo XIX. Nos creemos el ombligo del mundo, y estamos donde estamos: en una periferia a la que le han sacado los colores con la crisis económica.

La auténtica Marca España es esa realidad que vemos a diario en los medios de comunicación y a nuestro alrededor. La misma que se conoce fuera, aunque parezca que nadie nos observa.

Hay una venda que no nos deja ver la realidad, que cuanto antes nos la quitemos mejor será para el país. Y que conste que nos hubiera gustado que los Juegos Olímpicos para 2020 hubieran venido a España, que para eso amamos y nos gusta el deporte.

viernes, 6 de septiembre de 2013

SER POLÍTICO O POLÍTICA SIN ESFUERZO, SIN CAPACIDAD Y SIN MÉRITO

En estos días la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, está dando la nota en Buenos Aires con lo de Madrid 2020. Aunque lo que se dice nota la lleva dando desde que ejerce el cargo.

Son conocidas sus dificultades para hilvanar un discurso en público o para responder a las preguntas de los periodistas en una rueda de prensa. Lo de improvisar no es lo suyo. Ella, como otros y otras, necesitan cobijarse en la seguridad de un texto que le han escrito y que se lo dan a leer.

Pero lo peor no es esto, lo peor fue esa forma burda, obscena y caciquil a través de la cual alcanzó ese cargo público. ¿Y por qué ella y no otro? Daría igual que Ana Botella tuviese un piquito de oro, lo lamentable es cómo fue elegida alcaldesa: aprovechando un movimiento de cargos (este se coloca aquí y deja hueco para el siguiente), es decir, sin haber dado la cara ante la ciudadanía en las urnas. O lo que es lo mismo: sin esfuerzo, sin capacidad y sin mérito. Para que luego hable la derecha de la falta de cultura del esfuerzo de nuestros alumnos en las escuelas.

Esto demuestra que cualquiera es colocado o colocada en un cargo de máxima responsabilidad con el único garante del dedo poderoso que en ese momento ostente el poder de hacerlo. Sólo tiene que estar al lado del caudillo y mostrar un servilismo total.

Lástima que esto ocurra en todos los partidos políticos.

lunes, 19 de agosto de 2013

REPRESIÓN EN EGIPTO: NO, NO Y MIL VECES NO

A mí no me gustaría que los islamistas me impusieran sus doctrinas y sus normas, que me hicieran un molde para mi manera de vivir y de pensar. La deriva del gobierno de Morsi parece que iba por ese camino: la de abortar las posibilidades democráticas de Egipto, la de extender, no sin imposiciones, el modo islámico de entender la vida hasta acabar generalizando la sharía. A mí no me gustaría vivir en un país donde no se puedan mostrar los pensamientos y la opinión de lo que acontece a mi alrededor. Como me pasaría en Cuba o Corea del Norte, como ocurre en China. Todo indica que esto es lo que estaba pasando en Egipto, a pesar de estar gobernando un partido que había ganado unas elecciones democráticas.

Va a hacer tres años en que se produjo el estallido del fenómeno de la ‘primavera árabe’. Obama pensó que había llegado la hora de hacer un lifting en todas las dictaduras de países árabes que, aun siendo un bastión aliado, afeaban la imagen por su falta de democracia. Entonces se dio el ‘impulso’ necesario para que se produjera el desalojo de esos incómodos dictadores: Gadafi, Mubarak, Ben Alí… En algunos casos la cosa fue rápida, pero en otros se ha enquistado de manera que no trae más que muerte y destrucción (fijémonos en Siria). Había que dar una mano de barniz democrático a todo ese mundo que provocaba repelús en Occidente, para que todo pareciera pasado por el tamiz de la noble democracia en países de cultura musulmana, sin necesidad de invadir un país (como lo hizo el torpe de Bush en Irak, entre otras razones).

Pero no se contó (supongo que sí, tan torpes no son, debieron calibrar el riesgo) con ese factor extremista al que se refería Vargas Llosa en su artículo de El País, “La quinta columna” (11/08/2013), representado por la creciente presencia en los movimientos revolucionarios de un sector islamista radical.

El caso más paradigmático, por su evolución, fue el de Egipto. Se derroca a un gran aliado, Mubarak, utilizando la impasibilidad de los generales de su Ejército, cuyo derrocamiento no hubiera ocurrido sin su consentimiento. Y llegaron las elecciones democráticas. Y ganó el partido de los Hermanos Musulmanes. Entonces Morsi formó gobierno y pasó lo que hemos apuntado al principio, generándose un molestar hacia este gobernante y la posterior posibilidad de apartarlo del poder. Para ello se recurre a una solución bastante común: un golpe de Estado por parte de los militares. Una solución más vieja que la peste.

No sé quien habrá instigado el golpe de Estado en Egipto. Si habrán sido sólo los militares, o habrá alguien que les haya empujado, ¿EEUU, tal vez? Pero lo cierto es que esta solución nunca es buena, porque el Ejército no es precisamente un poder demasiado democrático. Y ha pasado lo que tenía que pasar: una dura represión que está causando destrucción y centenares de muertos. Algo que nunca tiene justificación.

No, no y mil veces no al camino de la represión y la crueldad como modo de acallar las protestas. Es el recurso de los tiranos y de los que piensan que con el terror, al más puro estilo del fascismo, van a doblegar a los pueblos. Acaso los callen momentáneamente, pero no doblegarán sus sentimientos ni sus deseos. Y lo peor: crearán un sentimiento de resistencia que no sabemos hacia donde nos llevará en Egipto. Si a una guerra civil o a generar una dinámica terrorista que derive en continuas masacres de inocentes.

domingo, 11 de agosto de 2013

PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN Y LA CONJURACIÓN DEL SILENCIO

Hace unas semanas estuve en Guadix impartiendo una ponencia sobre Pedro Antonio de Alarcón en un curso de verano del Centro Mediterráneo de la Universidad de Granada, en calidad de biógrafo del personaje. El lugar de la celebración del curso es uno de esos rincones que atesora la ciudad de Guadix: la sede de la Fundación del Pintor Julio Visconti. Recomiendo la visita a esta ciudad, nadie saldrá defraudado.

El título de mi conferencia: “Pedro Antonio de Alarcón: una personalidad entre la controversia y la genialidad” me hizo adentrarme en la personalidad de este accitano ilustre que tan significado protagonismo tuvo en la España del siglo XIX. La vida intensa, apasionada y azarosa de Alarcón estuvo trazada en un decurso continuo entre aquel niño que se embelesaba con los secretos que escondía su ciudad natal y, en especial, la catedral y las bibliotecas de la ciudad; el adolescente que hizo sus primeros pinitos literarios en el Guadix melancólico y de paso vacilante que había dejado la guerra contra los franceses; y el impetuoso y arrogante provinciano que con firme convicción se trasladó a Madrid para ser periodista primero, político después y notable novelista más tarde. Aunque, para ser más exactos, siempre fue las tres cosas al mismo tiempo.

Entre todas las decisiones que tomó en su vida, quizá la que adopta al final de ella, y que le lleva a dejar de escribir, es la menos explicable. La madurez de ese tiempo debería haberle dado el necesario equilibrio para no adoptar semejante decisión ante la adversa crítica literaria hacia sus obras. Es posible que podamos explicar algunos episodios de su juventud por la propia inmadurez y la vehemencia en el modo de actuar de Alarcón, pero lo del final de su vida es un misterio que, sin desligarlo de la personalidad que exhibió en sus cincuenta y nueve años de existencia, sí sería una buena excusa para realizar un profundo estudio psicológico del personaje. Pensó que contra la publicación de La Pródiga (octubre de 1881), y las críticas anteriores a sus otras novelas, se orquestaba una total injusticia. Esto le llevó, cuando apenas contaba con cincuenta años, con inusitada exasperación y certeza a afirmar que contra sus obras existía la que denominó como ‘conjuración del silencio’.

Fuera esto cierto o no, o respondiera a una realidad imaginada por Alarcón, lo que sí es indiscutible es que aquel momento marcó un punto y final en su trayectoria literaria. ¿Quién lo diría?, él, que había sido azote de reyes, presidentes, ministros, políticos y literatos, sucumbía ahora ante un montón de palabras en su contra.

Es cierto que nuevas figuras empezaban a copar el panorama literario español de su tiempo (Galdós, “Clarín”, Pardo Bazán...), y que aportaban una visión nueva de la vida española trasladada a sus obras, pero el abandono de la pluma fue una postura excesivamente drástica y desmesurada para responder a esas críticas, cuando sabemos que su aceptación entre los lectores se mantenía en cotas muy elevadas (vendía más libros que nadie). Sin embargo, muchos de los que él consideraba enemigos ensalzaban sus dotes literarias y reconocían su mérito. Emilia Pardo Bazán se dirigía a él en 1882 para suplicarle que no dejara de escribir. Le decía: “¿Querrá usted que le rueguen? Pues véame ya con las manos juntas y suplicando no nos deje en tal desamparo [...] No tiene usted derecho para desertar”.

Pero Alarcón se veía a sí mismo ya bastante gastado: “Estoy viejo y enfermo —escribía el 8 de mayo de 1886— y, además, me he aplastado en mi casa, al lado de mi mujer y de mis hijos, y con media docena de amigos en prosa, jugadores de tresillo o de dominó, que ponen el grito en el cielo cuando les falto”.

¡Qué actitud más apática!, difícil de entender en un hombre que había derrochado vitalidad durante toda su vida.

domingo, 4 de agosto de 2013

LECTURAS PARA EL VERANO

Ahora que el calor del verano marca los ritmos de nuestra existencia, y la gente que puede escapa a la playa o a la montaña, mientras otros muchos se quedan en casa porque su economía no se lo permite, vemos que los periódicos suelen incluir esos relatos breves encargados ex profeso a escritores que despuntan. Se trata, según se dice, de relatos apropiados para una lectura rápida en verano sin muchas exigencias. Pero hay otra manera de llamar la atención sobre la lectura en verano, son las recomendaciones de las llamadas lecturas ‘refrescantes’ o de entretenimiento: historias de novela negra, de aventuras o de evasión. Hay tras ello, entre otras razones, una sana pretensión de estimular la afición a la lectura en esas personas que leen poco o, simplemente, no leen. Es como si se trasladara en verano una imagen de la lectura diferente a la de otras estaciones del año, como si en estas la literatura a leer fuese la más seria y en el estío no.

No sé por qué (o sí sé por qué) pero estoy en desacuerdo con esta visión ‘refrescante’ de la lectura justo en la época en que, tal vez, tenemos más tiempo para leer. El calor del verano también se combate con buenas lecturas. Alguna vez recuerdo haber preparado mis libros para el verano y no se me ocurría hacer distinciones entre lecturas de evasión y lecturas sesudas. Para mí todas las lecturas te evaden, te trasladan a realidades conocidas o desconocidas, y una vez sumergido en ellas carece de importancia la época del año en la que estés. En todas las lecturas hay una aventura por vivir, la que mejor se acomoda al gusto de uno mismo. ¿Por qué no se puede leer algo de lo recomendado en verano en invierno o primavera?

Este verano lo he comenzado con Rabos de lagartija de Juan Marsé, pospuesta su lectura tantas veces que me asombra ver cómo han pasado treces años desde su publicación. Nunca es tarde. Hace algunos días, en un curso de verano de la Universidad de Granada, estuve hablando de Pedro Antonio de Alarcón y me refería a su capacidad narrativa, a la intensidad de la narración en Alarcón, a su juego con el tiempo de la historia, a cómo desnuda a los personajes o al arte que exhibe en el uso de las palabras, y entonces de continuo me acordaba de Marsé. El arte narrativo de Juan Marsé es sublime. La facilidad para jugar con el tiempo y los personajes, sencillamente genial.

Rabos de lagartija es la novela con la que ganó en 2001 el premio Nacional de Narrativa. En ella la atmósfera está dominada por la tristeza y el desaliento de unos personajes atrapados por un tiempo gris y apático. La pelirroja, David, el desdichado Paulino o el inspector Galván son fiel ejemplo de ello. Y este último, especialmente, en una continua contradicción en la que parece pretender de modo incansable la búsqueda de su propia redención en un régimen policial brutal, del que es parte ejecutora, a través de un amor imposible. Y David o Pauli, dos aspirantes a adolescentes, despistados en la vida que les ha tocado vivir, que ven cómo han de madurar más rápido que lo hace su cuerpo. ¡Qué jodida realidad más triste vive esa gente!

Ahora me toca algo de ensayo: Todo lo que era sólido de Antonio Muñoz Molina y Los pilares de la ciencia de Miguel Artola (un historiador que ha sido clave en mi formación) y José Manuel Sánchez Ron. Después, o casi al mismo tiempo, según me pida el cuerpo, seguiré con Marsé. Sin olvidar ese otro tiempo que dedique a escribir, pues la novela que me ha llevado varias veces a tierras de Euskadi está cogiendo ya cuerpo, disipando las primeras dudas.

lunes, 29 de julio de 2013

DE LA SERPIENTE DE VERANO A LA TENIA DE VERANO

Este verano no está siendo como otros veranos. Hemos mediado ya la estación y la prensa no ha necesitado ninguna de esas noticias que llamamos ‘serpiente de verano’, salvo las futboleras con esos fichajes que sólo están en la mente de los redactores de la prensa deportiva. En estos días, incluso semanas, la actualidad no le da tregua para echar esa canilla al aire ‘inventando’ alguna historia curiosa de bajo perfil informativo, pero de notable impacto mediático. Digamos que ahora tiene todo lo necesario para rellenar los huecos que en otro tiempo resultaba difícil completar en los periódicos impresos o las páginas web.

Siempre están esos fijos de verano: una ola de calor sobre la que dar consejos para proteger la piel o hidratar los cuerpos, o la estrambótica vida de famosos para curiosear. Y otros, por desgracia, menos deseables: los incendios forestales o esos inoportunos e indeseados accidentes masivos. Sin embargo, este verano parece diferente. Tenemos, entre otros, banqueros que salen y entran de la cárcel, el caso Bárcenas de financiación ilegal de las arcas del PP y de los bolsillos de su cúpula dirigente, los ERE fraudulentos de Andalucía que siguen y siguen, y unas decisiones del Tribunal Supremo repartiendo un poco de vaselina y perdones a unos cuantos angustiados de distintos partidos, quizá para contentarlos a todos. Ya no está imputado Pepe Blanco por el caso Campeón, ni Jaume Matas tendrá que ir a la cárcel por una de esas ‘cosillas’ del caso Palma Arena. A todo esto se ha sumado lo de las primarias ‘non natas’ del PSOE de Andalucía, como una muestra inequívoca de que cuando un problema se quiere resolver con eficiencia para qué contar con tanta gente.

Incluso ha aparecido una reciente sorpresa: la afiliación al PP del presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Pérez de los Cobos, cuando ha tenido que dirimir con su voto algún asunto sobre personas de ideología contraria o recursos judiciales presentados por partidos de la oposición. Como veis, poco margen para el aburrimiento y mucho donde elegir para llenar páginas y páginas.

Ya no hay ‘serpientes de verano’ como las de antes (algunas hasta eran divertidas) que permitían a uno, llegado septiembre, encontrarse descansado y con energías renovadas para afrontar el nuevo curso, porque no nos abochornaban y no nos hacían sentir vergüenza social ajena como estas indecencias que nos atropellan a diario. Ahora quizá sea más apropiado hablar no de ‘serpiente de verano’ sino de otra figuración de longitudinal cuerpo, acaso más peligrosa: ‘tenia o solitaria de verano’, pero con alcance interestacional.

El organismo democrático de nuestro país está infectado por algo parecido a una solitaria que está sorbiendo el ánimo democrático de los ciudadanos. Nuestra democracia está mostrando todos los síntomas de la infección parasitaria: extremada delgadez democrática, captación de nuestros nutrientes morales y éticos por el parásito y una piel externa con una impostura triste y demacrada. Mientras que algunos de sus segmentos o proglótidos siguen desprendiéndose con el riesgo de continuar infectando organismos aún sanos. Afortunadamente otros segmentos están siendo desprendidos para eliminarlos por la encomiable lucha de la ciudadanía, en pro de evitar en lo posible que sigan esquilmando la democracia en su totalidad. Si bien, desgraciadamente, la parte más dañina de esta solitaria, la cabeza o escólex, continúa sometiendo a la democracia a un continuo estado de choque y debilitamiento.

Cuando nuestra democracia estuvo en fase embrionaria en algún momento de su desarrollo algo debió atrofiarse para llegar hasta donde hemos llegado. ¡Cuánto nos estamos lamentando de ello!

domingo, 21 de julio de 2013

WERT: FRACASARÁ TU REFORMA

Seis personajes en busca de autor es la obra de Luigi Pirandello en la que un grupo de personajes irrumpen en el ensayo de una pieza teatral buscando un autor que se ocupe de escribir su drama. Los personajes habían quedado desvalidos, huérfanos, desprovistos del marco donde desempeñar sus papeles, fuera de cualquier dimensión espaciotemporal, ningún autor había escrito el texto que debía conformar el contenido de su historia. Con esta cita me refería en La educación que pudo ser a los problemas que tuvo la LOGSE en su implementación (a pesar del gran consenso que aunó) para encontrar los ‘autores’ (los artífices) que la llevaran a la práctica en las escuelas y en las aulas, ese profesorado que la asumiera como suya, sobre todo en Secundaria. No encontró artífices suficientes, y esto se convirtió en uno de los obstáculos para su desarrollo pleno. Aquella ley, en su filosofía, venía a propiciar una nueva orientación de la educación, a adaptarla a las exigencias de la sociedad democrática de la España de entonces, pero las dificultades para hacerse realidad en las aulas menoscabaron el gran corpus de pensamiento que la avalaba. Fueron bastantes sus detractores, hasta que terminó convertida en injustificado sinónimo de fracaso cuando el paradigma de la eficacia y los enfoques empresariales y economicistas se fueron imponiendo en la educación con el inicio del siglo veintiuno.

Ahora se presenta una nueva reforma educativa (otra más) impulsada en esta ocasión por el Partido Popular y, en su nombre, por el ministro José Ignacio Wert. Mucho me temo que estemos frente a una situación semejante a la que suscita el drama de Pirandello. Uno de los grandes errores de quienes han impulsado reformas educativas en España es no haber caído en la cuenta de que los que las harán buenas o malas son los centros educativos y los que trabajan en ellos. Wert se ha empeñado en hacer una reforma contra viento y marea (contra todos), en la que poca gente está implicada, salvo algunos poderes fácticos con intereses a veces poco confesables. Sin embargo, no están implicados los que han de ser los auténticos artífices de la misma: el profesorado, ni tampoco otros apoyos sociales y profesionales que puedan remar a su favor. Wert ha adoptado el papel del fanático McEachern, el personaje creado por William Faulkner en Luz de agosto, empeñado en que su hijo adoptivo Joe Christmas aprendiera el catecismo a latigazos. Parece mentira que nuevamente se caiga en el mismo error que en reformas anteriores. Quizá esto tenga su lógica, aunque no deja de ser una torpeza. La lógica de quienes asumiendo un cargo de responsabilidad creen tener el mundo bajo sus pies y se consideran salvadores del desastre, obviando todo lo que se ha hecho hasta ese momento, como si ya no sirviera de nada. Es el mal de la obsolescencia en educación.

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sábado, 13 de julio de 2013

UN LIBRO Y UNA PLUMA PARA CAMBIAR EL MUNDO

En defensa del reino del hombre y su justicia Blas de Otero pedía la paz y la palabra. Para cambiar el mundo Malala ha pedido en la ONU un libro y una pluma.

Hace menos de un año supimos del bárbaro atentado que sufrió esta chica paquistaní a manos de los talibanes por querer ir a la escuela. Fue un acto vil que demostró el miedo que muchos tienen a la educación de las personas y de los pueblos. Hay quienes prefieren la ignorancia al saber y al conocer, y desean la sumisión a la capacidad de entender, valorar y criticar.

Hoy Malala ha estado en la sede de Naciones Unidas para hablar de ella y del deseo de saber y conocer que una vez quisieron sesgarle acabando con su vida. En este foro mundial ha pedido que se invierta más en educación, y lo ha expresado con sencillez: “Un niño, un lápiz y un libro pueden cambiar el mundo”. Y también ha dicho: “La educación es lo primero”. Una frase que estamos acostumbrados a escuchar tantas veces en política, y casi siempre con un falso tono de aparente franqueza, pero que escuchada en la voz blanca y limpia de Malala ha sonado transparente y sincera.

Malala ha tomado la palabra en la ONU para ensalzar la educación y hacernos ver que es el camino. Y esto dicho por una niña perteneciente a un país donde la discriminación y la precariedad en la educación son moneda corriente (y por alguien que ha arriesgado su vida por ejercer ese derecho, no lo olvidemos) suena con aire rotundo y convincente, como si fuera un aullido entre tinieblas. Sus palabras se han percibido como el resplandor necesario para que de una vez por todas nos ocupemos de los millones de niños y niñas que no van a la escuela o reciben una educación escasa.

Ella no tiene más que la palabra para defender la educación, no dispone de otros medios, salvo esa experiencia vital tan atroz. Aun cuando hubiera perdido su vida no le habrían arrebatado la palabra, porque su muerte hubiese proclamado un mensaje claro a favor de una causa imperecedera. Pero afortunadamente le ha quedado la vida para poder ejercer ella misma la palabra, y para levantar la voz por la educación en el mundo y defenderla como un derecho. Igual que nos queda la palabra en los versos de Blas de Otero: “Si he perdido la vida, el tiempo, todo / lo que tiré, como un anillo, al agua, / si he perdido la voz en la maleza, / me queda la palabra”.

Malala no ha pedido más que un libro, una pluma o un papel para cambiar el mundo. Cuánta grandeza hay en las cosas simples y pequeñas, esas que en nuestra sociedad de consumo asilvestrado nos parecen tan poco, olvidando que la verdadera revolución nace siempre del espíritu. Bien haríamos, con detenida reflexión, en pensar en lo dicho por Malala, seguramente entenderíamos mejor lo importante que es mimar nuestra educación.

viernes, 21 de junio de 2013

BRASIL: LA CONCIENCIA MÁS ALLÁ DEL FÚTBOL

Brasil es una potencia emergente. Su economía ha crecido en los últimos diez años hasta convertirla en la séptima potencia mundial. Crecer económicamente, aumentar el PIB o cualquier otro índice macroeconómico, no es siempre (por no decir casi nunca) sinónimo de justa distribución de la riqueza. Y en Brasil las desigualdades siguen estando muy acentuadas, a pesar del empeño (y los logros) que puso Lula da Silva por acabar con la pobreza extrema en este país.

De Brasil nos llegan muchas imágenes que son como clichés: el fútbol, el carnaval de Río, las favelas, su riqueza natural, su música, las chicas, la diversión playera… Pero hasta ahora no nos había llegado una reacción social de protesta colectiva como la que estamos viendo estos días. Ha venido a coincidir con la celebración de la Copa de Confederaciones de fútbol. En Brasil el fútbol es como una religión. La población lo vive con pasión. Y ahora que tienen este acontecimiento mundial cabría pensar que su población estaría pensando sólo en su selección y en los partidos del torneo. Es cierto que el fútbol adormece a los pueblos, pero esta vez el estallido social ha demostrado, en un país con ese fervor por este deporte, que existe una conciencia social indómita.

Organizar un evento deportivo, y a Brasil se le acumulan (Copa de las Confederaciones, Mundial y Olimpiadas), requiere inversiones monstruosas en equipamientos deportivos y también en infraestructuras (carreteras, autovías ferrocarril…). Estas últimas quedarán para el servicio de todo el país, pero las deportivas sólo para el disfrute de los que asistan a acontecimientos deportivos. ¿Se trata quizá de un lujo excesivo en los tiempos que corren? Los que se manifiestan así lo creen.

En Brasil la gente se ha tirado a la calle, claman contra la corrupción y reclaman hospitales y escuelas. La crisis económica está despertando muchas conciencias que durante décadas el espejismo consumista fue adormeciendo, muchas veces con la anuencia de los poderes públicos. En estas protestas, como ya ocurriera en España con el 15-M, se está desvelando también una fuerte aversión hacia la política y los que la representan. El descrédito político es un elemento consustancial a casi todos los movimientos que se han generado en los últimos dos años por el mundo.

Quizá la crisis, aparte de tantas penurias e injusticias como causa, haya traído también una revitalización de la conciencia social y ciudadana. Y que esta indignación que vemos en Brasil, que hace unos días estaba presente en Turquía y hace más tiempo en España, abra una época nueva en la toma de conciencia de una ciudadanía que ahora sea más difícil manipular a través del engaño consumista o la organización de un campeonato de fútbol.

¿Estaremos asistiendo acaso a un cambio de tendencia en la conciencia social de los ciudadanos que marcará una nueva época después del paréntesis posmodernista?

lunes, 17 de junio de 2013

MIRADAS

Mi última visita al Museo del Prado estuvo impulsada por la búsqueda de respuestas. No sabía bien a qué, pero necesitaba respuestas. La mañana estaba soleada. Se agradecía después de ese tiempo tan fresco dispuesto a no abandonarnos. En Madrid me ocurre lo mismo que en Granada: un recorrido por determinadas calles me alienta el espíritu. Es como si me susurraran al oído. Pero esta vez las respuestas a las incertidumbres que nos asaltan, en esta sociedad desvalida que ha visto estallar muchos de sus referentes morales, éticos o sociales por los aires, es difícil encontrarlas en los pasos acumulados, atropellados, asentados en los adoquines o el acerado de las calles.

La política me está provocando cada vez más repulsión. Hace años la concebía como un instrumento para cambiar lo que todos deseamos que cambie a nuestro alrededor: todo eso que resulta cochambroso y obsceno. Si no estás en política difícilmente podrás cambiar las cosas, pensaba entonces. Fuera de ella, si no estás organizado en un grupo que adquiera relevancia y fuerza podrás cambiarte a ti mismo, tus actitudes, tu relación con los demás, pero será imposible que cambies ese monstruo informe, egocéntrico, que se mantiene inalterable, aunque cambie de color, y que sólo busca perpetuarse.

¿Y por qué al Museo del Prado? Porque allí está parte de esa historia de la humanidad que se refleja en los rostros inmortalizados por los pintores. Rostros de mendigos disfrazados de santidades eremitas, reyes y príncipes que exhiben una ufanidad desmedida, rostros colectivos que muestran costumbres relajadas, lienzos plagados de universos humanos queriendo expresar todo lo que es el hombre, y hasta rostros que no ocultan los miedos que dominan la burda naturaleza de los hombres. Allí se perciben miles de miradas de otro tiempo, las que se dibujaron y las que no quedaron inmortalizadas, pero que si nos fijamos también están ahí. El Prado está plagado de miradas que nos escrutan a nosotros y a nuestro tiempo, como si pretendieran un ‘quid pro quo’ a la incesante disección que nosotros hacemos sobre ellas y sus poseedores. Es como si dijeran: “Nosotros estamos aquí, nos miráis, pero también nosotros nos estamos fijando en vuestra mirada, y no nos gusta lo que vemos”. Seguro que lo que ven también refleja la tristeza, la alegría, el desasosiego, la injusticia social, la miseria, el miedo…, lo que no hace tan distinta nuestra existencia a la ellos. Y además nos dicen: “No sois diferentes porque viváis en un mundo que se ha colmado de comodidades y tecnología. Vosotros estáis poseídos como nosotros de ese alma humana que nos hace iguales y atormentados”.

Entre tanta mirada fue la del gigante filisteo decapitado, en el David vencedor de Goliat de Caravaggio, la primera que me atrajo porque todavía miraba con violencia. Después me fijé en la de Judit en el banquete de Holofernes de Rembrandt, y me extrañó esa serenidad apacible, distraída, como si su mirada estuviera puesta en otro lugar al ofrecimiento de la joven que le aproxima la bebida en la caracola de un nautilus. Y luego vinieron todas las miradas que compuso el pincel de Goya, incluso la suya propia (potente y huidiza) en contraste con la vulnerabilidad y fragilidad que se advierte en el rostro del pintor.

Hasta que me topé con la mirada de la Venerable madre Jerónima de la Fuente de Velázquez. Y pensé: “Esa mirada era la que estaba buscando”. Nada tiene que ver, salvo que es una mirada humana, con las que Goya refleja en La familia de Carlos IV (miradas pusilánimes, cobardes, interesadas) o en El aquelarre (sacadas del tormento de la mente humana). Esta monja franciscana, con fama de santidad antes de iniciar su viaje misional sin retorno a Filipinas, se pone bajo la pincelada de Velázquez para que nadie olvide la firmeza y la dureza de su mirada inquisitorial, que penetra punzante en el espectador, acompañada de la intransigencia que se aprecia en su boca apretada, como si pretendiera decirnos que toda la razón está en ella y que está segura de lo que predica. Y, para ello, sostiene la cruz con la mano derecha, agarrándola con codicia. Es la mirada que no se relaja, inquisitorial, acusadora, tan corriente en los tiempos que vivimos.