miércoles, 2 de junio de 2010

LORCA Y HERNÁNDEZ, POESÍA DE COMPROMISO

‘La Nana de la cebolla’, ‘Oda a Walt Whitman’, ‘Aceituneros’, ‘La casada infiel’, ‘El niño yuntero’, ‘El café de chinitas’, ‘Elegía a su amigo Ramón Sijé’… se escucharon en la voz sonora de los poetas y en la voz docta de los especialistas.
Hasta hemos escuchado la ‘Baladilla de los tres ríos’ en la voz ya quebrada de Alfredo Arrebola buscando la imbricación de la poesía de Lorca y Hernández con el flamenco.
Hemos descubierto a Lorca y a Hernández niños de tierras rurales. Hemos oído las vivencias, las costumbres o las canciones populares que les ayudaron a crecer en el apunte certero, intimista y adornado de Mariluz Escribano Pueo.
Hemos indagado en su poesía más comprometida, la de dos poetas a los que les alcanzó la tragedia, con Remedios Sánchez.
Hemos escuchado en la voz de los poetas la poesía de Lorca y Hernández en la Casa Natal de Federico. Allí han estado Fernando Valverde, Fernando de Villena, Enrique Morón, Dani Rodríguez Moya, Ángeles Mora, Manuel Gahete y José Sarria.
Lorca y Hernández, Hernández y Lorca, una amistad que ha quedado reafirmada después de las intervenciones, desechando el mito de la enemistad entre ambos.
Revoloteó durante todo el congreso la conciencia trágica de Federico hasta que como colofón Juan Carlos Rodríguez blandió el argumento, se agitó en los poemas lorquianos y leyó ‘De otro modo’:

“La hoguera pone al campo de la tarde,
unas astas de ciervo enfurecido.
Todo el valle se tiende. Por sus lomos,
caracolea el vientecillo.

El aire cristaliza bajo el humo.
—Ojo de gato triste y amarillo—.
Yo en mis ojos, paseo por las ramas.
Las ramas se pasean por el río.

Llegan mis cosas esenciales.
Son estribillos de estribillos.
Entre los juncos y la baja tarde,
¡qué raro que me llame Federico!”