viernes, 18 de noviembre de 2011

BOTINES

Nadie como Botines me está dibujando el implacable paso del tiempo. Ni los cambios que anuncian el crecimiento acelerado de Ángela e Inés, ni la imagen del amigo que he vuelto a ver transcurridos veinte años, ni siquiera los cambios estacionales que me muestran cada mañana la parra virgen aferrada a la tapia o la exuberante higuera del jardín, son capaces de trasladarme la profunda sensación del paso del tiempo que me trasmite Botines.
Hace pocos meses corría con agilidad juvenil, estaba alerta y levantaba la cabeza ante un ruido poco familiar. Ahora es incapaz de seguir el camino que le lleve a lugares que siempre han sido familiares. Sus ojos ya no le abren ventanas al mundo, ni su olfato es capaz de rastrear donde se encuentra la comida, a duras penas ya le guían.
Antes él te acompañaba, ahora eres tú quien lo acompañas. Antes vigilaba tus movimientos, ahora solicita que vigiles los suyos. Aún recuerdo cuando con orgullo asumía su papel de guardián de la casa y husmeaba cualquier rincón, ahora tiene necesidad de ser protegido.
El tiempo es uno de los grandes enigmas del hombre. Ese tiempo que constituye un preciado patrimonio individual, a decir de Baltasar Gracián. A veces siento que nos pasa como a Juan Preciado que, empeñado en buscar a su padre Pedro Páramo, es incapaz de encontrar un tiempo que para él ya está perdido, a pesar de su incansable tráfago en el mundo de las sombras.
Sólo en Botines aprecio con nitidez que el tiempo pasa y que va dejando signos palpables de todo lo que es finito. Botines es mi perro, es el hermano de Cuca y el hijo de China. Sólo queda él. Pronto nos dejará y se dará paso a los recuerdos.
García Márquez concluía El otoño del patriarca con aquella memorable sensación de que aquel tiempo de la incontable eternidad, centrada en la maldad, la crueldad, la ignominia o la abrumadora tiranía, había por fin terminado.
Botines es posible que haya entrado ya en ese estado de melancolía que nos arranca pedazos de la vida sin compasión. Pero lo cierto es que sólo a través de él estoy encontrado en este momento la irrefrenable percepción diaria de que el tiempo pasa.

* Botines nos ha dejado, el 30 de noviembre por la mañana, le faltaban dieciséis días para cumplir los quince años. Hoy, 2 de diciembre, puedo asegurar que hemos entrado en el tiempo de los recuerdos.

4 comentarios:

alamo dijo...

Me ha encantado el relato del paso de tiempo en Botines.

Un beso muy grande desde Madrid, de alguien a quien con esta publicación le has tocado el corazón.

coco dijo...

Muy bueno este relato tuyo.
Convivir con animales, sobre todo con perros, que son ejemplo de amistad y fidelidad es muy gratificante, el único inconveniente es que sus vidas son más cortas y nos toca sufrir. Contando con eso los acogemos y los disfrutamos mientras podemos, hasta que un día vemos en ellos lo que nos espera. Por suerte para ellos, las leyes de los hombres no les son de aplicación y se les puede ayudar a morir dignamente, cosa que a nosotros nos está vedado.
No puedo resistir la tentación de poner aquí a mi Kiki.

http://coco-cocovida.blogspot.com/2009/09/kiki_29.html

coco dijo...

Me cuentan que ya no está Botines en este mundo, lo siento mucho, de verdad, un abrazo.

Antonio Lara Ramos dijo...

Así es, Coco. Botines nos dejó el 30 de noviembre, ahora es el tiempo de los recuerdos. Lo echamos mucho de menos, ha dejado un gran vacío.
Gracias, muchas gracias.
Charo te lo agradece de corazón. Así me lo ha dicho que te lo transmita.
Un abrazo.