jueves, 31 de octubre de 2024

NI PARA LA PAZ NI PARA LA DIGNIDAD HUMANA ESTAMOS*



¡Cuánta desgracia nos aturde en tiempos tan groseros y cómo nos estamos acostumbrando a ella! La solidaridad, el compromiso y el interés por los problemas que nos rodean fluctúan al ritmo de un mundo cada vez más ‘empequeñecido’ por la vertiginosidad con que viajan la verdad y la mentira, así como nuestra propia movilidad física.

Nuestra conciencia ciudadana —y colectiva— es producto de un conjunto de valores interiorizados en los que hemos sido educados y con los que nos identificamos. Sin embargo, la conciencia depositada en las mentes de quienes lideran la política o la economía global se rige de otro modo: vaciada de los valores que como ciudadanos posiblemente asumirían. Un contrasentido, parte de una realidad que nos abruma, en la que se prescinde de la dignidad del ser humano para dejar paso a la ley del más fuerte.

Somos presa de la desinformación y los bulos, esa potente maquinaria que genera malestar, opiniones tendenciosas, ‘deshabilitación’ del pensamiento libre, ‘embarramiento’ de la convivencia o atracción hacia las posiciones del manipulador: ‘verdades’ construidas sobre mentiras, sin sentido ético ni moral. El proceder da igual, con tal de conseguir lo que se pretende. ¿El adversario?, enemigo antes que oponente. El mundo, nuestro país, pueden estar desangrándose, solo importa el objetivo pretendido a toda costa. La política española ha caído en este cenagal: relatos de buenos y malos, de odio y destrucción del otro, del diferente.

Mientras discutimos cómo vamos a rescatar y prestar ayuda a los que ponen en peligro su vida en una patera o cruzando el desierto, el naufragio y la vileza humana ya han engullido bajo las siniestras aguas de la perversión a cientos de vidas que una vez se ilusionaron con un rayo de luz que calmara el hambre y la indignidad de una vida miserable. Cuando una madrugada de invierno (febrero, 2023) —las cinco en el reloj de un guardacostas—, tras cuatro días y cuatro noches de travesía desde Turquía, se avistaron luces lejanas en la costa de Cutro (Italia), la última esperanza de salvación, una embarcación de madera naufragó: doscientas personas hacinadas —la mayoría afganos huyendo de la intolerancia talibán, habiendo pagado nueve mil euros—, de las que noventa y cuatro pisaron la tierra prometida, Europa, como cadáveres. A cuarenta metros estaban, y nadie activó una operación de rescate. Fue la tarjeta de visita de Georgia Meloni, la que hoy quiere a los inmigrantes lejos, encapsulados en otro país.

Entretanto no está lista la paz, y foros internacionales y ‘lobby’ que mueven entramados políticos y armamentísticos maquinan, las personas mueren bajo las bombas en Ucrania, Gaza o Líbano. El conflicto ucranio se alarga, mientras la figura siniestra de Putin aguanta. Y dejamos a un país, Israel, con un tipo sanguinario al frente, Netanyahu, arropado por una banda de secuaces y sicarios, masacrar hasta el genocidio a decenas de miles de personas inocentes porque dicen defenderse de los terroristas que un 7 de octubre de hace un año cometieron una atrocidad. Y se vengan perpetrando las mismas atrocidades que denuncian en esos terroristas de Hamás: asesinando con toda impunidad, creyendo que con la violencia llegarán a alcanzar la paz, porque los que pueden frenar esta barbarie no están para nada. Empezando por EE UU de Biden, que se marchará de la Presidencia de la manera más vil que uno pueda imaginar: protegiendo un genocidio. Si ejerciera solo de ciudadano y cristiano de a pie —él lo es— seguramente estaría clamando por la ignominia que está cometiendo Israel.

Hay muchas maneras de matar, como escribiera Bertolt Brecht, y todas ellas las practica Israel, además de otras inventadas para la ocasión. “Pueden meterte un cuchillo en el vientre. / Quitarte el pan. / No curarte de una enfermedad... / Llevarte a la guerra, etc…”, como también lanzar bombas contra inocentes, arrasar escuelas y hospitales y manipular ‘buscas’ o móviles para que exploten.

Llevo en este mundo más de seis décadas y me hubiera gustado que en alguna de ellas hubiera llegado la paz a Oriente Próximo y Medio. Que se cumplieran los mandatos de las Naciones Unidas y se crearan dos Estados donde vivir en armonía. Que los problemas se resolvieran con el diálogo, que la sed de venganza quedara entumecida en las entrañas propias y no destruyendo las del otro. Que las potencias mundiales no alentaran las acciones bélicas de los desalmados. Más de seis décadas, sí, y ninguno de los malhechores que anteponen sus ambiciones a la vida de inocentes me va a engañar con sus relatos confusos, llenos de mentiras, entelequias y ‘verdades’ tendenciosas. Ninguno merece el perdón y sí comparecer ante un tribunal.

Nunca están para nada, mientras la hemorragia de indignidad que provocan sigue inundando el mundo. Son como el apéndice o las muelas del juicio, partes inservibles de un cuerpo que, sin embargo, pueden ocasionar severos problemas de salud. Los valores quedan muy bien para la gente corriente, en la paranoia del poder parecen no valer. Kant, en el imperativo moral categórico, afirmaba: “Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona del otro”.

No quisiera pensar, como Fernando Pessoa (Tabaquería’, que “No soy nada. / Nunca seré nada. / No puedo querer ser nada”, y que no me queda más que tener “en mí todos los sueños del mundo”. Ni resignarme a que “El mundo es para los que nacieron para conquistarlo / no para los que sueñan que pueden conquistarlo”.

*Artículo publicado en Ideal, 31/10/2024 

**La danza, Henri Matisse, 1910

martes, 8 de octubre de 2024

TODOS VENIMOS DE ALGUNA PARTE*

 


Las ciudades españolas fueron testigos del éxodo rural en aquella España de blanco y negro de los años sesenta y setenta del pasado siglo. Miles de familias se desplazaron del campo a la ciudad en un movimiento migratorio que puso a las ciudades patas arriba y activó un desarrollo económico acorde a los planes implementados por el régimen franquista. Era la época del desarrollismo, de la expansión del turismo y del crecimiento urbanístico con la construcción de nuevos barrios y la ocupación de viviendas deterioradas y en precarias condiciones de habitabilidad en los más antiguos.

La transformación agraria concentración de tierras y mecanización— y la puesta en marcha del Plan de Estabilización de 1959, apoyado en la importante emigración dirigida a Europa y la recepción de cuantiosas remesas de dinero aportadas por los emigrantes, favoreció la absorción por la industria del excedente de mano de obra agrícola. Según datos del INE, se calcula que 3.100.000 españoles se trasladaron a las ciudades en la década de 1960. Las zonas industriales y el sector servicios de Madrid, Barcelona y País Vasco acapararon ese grueso de población rural. Otras ciudades, como Granada, se vieron también favorecidas por este éxodo. En esta recalamos no pocos habitantes de los pueblos. ‘Castrojas’ nos llamaban, no sin un cierto tono peyorativo, un parte de la población urbana que exhibía un torpe orgullo capitalino. Menos mal que no teníamos la piel negra, tan solo oscurecida por el implacable sol del medio rural.

He sentido vergüenza al ver que la inmigración aparece como la primera preocupación de los españoles en el barómetro de septiembre del Centro de Investigaciones Sociológicas. A la pregunta: ¿Cuál es, a su juicio, el principal problema que existe actualmente en España?”, casi un tercio (30,4%) contestaba: “La inmigración”. Este fenómeno social practicado por la humanidad desde su existencia ha pasado de ser la cuarta preocupación (16,9%) en julio —tras el paro, la economía y la política— al primero.

Las continuas noticias sobre la llegada de cayucos y pateras, el alarmismo por la saturación de los centros de acogida, el reparto fallido de menores acogidos, la asociación inmigrante-delincuente, la vergonzosa actitud de partidos políticos que, antes de unirse para buscar soluciones, utilizan el dolor de estos desheredados para hacer un uso perverso y espurio de la tragedia, ha calado en la percepción negativa de la sociedad española. Somos maleables e influenciables, y eso lo saben políticos y gentes sin escrúpulos que lanzan infundios, tergiversan la realidad y buscan chivos expiatorios. Alguien está empeñado en convertir a los inmigrantes en enemigos.

Y duele pensar lo fácil que es llegar a la conciencia de los demás y moldearla a nuestro antojo, extendiendo el mantra de que los inmigrantes son culpables de todo lo malo, que nos arrebatan nuestro trabajo y nuestro dinero, que ensucian nuestras calles y hacen aumentar la delincuencia, que se comen nuestras mascotas: gatos, perros, serpientes o cualquier otro bicho que nos haga compañía. Estos prejuicios siempre proceden de concepciones supremacistas: ese ‘nosotros perfectos’, de educación exquisita, de conductas cívicas inmejorables, que retiramos los desechos de un botellón para depositarlos en un contenedor o llevarlos a casa, que no tiramos bolsas ni vidrios ni latas en el campo ni en la ribera de un río, que no delinquimos ni estafamos. Nosotros. Ellos.

Siempre ha existido aversión al forastero, al diferente, a quien consideramos no encaja en nuestros cánones de ‘normalidad’, y lo miramos a través del visillo de los prejuicios. Como hacemos con nuestros vecinos, con los del otro barrio, con los del pueblo que rivalizamos, con los de otros territorios españoles, con los que no hablan nuestra lengua y les decimos que en ‘nuestra tierra’ se habla ‘mi idioma’. Repudio a lo de fuera, envuelto bajo la suspicacia del recelo y la sospecha.

Pero hay realidades que nos impactan en las narices para que espabilemos. El peligro que se cierne sobre las pensiones nos alcanzan de lleno: si no encontramos soluciones a los ritmos económicos actuales no están garantizadas para un futuro inmediato. Hace unos días el Banco de España, en su informe anual, se centró en este asunto, concluyendo que ni la llegada de inmigrantes, ni las subidas de cotizaciones, ni los incentivos para demorar la jubilación son suficientes para sostener el sistema de pensiones. Vaticinando que se trata de “uno de los mayores desafíos a los que se enfrentarán las principales economías en los próximos años”. En España, con el envejecimiento de la población, el aumento de las jubilaciones del llamado baby boom de los sesenta y la baja tasa de natalidad, el problema se acentuará más que otros países. Para paliar esto se estima que la población inmigrante trabajadora de nuestro país tendría que elevarse más allá de los 24 millones y llegar, al menos, a los 37 millones para 2053.

Todos venimos de alguna parte. Los ‘castrojas’ de aquellos años que coadyuvamos a levantar el nivel de vida de las ciudades españolas, sacándolas de la miseria heredada de la posguerra; los emigrantes españoles que potenciaron las economías europeas; y los inmigrantes latinoamericanos o africanos que sostienen la agricultura exportadora o los servicios de atención a dependientes. Todos somo migrantes.

No criminalicemos la inmigración. El deseo de buscar un lugar en el planeta donde mejorar las condiciones de vida es un derecho. Frenar los sueños es imposible. Las grandes migraciones son la seña de identidad en la historia de la humanidad y de la construcción de los países.

*Publicado en Ideal, 07/10/2024

**ACNUR_Roger Arnold


martes, 17 de septiembre de 2024

EDUCAR A LOS NIÑOS Y JÓVENES DE HOY*

La educación de niños y jóvenes es una preocupación creciente entre familias y educadores. Solemos escuchar que los jóvenes han perdido el respeto a sus mayores o que se desenvuelven en espacios públicos sin consideración a lo que les rodea. Las noticias de medios de comunicación y nuestra propia experiencia no desmienten que ello no ocurra entre las nuevas generaciones (‘millenials’, zeta o alfa), denominadas cada decena de años por diferencias de comportamiento, actitudes y pensamientos en este fluir vertiginoso de los días a que estamos sometidos. La tarea educativa de familias y escuela es bastante compleja, como lo es una sociedad diversa y con un horizonte inmenso hacia donde dirigir nuestros desvelos educativos.

¿Cómo afrontar hoy el reto de la educación de los hijos y alumnos? Los cambios sociales han provocado en el entorno familiar y escolar nuevas situaciones y experiencias. Desde hace tres o cuatro décadas se ha abierto un panorama de incertidumbre ante los nuevos modos de comportamiento de las jóvenes generaciones. La sensación de vértigo siempre ha existido, pero quizás en el momento presente esté más dimensionada.

Tras la infancia, los niños empiezan a desligarse del camino trazado por padres y educadores, van creando sus propias alternativas. No obstante, hasta ese momento de ‘separación’ también reciben otros estímulos, paralelamente les llegan miles de mensajes intencionados, tácitos o subliminales a través de otros medios de transmisión de conductas e ideas (entorno, televisión, grupo de iguales, redes sociales o plataformas digitales). Cuando los espacios de desarrollo personal trascienden del ámbito familiar se generan nuevos contactos y preferencias. En esta evolución, las redes sociales se han convertido en un universo donde explorar, tan sugerente como peligroso.

Cada generación es educada en unos principios morales y valores diferentes o, acaso, transformados por el tiempo y las nuevas realidades impuestas. Pensar que nuestros hijos van a ser educados con los mismos patrones sociales que tuvimos en nuestra infancia es de ilusos. Las influencias recibidas en las sociedades actuales no lo permiten. Existen nuevos códigos de comunicación y conducta, otras interpretaciones del mundo exterior, que parecen dejar a padres y docentes al margen.

Nuestro tiempo es difícil que tenga vuelta atrás, ni que los niños y jóvenes de hoy se conformen con menos. Como consuelo y remedio de males nos queda la educación de aquellos egos insaciables, con la esperanza de que algunos de nuestros hijos o alumnos puedan convertirse en menos insaciables y más conscientes del abismo a que les conduce la publicidad, el mercado o un esnobismo desmesurado. Padres y docentes sabemos contra lo que luchamos: el individualismo egoísta o hedonista promovido por lo que Victoria Camps denominaba “soberanía del mercado, cuya oferta sin límites estimula la satisfacción inmediata de cualquier deseo”. Y que el profesor Enrique Gervilla lo resumía al decir que todo queda relativizado al sujeto y a cada momento, con una ausencia de sentimiento de culpa, donde es más importante la estética que la ética.

La sociedad posmoderna, que hace décadas se empeñó en convencernos de que era preferible mirar por nosotros mismos antes que por los demás, solo busca transformarnos en nuestra propia república a través de una publicidad samaritana: “Porque tú lo vales”, “Aquí eres el King”, “Destapa la felicidad” o “¡Red Bull te da alas!”. Creemos tener autonomía, pero no decidimos, somos números en la sociedad del hiperconsumo, la autoexplotación o la hispercomunicación, donde, como señala Byung-Chul Han en La expulsión de lo distinto, esta “expulsión de lo distinto genera un adiposo vacío de plenitud”.

Las influencias en la mente de los jóvenes se redefinen continuamente. La ventana al mundo de redes y plataformas, ofertantes de un universo imposible de gobernar, al que acceden de modo exponencial cada vez con menor edad, es inmensurable. Más agentes sociales, más influencias, más mensajes, más caminos con vericuetos que ignoran a padres y educadores, lanzan ofertas directas a esos jóvenes para que elijan en el extensísimo y variado escaparate puesto a su alcance. Un universo de influencias repleto de mensajes encriptados que solo ellos saben descifrar.

¿Quiénes educan a los niños y a los jóvenes en las sociedades posmodernas?

La acción intencionada o no intencionada de educar no es exclusiva de un solo agente, cada vez queda más desfasado el binomio familia-escuela. Para que ambas no pierdan el protagonismo que creemos han de tener, deben estar atentas a todo lo que circunda a hijos y alumnos. Pensar que, si van al cine, a actividades extraescolares, al parque, a divertirse en los artilugios electrónicos, se mueven como seres asépticos, envueltos en una burbuja de cristal, sin afectarles nada externo, es tener una visión miope del mundo actual.

La toxicidad en la información en redes y plataformas digitales es una cuestión tan peligrosa como abominable. Modelos tóxicos, estereotipos infectos, machismo, lenguaje soez, expresiones chabacanas o denigración de la mujer, es lo que ‘alimenta’ intelectualmente a gran parte de nuestra población joven, consumidora de entretenimiento basura, que va configurando su capacidad de decir y pensar, alejándose del conocimiento y el análisis de la realidad histórica y presente ofrecida por la escuela y otros agentes sociales educativos.

Nos ha engullido la trivialización del saber y la cultura, resultando más difícil separar hechos de fantasmagoría, conocimiento serio de rumores y extravagancias. Estos son los referentes de nuestros hijos y estudiantes, los que les educan, no sus padres ni la escuela. Los nuevos púlpitos, multitudinarios, donde se modelan personalidades, han cambiado de oficiantes y predicadores: ‘instagrames’, canciones con letras infames, ‘youtubers’, ‘tiktoker’. 

*Artículo publicado en Ideal, 16/09/2024

** Niño vomitando basura mediática, Banksy

miércoles, 4 de septiembre de 2024

EL DESPERTAR POÉTICO DEL OTOÑO GRANADINO*

 


Uno de los deseos que pediré a este otoño es que Granada vuelva a abrir sus brazos a la poesía, que anegue sus calles, plazas, escaparates y aceras de poemas de Soto de Rojas, Ángel Ganivet, Luis Rosales, Federico García Lorca, Elena Martín Vivaldi, Rafael Guillén, Javier Egea, Antonio Carvajal, Luis García Montero, Ángeles Mora… Que los granadinos y granadinas encuentren en cada recodo de la ciudad versos que les hagan soñar y elevar el ánimo maltrecho a que nos avocan las ingratitudes de la vida y, por qué no, que impulsen a los jóvenes a sumarse al amor y al disfrute de la palabra escrita.

El otoño despierta, septiembre se hace poesía. Y cuando cae la noche, “el corazón desciende / infinitos peldaños, / enormes galerías, / hasta encontrar la pena”, para “ascender de nuevo hacia la luz” y alzarnos a la “resurrección de cada día” a que nos impele José Ángel Valente, porque con la poesía izaremos muchas banderas, esas que nos hagan más humanos, más libres, mejores personas.

La cultura, como valor social, viene a sumar en el anhelado cambio que necesita esta ciudad y la provincia. Probablemente, la cultura y el conocimiento sean el mayor bien público que ofrecen los granadinos al mundo. Desterremos la pasividad, la espera a que sean otros los que nos traigan mejores infraestructuras, transformaciones industriales, inversiones en ciencia... La cultura, como valor propio, innata, cultivada desde el talento y creatividad de los pueblos que la hemos habitado, posee un valioso muestrario de vestigios y huellas históricas. En los próximos meses viviremos de modo especial la construcción de la Candidatura de Granada como Capital Europea de la Cultura 2031, nuestro acendrado tesoro cultural ha de jugar un papel esencial.

Llega septiembre, la poesía se hace viva, el cielo de Granada se abre al espectáculo universal de la palabra y la música, dispuesta a alentar nuestro compromiso más profano, ese que nos concierne como ciudadanos. La poesía es compromiso con el mundo y el ser humano. “Maldigo la poesía concebida como un lujo / cultural por los neutrales / que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. / Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse”. Gabriel Celaya nos brindaba estos versos en La poesía es una arma cargada de futuro. En estos tiempos de convulsión, de insolidaridad, de guerras, de inquina desatada, estos versos han de servirnos para no olvidar la obligación que tenemos con nuestro presente, porque las palabras hechas poesía “Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. / Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos”. Las palabras que nos han de servir para recordar siempre a Federico García Lorca, nuestro Federico.

El preludio poético del otoño granadino, que inaugura la temporada cultural de la ciudad, tiene como referente, desde hace catorce años, el ciclo ‘Poesía en el Jardín’, uno de los ciclos poéticos del Ateneo de Granada, en colaboración con el Centro Andaluz de las Letras. Esta XIV edición pretende llenar, nuevamente, las noches de cada martes de septiembre de la conjunción mágica de la poesía y la música, en un juego delirante para los oídos y las emociones. Los jardines del Cuarto Real de Santo Domingo serán el escenario de cuatro veladas, dispuestas a embaucar a los granadinos.

Los organizadores (Ateneo de Granada, Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Granada y Agencia Andaluza de Instituciones Culturales/Consejería de Turismo, Cultura y Deporte, a través del CAL) pergeñan “Poesía en el Jardín” con el deseo de acentuar la concordia y establecer sinergias entre las administraciones públicas, la sociedad civil y las asociaciones culturales. Asistimos a una nueva apuesta del Ateneo en su afán de seguir promoviendo la gestión y promoción de alianzas y convenios en materias creativas, como en este caso la poesía y la música. Sin duda, este es el camino si pretendemos impulsar la Candidatura de Granada para ser la capital cultural de Europa dentro de unos años. A este esfuerzo se suman la Residencia Universitaria La Corrala de Santiago, el Cuarto Real de la Fundación Albayzín y el Centro Lucini de la canción de autor.

En esta edición el ciclo lo inaugura Manuel Vilas (3 de septiembre), acompañado de Blanca Fernández al violín, con su poesía tan próxima a la vida como comprometida. El siguiente martes, día 10, a la poesía del cántabro Lorenzo Oliván le acompañará la guitarra de Nicolás Medina y el teclado de Walter Sabolo. El 17, Javier Bozalongo y Paula Bozalongo, padre e hija, acompañados del dúo El Oso de Benalúa, guitarra y Tony Molina Moya, guitarra. La última sesión (martes, 24) contará con Amalia Bautista y el dúo musical “Pensires”: Félix Sánchez Montesinos, guitarra y Lucía Manzanas, chelo.

La cultura es un acto de amor y, como escribiera Milan Kundera, “la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica”, eso que configura nuestro modo de pensar y vivir. Con este deseo, la cultura en Granada tiene que seguir creciendo en extensión y calidad, en una tarea que implique a toda la ciudadanía y que interpele a los agentes que intervienen en su promoción para remar en beneficio del interés general.

No pocos han de ser los esfuerzos colectivos que debamos hacer en este sentido. Este objetivo ha de guiarnos en esta apasionante aventura. El Ateneo de Granada, con su espíritu de colaboración intacto, mostrará siempre su disponibilidad para colaborar con las demás instituciones públicas y privadas.

Artículo publicado en Ideal, 03/09/2024

** Granada en otoño, foto de Fermín Rodríguez, Ideal

martes, 20 de agosto de 2024

NI SIQUIERA EL ‘ESTABLISHMENT’ PUEDE FRENAR LA INDECENCIA*

 


Destruir una escuela, un hospital, matanza de civiles indefensos, la vida despreciada… lo que cada día perpetra el ejército de Israel en Gaza. La insaciable sed de venganza bíblica, y no bíblica. El sábado día 10 Israel bombardeó, en el barrio de Al Daraj de Gaza capital, otra escuela más repleta de desplazados, con la excusa de que había milicianos de Hamás. Un centenar de asesinados, incluidos niños y ancianos. Una responsabilidad compartida por Estados Unidos, el gran valedor de Netanyahu. No hay mentira que cien años dure, mas esperemos que la desgracia tampoco.

Las elecciones presidenciales de EE UU calientan motores. El escenario ha cambiado con la designación de Kamala Harris como candidata del partido demócrata. Biden naufragó en la confusión en el debate celebrado en Atlanta (finales de junio), como desvaría con su apoyo al Israel de las continuas masacres. Imaginamos los múltiples intereses que están detrás de este apoyo, pero la vida de las personas es mucho más valiosa.

Las elecciones de noviembre se presentan, al igual que en 2016, con dos formas dispares de entender el mundo, ahora, si cabe, más extremas que nunca en la historia de Estados Unidos. Siempre rivalizaron dos posiciones —republicana y demócrata— pero en una línea liberal, con posicionamientos desiguales en cuanto a coberturas sociales o política exterior —configuración de su supremacía internacional y geoestratégica—. Desde 2016 el modelo republicano de la derecha clásica se ha roto, una ola ultraderechista lo está sepultando. El partido republicano ha sido devorado por la denominada derecha reptiliana liderada por Donald Trump, quien, sin complejos, llena su discurso de teorías conspirativas y postulados generadores de una ‘nueva cultura’ defensora del ‘acientifismo’ y ‘terraplanismo’, censuradora de millares de libros, utilizando la mentira y la posverdad, la que es aceptada como dogma del líder —utilizada ya por la estrategia hitleriana—, o señalando chivos expiatorios, enemigos de la nación a quienes perseguir.

Medio mundo vive con el corazón encogido ante esta cita electoral. Razones no faltan. Los demócratas, como su líder Biden, han mostrado durante su mandato excesiva debilidad o escasa definición de sus políticas; por su parte, los republicanos han pasado a convertirse en un partido ultra, sin principios, sometido a un magnate que como presidente casi acaba con la democracia más sólida del planeta y que como candidato no ceja en su empeño de amoldarla a su estrambótica y esperpéntica imagen, tildándola de constructo político obsoleto, elitista e incompetente, un individuo al que no le preocupan los demás, solo su ego. El futuro inmediato no se presenta muy esperanzador, a los tambores de guerra generalizada se suma el deterioro de las democracias occidentales, el sistema político-social que ha dado estabilidad al mundo desde la Segunda Guerra Mundial.

Si Kamala Harris y la justicia no lo remedian, Trump amenaza con volver a la Casa Blanca. Nuevamente la ordinariez, el disparate y la inmoralidad aposentados en el poder, pero ahora con el resabio de quien regurgita constantemente su ‘injusto’ desalojo de 2020. La política excéntrica convertida en pesadilla en la primera potencia del planeta. Un enemigo de la democracia, como lo demostró negando los resultados electorales y azuzando el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. La tesis del libro Cómo mueren las democracias (2018), de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, sigue vigente: una de las causas del declive de la democracia se vincula al acceso al poder de quienes no creen en ella, erosionan sus prácticas y las creencias y valores que la sustentan, hasta reducirla a lo accesorio, a lo no relevante, a desprestigiarla instalando el virus antidemocrático en ese elenco de seguidores desencantados, deseosos de que llegue un Mesías que acabe con el establishment. El populismo neofascista de Trump es un peligro para la democracia, como la motosierra de Milei, no será el salvador que traerá la moralidad y la ética que supuestamente ha devaluado la élite a la que critica.

El triunfo de Biden en 2020 fue acogido como la salvación de una democracia amenazada. Sin embargo, su debilidad en la toma de decisiones políticas problemas migratorios, deterioro económico, política exterior errática... ha sido patente: manteniendo las lamentables persecuciones de inmigrantes en la frontera mexicana, fracasando en el apoyo a Ucrania, apoyando la ignominiosa represalia de Israel contra Gaza, permitiendo el flagrante genocidio cometido o reprimiendo las protestas estudiantiles contra las masacres cometidas, como la de la Universidad de Columbia, la que acogió a Federico García Lorca en 1929.

Seguimos hablando de elecciones, naciones, gobiernos, ciudadanía y, acaso, tendríamos que hablar de emporios económicos, marcas registradas o multinacionales que tanto influyen, incluso en nosotros, haciéndonos fieles servidores y fuerza viva del neoliberalismo que los guía. Quizás el poder no esté en esos líderes o sus discursos amañados con relatos interesados que luego votamos.

Las autarquías que ahora conocemos: Rusia, Israel, Venezuela, Nicaragua... provienen de procesos electorales que las auparon al poder antes de desvelar su auténtica cara. Si Trump ganara las próximas elecciones presidenciales, ¿estaría tentado a modificar la XXII Enmienda de la Constitución de EE UU, que limita los mandatos del presidente a solo dos, para mantenerse en el poder?

El freno a la indecencia que nos rodea, acaso no pueda ponerlo la política tradicional, pero quien seguro no lo hará es la marabunta de populismo, fascistoide o no, que nos asola. Esperemos que Kamala Harris contenga a Trump, porque a este césar se lo tragarán todos, incluidos nosotros, los europeos.

*Artículo publicado en Ideal, 19/08/2024.

** Gaza, Banksy