domingo, 20 de junio de 2010

SARAMAGO

Hace poco más de cuatro meses leí Caín, su última novela, y me pareció que el errar por el mundo del hermano de Abel, como castigo divino, tenía mucho que ver con el trasiego de la obra literaria de su autor, casi de manera obsesiva, en busca de esa verdad y esa justicia perseguida para el ser humano a lo largo de su vida.
Saramago echó la culpa a Dios de muchos de los males del mundo. Es como si hubiera experimentado la reacción del creyente que ante tanta crueldad y dolor que rodea a los hombres acabara pidiendo cuentas a Dios por todos los males que asolan al mundo.
Para Saramago, Dios ha debido existir, pues lo ha perseguido a través de su obra literaria, incluso le ha increpado y demandado.
¿Pero por qué pedirle cuentas a algo que no existe?
¿Acaso porque ese Dios es una parte importante de la naturaleza humana?
¿O porque en ese Dios se encierran muchos de los males del mundo y de la humanidad?
Ahora me asalta otra duda: ¿cuál habrá sido el dios de Saramago?
En mi anterior entrada de este blog recordaba a la figura de Matilde Cantos y su compromiso social y político. Saramago ha sido un hombre y un escritor comprometido. Ha ejercido también durante su vida ese valor humano, tan poco frecuente, que es el compromiso con su tiempo, con la justicia social, con los demás…
Él decía que no escribía para agradar ni tampoco para desagradar, escribía para desasosegar. Probablemente para desasosegar tanto dolor causado por el sufrimiento y la injusticia con que se ha cargado este mundo y que aguijonea sin remisión las conciencias.
También dijo: "Yo no escribo por amor, sino por desasosiego; escribo porque no me gusta el mundo donde estoy viviendo". Y el mundo lo construimos nosotros, los humanos. Dios es sólo una excusa.
José Saramago ha muerto casi sin hacer ruido, con esa pose relajada y de hombre tranquilo que siempre llegó hasta nosotros.

*Foto Pedro Walter

1 comentario:

coco dijo...

http://www.cuervoblanco.com/factordios.html
Lectura recomendada para comprender la visión de Saramago sobre "El factor Dios"

"Y, con todo, Dios es inocente. Inocente como algo que no existe, que no ha existido ni existirá nunca"