domingo, 10 de febrero de 2013

ANTONIO MUÑOZ MOLINA, DECISIÓN VALIENTE

Algunas veces he vivido, no sin indignación, el abandono del órgano de participación de una institución por parte de un grupo político. Abandono de un pleno municipal, de un Parlamento autonómico o del Congreso de los diputados. El respeto a las instituciones está por encima de decisiones partidistas. Estas maneras de proceder se me antojan no sólo una ofensa a la ciudadanía allí representada sino también a la propia democracia. Hay momentos en que uno tiene que mantener la dignidad para fortalecer la dignidad que otros pisotean. La decisión de Antonio Muñoz Molina de haber ido a Israel a recoger el premio que entregan los organizadores de la Feria Literaria Internacional de Jerusalén en reconocimiento a escritores que promuevan la idea “de la libertad del individuo en la sociedad”, me parece una decisión valiente.

Cuando se supo que Muñoz Molina había sido el galardonado un grupo de intelectuales le dirigió una carta ‘pidiéndole’ que renunciara al premio. Leído su contenido me parece que algunos de sus argumentos rayan en la ofensa. Toda la carta rezuma presión hacia el autor de Sefarad. Tiene un sesgo de intolerancia impropio de este grupo de ‘intelectuales’ (ahora entrecomillo el término), con los que en algún caso puede que me identifique. Incluso se aprecia alguna velada amenaza: “Los artistas que aceptan participar en eventos oficiales israelíes como es esta ceremonia de entrega, prestan sus nombres, indirecta y a menudo inconscientemente, a la Hasbara o propaganda sionista”. Bochornoso, sencillamente. Con tales ‘consejos’ se demuestra una actitud de intransigencia que está más en consonancia con la que practica el gobierno israelí que con la postura de un intelectual que tiene que huir de cualquier sectarismo.

Un intelectual no puede caer en la trampa de la generalización ni etiquetación para referirse a un pueblo. Dicho rechazo supone medir con la misma vara a toda la población israelí, lo que obviamente es injusto, pues en ella no todo el mundo practica la intolerancia ni está de acuerdo con la política de ocupación y represión que ejerce su gobierno sobre territorios palestinos. Además, recoger el premio brinda a Muñoz Molina, quien sabemos de su compromiso ético, moral y social con la democracia, la libertad y los derechos humanos (más que muchos otros intelectuales que se mueven con prácticas de dudosa ética y moralidad), una buena oportunidad para lanzar un mensaje que hable de tolerancia, respeto entre los pueblos y cumplimiento de los derechos humanos. En su discurso reclamó la creación de un Estado palestino. Algunos intelectuales pretender estar por encima del bien y del mal, y no se dan cuenta que sólo por su trabajo intelectual pueden dar una visión del mundo y de la realidad como contribución al conocimiento de una sociedad, pero ello no les habilita socialmente para convertirse en individuos que viertan sectarismo e imposiciones donde se olvide a millones de personas. Entonces es cuando su valor como intelectual se desacredita.

Interpreto asimismo que en la mencionada carta también hay mucho de personal contra Muñoz Molina, al decir: “Llevaría a sus seguidores y seguidoras a cuestionarse, no el compromiso individual que usted probablemente tenga con los derechos humanos, la libertad y la dignidad humana, sino el valor que debería tener para activar este compromiso, y apoyar el movimiento global no-violento que busca acabar con el apartheid israelí, en vez de posicionarse en contra”. Es posible que algunos de los firmantes de esta carta tengan alguna cuenta pendiente con Muñoz Molina, lo que me parece si cabe más mezquino y rastrero.