martes, 29 de agosto de 2023

INDEPENDENTISMO DE SALÓN*

 


Mira que me he resistido, pero ya se sabe, cuando todo el mundo habla de lo mismo, ese chismorreo del mes de agosto, mi inicial firmeza de no referirme a ese señor que un día se tiró al monte, haciendo honor a su apellido, se ha doblegado. Creo que ya habrán adivinado de quién se trata. ¡Para qué mentar la bicha, así, de sopetón!

Cataluña ya no es lo mismo que era en la época dorada de Pujol y Mas, tan generosos ellos con Madrid, todos adulándolos, y sus bolsillos repletos. González, Aznar, Zapatero y hasta Rajoy, antes que le dieran el susto del ‘procés’ y echara mano del 155, que apoyó Sánchez, no lo olvidemos. Ahora Cataluña es otra cosa: ya no pide dinero, quiere amnistía y referéndum de autodeterminación. ¡Lo que ha cambiado la vida, ¿verdad?!

Pronto se cumplirán seis años de uno de los episodios más graves de nuestra democracia: la declaración de independencia de Cataluña. Y añorando a Lorca, aquellos ojos míos de 10 de octubre de 2017 vieron cómo se proclamada la república catalana como “Estado independiente y soberano, de derecho, democrático y social”. Aunque tan efímera que antes de cumplir un minuto de vida fue suspendida motu proprio. Desde ese momento el independentismo iniciaba un declive que aún persiste, a pesar de tantos pataleos en años sucesivos, algunos de violencia extrema con las acciones de los Comités de Defensa de la República. A día de hoy, las hostilidades entre los independentistas, atacándose mutuamente, y la supuesta unidad entre Junts y Esquerra es una entelequia

Como fiera herida, el independentismo es capaz de soltar zarpazos para defenderse. Ellos no creen en la independencia, solo la utilizan para meter miedo y amortiguar la frustración de los que todavía creen que es posible. En las últimas elecciones generales, las fuerzas independentistas con representación parlamentaria se situaron, en número de votos, como cuarta (ERC) y quinta (Junts), con un total de 855.517 votos, frente a las opciones de partidos de adscripción nacional (PSOE, Sumar y PP), cuando en 2019 fueron la primera (ERC) y la tercera (Junts), con un total de 1.405.084 votos. De una a otra elección han perdido 549.567 votantes. 

El nacionalismo como doctrina y movimiento ideológico, político y social, todos los nacionalismos, de la estirpe que sean, promueven la exclusión del otro, del sector de la población ajena a su órbita ideológica, son insolidarios y antidemocráticos. El siglo XX es un muestrario de tristes y, a veces, sangrientos conflictos a los que ha dado lugar. Quienes tenemos una visión universalista de los pueblos, detestamos el nacionalismo, lo consideramos un mal retrógrado que no trae más que discriminación, injusticia social e insolidaridad entre los pueblos. Respetamos la diversidad de los pueblos, pero no las posturas excluyentes.

El nacionalismo catalán siempre ha jugado un papel relevante en los Gobiernos de la democracia, excepto cuando alguno de los partidos hegemónicos conseguía mayoría absoluta. La derecha catalana ha pasado de ‘colaborar’ con los Gobiernos de España, a cambio de sustanciosas inversiones en Cataluña, y de moverse a sus anchas desplegando una red de corrupción bajo la vitola de la impunidad (‘pujolismo’, 3%, contratos ilegales, saqueo del Palau…), a posicionarse como bandera del independentismo más radical, superando a la izquierda catalana, que siempre se ha mantenido en sus postulados, gusten o no, con cierta coherencia.

El sostenimiento del Gobierno de Sánchez en los pasados cuatro años es evidente que ha despertado un sinfín de interpretaciones. Pero quizá habría que reparar que, con él, el independentismo ha estado más sujeto que nunca y se ha debilitado notablemente. Los proponentes del ‘procés’ pasaron en su mayoría por el banquillo de la justicia, sufrieron pena de prisión, se les rebajaron las penas y sus posturas delirantes se han amortiguado.

Solo queda el que se tiró al monte y algunos adláteres, que patalean porque tienen miedo a caer bajo la acción de la justicia. Sí, el prófugo Puigdemont. Bélgica y las artimañas europarlamentarias han frenado las órdenes internacionales de detención y extradición dictadas por el juez Llarena, ahora frenadas hasta tanto no se pronuncie nuevamente la justicia europea sobre la inmunidad de los fugados. Demasiados impedimentos, algunos de dudosa correspondencia entre países democráticos. 

Las exigencias de amnistía y referéndum de Puigdemont, no compartidas por los sectores más moderados de la derecha catalana, son una huida hacia adelante. Movido por el egoísmo personal, e importándole un bledo el independentismo que una vez defendió con vehemencia, trata de salvar su pellejo con perdones y cosas así. No quiso ser un traidor en la declaración de independencia de 2017, un estigma que le hubiera perseguido toda la vida, pero terminará compareciendo ante los jueces. En estos días los juristas prodigan opiniones versadas sobre la constitucionalidad o no de la amnistía.

La cobardía de Puigdemont es manifiesta. Junqueras permaneció en España dando la cara, mientras que el expresidente de la Generalitat huyó. Como le acucia que lo metan en la cárcel, el resultado de las elecciones generales le ha dado vida política para medrar. Su discurso está plagado de palabrería e inconcreciones, intentando forzar la situación hasta ver si consigue algo.

Hoy, nuevamente en otra madrugada calurosa, esta vez amortiguada por una brisa marina que trae tanto sosiego al contemplar el amanecer de un mar tranquilo y sereno,  lanzaré un brindis al sol naciente: “Puigdemont, entrégate ya, no escurras más el bulto, sé valiente como los otros que permanecieron dando la cara”.

 *Artículo publicado en Ideal, 28/08/2023

lunes, 14 de agosto de 2023

LAS OLAS DE CALOR*


 

Los veranos de antes tenían sus serpientes de verano. Ya ni siquiera los fichajes del mundo del fútbol, con noticias nuevas cada día, nos sirven, y mira que ponen empeño los periodistas deportivos por trastear en esos fichajes de Mbappé, Dembélé o Ramos, e ‘ilustremos’ con tantas noticias alrededor de ellos o de sus novias en bikini, bronceándose en las playas de Ibiza, ¡que todo vale!

Adiós a las serpientes de verano, ahora se estilan las olas de calor, capaces de abrir telediarios, informativos de radio y portadas de la prensa. Lo del cambio climático nos tiene desconcertados, tiene tantos sesudos defensores como detractores. No sé si nos hemos vuelto unos quejicas incapaces de soportar este ‘calorcillo’. Como pasará cuando llegue el frío. Anda que no me acuerdo de aquellos veranos, cuando las cigarras no paraban de cantar; o de los inviernos, cuando nos tirábamos con un plástico por una pendiente helada.

Seguramente el efecto más pernicioso de las olas de calor para nosotros sea que se nos ‘derrite’ el cerebro, como le pasa a los glaciares del planeta, a poco que no nos pongamos una gorra, sombrerito de paja o una pamela. Menos mal que tenemos la tele, la radio o el periódico para que nos den consejos de cómo combatir las olas de calor. Que dicho sea de paso, hay que agradecer.

El verano tiene muchos beneficios para nuestro organismo. También para nuestro cerebro. “A más horas de sol, mayor producción de serotonina, lo que afecta positivamente a nuestro estado de ánimo. La luz solar estimula la producción de la conocida como ‘vitamina del sol’, la vitamina D, con múltiples beneficios para la salud”. Aunque no todo son alegrías, y es que a partir de los 40ºC nuestro cerebro no funciona correctamente (a veces, ni siquiera hace falta tanta temperatura para ello). No lo digo yo, que soy un mero ‘opinador’, lo dice José Ángel Morales, doctor en Neurobiología e investigador del Departamento de Biología Celular de la Universidad Complutense de Madrid. Que para eso he mirado internet, para documentarme. Y es que los seres humanos somos homeotermos; así, como suena. De modo que gracias a nuestro hipotálamo, región del cerebro que regula la temperatura, somos capaces de mantener una temperatura constante de unos 37ºC, independientemente de la temperatura ambiental. Pero cuando el cuerpo alcanza altas temperaturas, el hipotálamo deja de funcionar correctamente y no controla nuestro sistema natural de enfriamiento: la transpiración. Y se puede sufrir un golpe de calor, se altera la atención, el equilibrio o el sueño. Vamos, que pasamos al estadio de ser un puro desastre, porque en nuestra comunicación cerebral los impulsos nerviosos tardan más en propagarse, y nos volvemos más lentos, “más cansados y apáticos. Todo esto afecta a nuestro estado de ánimo, causando irritabilidad y confusión”. 

Da miedo saber qué nos pasa en una ola de calor. Así han venido este verano tantos efectos perversos, despertando el lado más malévolo de nuestro instinto animal (varios asesinatos de mujeres por violencia de género) y dándonos por matar a gente famosa. En qué estaremos pensando, queriendo ‘asesinar’ a José Luis Perales o a Fernando Savater. Ni la música ni la filosofía las respetamos. ¡Las ganas que tenemos de que la gente muera!

En la política, que sigue siendo tan ‘esaboría’, como cantara nuestro juglar del pueblo andaluz, el siempre recordado Carlos Cano, la cosa también pinta mal. Sánchez nos puso unas elecciones generales en plena ola de calor, y así hemos votado, bajo el efecto distorsionador del calor que arrambló con la poca sensatez que quedaba en nuestra mente. ¡Está como para llevarla al psicoanalista Jesús Ambel!

Y ahora, entre pactos de gobiernos autonómicos y constitución del Congreso, no digo nada de la futura formación de Gobierno, no estamos para tantos líos ni para otras gaitas, y es fácil que nos engañen como a incautos palurdos.

Este Sánchez tiene una mente tan perversa que todo lo ideó para urdir, con nuestro cerebro a medio derretir, el plan perfecto para destruir España entre nacionalistas, ultranacionalistas, comunistas, independentistas, etarras, prófugos en Waterloo y otros especímenes que andan sueltos. Sánchez el Perverso, así puede pasar a la historia, o Sánchez el Destructor, que también podría ser.  No sé cómo hemos estado los españoles para impedir que sean Feijóo y Abascal quienes nos gobiernen, tan constitucionalistas como son. Bueno, lo de Vox constitucionalista chirría un poco. Este partido habla de acabar con el Estado de las Autonomías, recogido en la Constitución.

Esto de tener que escribir un artículo tan largo, como me autoimpongo, es parte de la ola de calor, que también debe afectar a mi cerebro, porque ya no sé qué más decir. Menuda nochecita con 26ºC, como para no tener esos síntomas a que se refiere el doctor Morales.

No se me ocurre nada mejor para terminar, que recurrir a Federico. Así que tiraré en esta noche de insomnio, en el momento de dar paso al alba, cuando el silencio maquillado por el frescor de la madrugada da una tregua salvadora hasta rescatar una pizca de lucidez que me devuelva a la realidad, del poema lorquiano Alba: “¡Qué haré yo sobre estos campos / cogiendo nidos y ramas, / rodeado de la aurora / y llena de noche el alma! / ¡Qué haré si tienes tus ojos / muertos a las luces claras / y no ha de sentir mi carne / el calor de tus miradas!”.

 * Artículo publicado en Ideal, 13/08/2023

 

lunes, 31 de julio de 2023

GANA LA DEMOCRACIA, PIERDEN LOS POLÍTICOS*

 


Terminó la campaña electoral, sabemos el resultado de las elecciones generales y que los políticos están contentos, uno más que otros, pues algunos vendieron la piel del oso antes de cazarlo. Y eso, en una política tan cortoplacista, es un craso error, pues en un santiamén te sacan los colores, si es que el aludido tiene la virtud de ruborizarse.

El pasado 23J la democracia ganó, no los políticos. Las elecciones celebradas reflejan lo que los españoles quisieron en su mayoría. Para eso sirve la democracia. Han pasado cuatro años desde las anteriores, España no se ha hundido, ni tampoco se ha hecho añicos. Su solidez, a pesar de tantos defectos y enemigos que la rondan, y lo mal que la tratamos, ha vuelto a prevalecer. Como antes ocurrió en las elecciones andaluzas o en las municipales. Y respetamos sus resultados. ¿Verdad que sí?

La campaña electoral nos ha hecho tragar no pocas insolencias, mentiras amparadas en rostros imperturbables o el ninguneo a los ciudadanos, tratados como ignorantes y mera mercancía autómata que solo sirve para depositar un sobre en una urna. 

España es un país que respeta la pluralidad territorial, que da cabida a muchas opciones políticas, sociales e individuales, que mira con ilusión seguir defendiendo los derechos y libertades alcanzados, que quiere respetar la memoria democrática de esos periodos lacerantes de su historia, que aspira a potenciar la justicia y la verdad. Es un país que no quiere retrocesos en todo lo conquistado socialmente, que abomina del ruido, venga de donde venga, y el odio que altera la convivencia.

Pero en estas elecciones los políticos han vuelto a dar un infausto ejemplo a la ciudadanía, todo lo contrario a lo que la escuela explica a las jóvenes generaciones. Nefasto ejemplo que no repara en nada. Como si se quisiera advertir que esto es lo que les espera cuando sean adultos, que lo que les enseñan en la escuela es mejor que cuanto antes no le hagan ni puñetero caso. No quisiera que las nuevas generaciones despertaran a la sociedad bajo la impronta de la mentira, la insidia, el odio o la ausencia de respeto.

Durante la campaña electoral he estado con un oído puesto en los debates, mítines y entrevistas; y, el otro, atento a la corrección de las pruebas de mi próximo libro: La sociedad que (des)educa. Parábolas para los tiempos que corren, un ensayo sobre esa contradicción entre los valores que enseña la escuela y los que emanan de la sociedad, a los mismos niños y jóvenes que recibimos cada día en colegios e institutos.

El debate a dos de Atresmedia, entre Sánchez y Feijóo, fue un bochornoso espectáculo de lo que no es un debate: continuas interrupciones, falta de argumentos, mentiras sobre datos, falta de respeto mutuo... En la escuela no enseñamos esto, los debates que se promueven entre estudiantes están presididos por el respeto, la oratoria y la dialéctica, esa que define la RAE como el “arte de dialogar, argumentar y discutir”, y como el “método de razonamiento desarrollado a partir de principios”. El cara a cara no tuvo nada de dialogo y discusión “para descubrir la verdad mediante la exposición y confrontación de razonamientos y argumentaciones contrarios entre sí”.

Una periodista, Silvia Intxaurrondo, dejó en evidencia a Feijóo, mientras mentía descaradamente. Confieso que en ese momento se reafirmó mi convicción de que hay periodistas honrados con su profesión. La sociedad los necesita, no a los ultramontanos y sumisos que defienden los intereses de poderes fácticos o líneas ideológicas de medios de comunicación, que se olvidan del código deontológico de una profesión tan necesaria en una sociedad democrática, para que ayuden a desmontar tantas noticias falsas y relatos interesados y fraudulentos.  

Los ecos de la campaña electoral no han pasado. El mal ejemplo propagado a la sociedad española, niños y jóvenes incluidos, quizá interiorizado por muchos de ellos, entendiendo que así han de comportarse cuando sean adultos, lanza el mensaje de que las enseñanzas de la escuela son una solemne tontería, que lo importante es esa manera de proceder en la vida y que la verdad no tiene ningún valor, solo lo que nosotros queramos decir y hacer.

Una campaña electoral no se puede hacer a cualquier precio, como si fuera parte de un espectáculo necesario, dictado por argumentarios de asesores malévolos y malintencionados. La trampería de mentiras, comentarios machistas, desprecio hacia homosexuales, inmigrantes…, no es admisible en una sociedad democrática. Ni atacar a mujeres candidatas como expertas en maquillaje o vestidas con retales de Dior. La moda y el cuidado personal no están reñidos con la inteligencia. Los hombres también nos cuidamos.

Vosotros, políticos, luego hablaréis de mejorar el sistema educativo para llenarlo de educación en valores, respeto y buena ciudadanía. Perdonad, pero os alcanza una ruindad rayana en la maldad y la perversión, que hacéis de la sociedad en la que vivimos un espacio de convivencia irrespirable, de insidias hacia quien no piense como vosotros y promotores de conductas execrables.

La búsqueda de modelos a seguir no es privativa solo de niños y jóvenes, también es de adultos. Victoria Camps (Creer en la educación) dice que todos buscamos modelos y nos identificamos con ellos; sin embargo, la influencia no igual en todos: “los adolescentes están más indefensos, tienen menos capacidad de distancia y de crítica para distinguir lo que puede ser imitado y lo que no debe serlo.”

Los menores son miembros de esta sociedad, no lo olvidemos.

 * Artículo publicado en Ideal, 30/07/2023

lunes, 10 de julio de 2023

LOS MUNDOS INFINITOS DE LORCA*

 


A Federico García Lorca se le ha buscado de todas las maneras que imaginar se pueda. Desde que quedó sepultado en el barranco entre Víznar y Alfacar, Granada, el mundo, no ha cejado en el empeño de encontrarlo. La búsqueda de sus restos óseos quizá sea lo menos importante; el universo lorquiano, su legado, su obra, compuesta de mil constelaciones, es lo fundamental.

Biografiar a Lorca, zambullirse en tantos rincones de su vida, secretos o furtivos, ha sido una constante en los últimos ochenta años. Es otra de manera de que perviva su memoria. En ese seguir las huellas que fue dejando por tantos lugares que alguna vez lo vieron deambular, los amores que marcaron su vida, la relación de amistad y correspondencia con personas queridas, nos ofrecen otra visión para hallar al Lorca más íntimo, más humano, el que construyera el universo de emociones capaz de subyugarnos. Aquellas amistades con Pepín Bello, Dalí, Buñuel, o las de mayor pasión amorosa con el propio Dalí, Emilio Aladrén, Philips Cummings, Rafael Rodríguez Rapún, Eduardo Rodríguez Valdivieso, hombres amados más jóvenes que él, nos dan el pulso de su perfil más humano. Como la colaboración artística y de acerada amistad con Manuel de Falla, o los innumerables viajes por el mundo, que ensancharon su horizonte vital, ansioso de huir de tantos espacios minúsculos y asfixiantes.

En esa constante búsqueda de Federico es donde podemos inscribir Los mundos infinitos de Lorca (Tintablanca, 2023), una nueva biografía del poeta que pretende acariciar su vida con la ternura que hasta ahora parecía no haberse producido. Al texto de Luis Antonio de Villena, le acompañan los dibujos de Juan Vida, para acompasar la prosa suave, cómplice y serena de Villena con un enorme catálogo de ilustraciones del pintor granadino.

Quedémonos, por lo pronto, con las palabras de Luis Antonio, al referirse a Lorca: “Este libro recorre su vida y su obra, desde su nacimiento en Fuente Vaqueros, su infancia en la vecina Valderrubio, el contacto con la Vega y las desigualdades sociales, antes de su estancia posterior en Granada, al amparo de la Huerta de San Vicente. Sus años en Madrid, en la Residencia de Estudiantes, le hicieron conocer a los grandes nombres de la España de entonces.”

Es difícil aportar algo nuevo a la semblanza biográfica del mito de García Lorca. Tantos ríos de tinta que han emanado mirando su vida, su obra, su memoria, las azacanas que siempre se cruzaron en su camino, las incomprensiones, las envidias, el odio que inundó los ojos de siniestros desaprensivos que lo llevaron hasta Víznar, harían casi imposible escribir otra biografía que diga algo distinto, que despierte nuestras emociones. Pero acaso esto es lo que han conseguido Villena y Vida en una deslumbrante propuesta literaria, no exenta de simbolismo, donde impera la narración primorosa de bellos pasajes de la vida de Federico, con una mirada limpia y transparente que, sin duda, no dejará impasible al lector.

Los mundos infinitos de Lorca está editado con la exquisitez que Lorca se merece. Porque ya no se trata de aportar un dato nuevo sobre su vida, que también, sino de escribirlo de otro modo hasta soliviantar nuestra alma, de alcanzar que la vida del poeta sea sentida con igual pasión que la puesta en esta edición tan sumamente cuidada. Algo así como el amor y el deseo, referido por Villena, cuando habla de esta biografía: ‘Carnalidad, presagio y dolor’, para definir el perfil más delicado del poeta de Fuente Vaqueros.

Los mundos infinitos de Federico se extienden por La Vega, Granada, Valderrubio, Cadaqués, Nueva York, Cuba, Buenos Aires o el Madrid de la Residencia de Estudiantes, donde se acendraba aquella idea de transformación que aspiraba a hacer de este país algo más moderno y sacarlo del ostracismo en que había caído desde hacía tanto tiempo. Madrid fue el epicentro del amor de Lorca, donde pudo liberarse de la angostura y la mentalidad de su Granada, tan querida, pero al tiempo tan capaz de maniatar su deseo de ser, de crear, de vivir. Esa Granada que terminaría apagando su llama.

El libro abunda en amistades, encuentros, confesiones, alegrías, vida literaria, amores, tragedia, ese cosmos donde las relaciones de Federico fueron tan ricas, tan expresivas y confesionales, y no menos cómplices con tantas personas amigas que fue atesorando a lo largo de su vida. Así descubrimos en sus páginas los instantes del amor, los de las dudas e incertidumbres, los de la desesperación por los derroteros que había cogido una España que se fragmentaba y abocaba al enfrentamiento y el derrumbamiento, los mismos en los que él “pasa del miedo a la angustia. O ambos.” Una premoción aquel 12 de julio del 36, entre los asesinatos de Castillo y Calvo Sotelo, que lo aproximará tanto al día 19.

Villena y Vida nos acercan al Lorca más íntimo, capaz de desnudarse en los juegos infantiles de sus poemas, porque al poder de la palabra se suma la fuerza de la imagen.

La pasión de Lorca por la vida y el amor no pasa desapercibida en las páginas de este libro. Como en Sonetos del amor oscuro, donde es capaz de expresarla Lorca con igual sencillez que sentimiento: “Que no se acabe nunca la madeja / del te quiero me quieres, siempre ardida / con decrépito sol y luna vieja.”

La grandeza de la figura de Federico: crear tantos universos paralelos, aunque algunos fueran desde la inconsciencia, para dejarnos su mejor legado.

 * Artículo publicado en Ideal, 09/07/2023

** Ilustración: Dibujo de Juan Vida, incluido en el libro-