miércoles, 6 de enero de 2016

SI DE PEDIR A LOS REYES MAGOS SE TRATARA…

Hemos vivido uno de los otoños más secos y cálidos en decenas de años. La Navidad se ha parecido más a una Navidad del hemisferio sur que a la que acostumbramos a tener por aquí. Pero las fiestas han sido las mismas de todos los años: insufribles, atacadas por la premura de las compras y las urgencias por consumir. No sé si será parte de mi desajuste con la vida, pero cada vez encuentro más mentecato este falso mundo de ilusión que quieren crearnos. Menos mal que hay también cosas positivas: el valor de la familia y el reencuentro cuando la tienes lejos. Aunque yo haya perdido aquella añorada ilusión infantil y me debata en el desengaño más canalla, comparto la que irradian los que me rodean. La ilusión de mis hijos y mis nietos reconforta cualquier pérdida.

La vorágine de estos días ha paralizado mis lecturas y las líneas de esa novela en proceso de gestación. No he encontrado tiempo para avanzar en la lectura de En la orilla de Rafael Chirbes, cuando he visto que ya está lista su novela póstuma, París-Austerlitz. Y dormida se ha quedado también La ciudadde ese Faulkner que se ha convertido en mi autor recurrente.  Menos mal que vuelve la rutina, y con ella acaso estos viejos anhelos literarios.

Me resisto a mirar tanto a la política, pero estoy convencido que un escritor tiene que estar comprometido con su tiempo. El año que ha acabado ha estado repleto de elecciones, y mucho me temo que va a tener continuidad en el que hemos inaugurado. Y visto lo visto, saco una conclusión: quien menos ha interesado a la política han sido los ciudadanos, a quienes se nombra en cada discurso pero solo como excusa. No comprendo a aquellos escritores que parecen inhibirse de lo que les rodea y sólo parecen estar embebidos por la literatura. Como tampoco comprendo a aquellos otros que opinan desde la lealtad a unas siglas políticas y no desde las extensas praderas de la ideología.

Ahora que miro con los ojos del desencanto a los Reyes Magos, y que ni siquiera me alientan las Reinas Magas, disputas estúpidas aparte, si de pedir a los Reyes Magos se tratara solo les hago una petición: disponer de mucho tiempo para leer y escribir. Aunque sé que este regalo no me lo echarán, solo pediré disponer de un poquito más de mi tiempo para ello y que tantas ingratitudes como nos acechan, tanta ignominia como cunde a nuestro alrededor, me dejen al menos respirar lo suficiente para que el sosiego me acompañe para ello.