sábado, 21 de enero de 2012

MI KINDLE

La tarde del viernes me la he pasado metido en un autobús junto a otras cincuenta personas viajando de Granada a Madrid. Esto de venir a Madrid con tanta frecuencia se está convirtiendo en una buena costumbre. Hoy sábado me espera (ya se habrá celebrado cuando leáis esto) una comida con antiguos compañeros de la Junta de Participación del Consejo Escolar del Estado. Vamos a rendirle a su presidenta, Carmen Maestro, el homenaje que se merece.
Me apetece mucho estar presente, ello me ha traído a Madrid. Hay personas a las que se homenajea por su cargo, pero hay otras a las que se rinde homenaje por su bondad, competencia, extraordinaria predisposición, y por su sencillez. Carmen, aparte de su cargo, se merece el homenaje más por lo segundo que por lo primero.
No me he enterado casi del viaje, salvo la última parte del trayecto, ya en Madrid, donde un monumental atasco retuvo el autobús casi una hora. Y no me he enterado porque he venido todo el viaje leyendo. Soy de los que les gusta el tacto de un libro entre las manos, pero esta vez vengo desprovisto de libros (aunque para ser más sincero, algunos traigo en la maleta), he venido con mi ‘Kindle’ que me han echado los pasados Reyes.
En la parte del autobús donde iba ubicado había mucha juventud, chicas, sobre todo. Algunas de estas jóvenes con grandes y voluminosos libros, como yo otras veces. Yo, en cambio, con un aparato que puede almacenar más de un millar de libros. Me sentía generacionalmente algo extraño: ellas con un libro de toda la vida en las manos, yo con un aparato tan moderno. Quizá hubiera sido más lógico lo contrario.
¿Y qué venía leyendo?: Últimas tardes con Teresa. Siempre es un buen ejercicio, aunque no lo practique en demasía, por las urgencias de lo que a uno le queda por leer, releer libros leídos en otras épocas.
Que conste que todavía me sigue gustando tener un libro entre las manos antes que un aparato de estos. Mas el hábito hace costumbre, y sopeso que lo manejaré bastante. Mis lecturas en el autobús urbano resultan más cómodas y ‘manejeras’ en el ‘Kindle’. Son los adelantos de la tecnología. Como me ocurre con el portátil frente al ordenador de sobremesa ya arrumbado, no solo por obsoleto sino por la servidumbre de tenerte amarrado a una mesa y una silla en un lugar fijo de la casa.