sábado, 22 de agosto de 2009

NO TODO ESTÁ BAJO EL DICTADO DE LAS LEYES NATURALES

Todavía existen lugares en la Tierra donde las leyes naturales dictan su inexorable sentencia. Incluso para el hombre.
Recuerdo los documentales sobre el Serengeti o Masai Mara que, entre sus enseñanzas, nos mostraban una de las leyes naturales: los animales más débiles caen con más facilidad presa de los depredadores.
Una fractura en la pata del ñu o de la gacela thompson era sinónimo de muerte. La implacable ley de la naturaleza terminaba poniendo al desdichado animal bajo las garras y los colmillos de algún depredador.
En las últimas semanas hemos asistido a los preparativos del frustrado rescate del alpinista Óscar Pérez, anclado a 6.300 metros de altitud en el Latok II del Karakorum pakistaní. Óscar sufrió una caída fracturándose una pierna y una muñeca.
La naturaleza aquí tampoco perdona, aunque se trate de un ser humano. De nada han valido los esfuerzos de sus compañeros alpinistas del Club Peña Guara. Las condiciones meteorológicas de estos adversos y al tiempo maravillosos espacios naturales han dictado sentencia.
La historia de Óscar es la de un ‘robinson crusoe’. El individuo frente a la naturaleza, pero distinto. En la isla, el náufrago se servía de la naturaleza para sobrevivir en un medio benévolo. Lo único que le atormentaba era la soledad y la falta de vida social. A 6.300 metros de altura y con la atmosfera revuelta, la naturaleza concede escasas oportunidades, por no decir ninguna, a un individuo mermado físicamente.
Crusoe albergó la esperanza de que algún barco fondeara en su isla. Óscar seguro que ha mantenido la esperanza de escuchar el zumbido de la hélice de un helicóptero.
No quiero imaginar si quiera que sus pensamientos se atormentaran con la idea de que estaba sentenciado a muerte en la repisa de una pared montañosa en la soledad más absoluta.
Nadie ha podido hacer nada por él, a pesar de los encomiables esfuerzos de mucha gente.
Pero hay otras situaciones donde sí se puede hacer mucho por una persona. Este episodio me ha recordado aquella impactante imagen del niño desnutrido paralizado por el hambre que en cuclillas sobre la tierra árida y polvorienta de un paisaje africano esperaba la muerte con un buitre al acecho. Se moría como habrá muerto Óscar, pero al contrario de la imposibilidad del rescate de éste, a ese niño se le podía haber rescatado de las garras de la muerte. Él, como otros muchos, sí podría haber tenido una oportunidad.
La muerte acecha en la naturaleza, pero no hasta el extremo de dejar que alguien que está a nuestro alcance muera de hambre. Aquí ya no tiene cabida la ley natural.
No todo está bajo el dictado de las leyes naturales como algunos nos quieren hacer creer. Como tampoco es irremisible que cientos de personas mueran en una guerra.