viernes, 30 de diciembre de 2011

¡NIÑO, CÁLLATE!

Hace unos meses tuve la oportunidad de compartir mesa con alguien que había sido un responsable político en la Administración educativa. Sus cargos de responsabilidad (tuvo varios) le habían tenido al frente de la política educativa en los últimos quince años. En el transcurso de la comida conseguí enterarme que había vuelto a sus clases en el instituto (algo muy loable para un político, pues la vuelta a la actividad profesional es más que necesaria, cuando no una exigencia).
Entre sus comentarios acerca de la nueva experiencia se refirió a la notable diferencia que ha percibido entre los alumnos de hace quince años y los de ahora. Una diferencia que definía en las mayores dificultades para impartir clase. Decía pasarse gran parte de la clase diciendo: ¡Niño, cállate!, ¡niño, siéntate! El comentario describía una realidad constatada a diario, pero que en su caso era una novedad.
Le dije que en un gran porcentaje los alumnos que tenemos en nuestras aulas son la consecuencia de nuestra toma de decisiones en política educativa. Decisiones adoptadas por muchos de los que estábamos en aquella nutrida mesa, la mayoría responsables de la política educativa en algún momento de nuestra vida. La respuesta fue que la culpa la tienen los padres, incapaces de barajar a sus hijos (¿pretendía echar balones fuera?). Le respondí que obviamente nuestros alumnos son la consecuencia de los actos de las familias, los profesores, la sociedad que les hemos construido, pero también de nuestras ligerezas en política educativa.
Ahora este alto cargo, otrora con responsabilidades en decisiones de ordenación de los currículos, de la puesta en marcha de programas educativos, de innovaciones educativas llevadas a los centros educativos, de las orientaciones metodológicas para el trabajo en las aulas, de la selección del profesorado, de contribuir a potenciar o minimizar los roles que juegan profesores, familias y alumnos en un centro educativo, descubre, por mor de su vuelta a las aulas y el contacto con una realidad que la política le había ‘ocultado’ (y también acaso su propia capacidad para estar más próximo a esa realidad mientras ejercía la política) que la realidad de la escuela es muy diferente a la que él recuerda cuando era un profesor sin haber pasado todavía por el harnero de la política.
Dice pasarse gran parte de la clase callando a sus alumnos. ¿Pretende una clase magistral con alumnos convenientemente callados?, ¿reprime las iniciativas de sus alumnos?, ¿su metodología es poco motivadora? Lo cierto es que ha venido a descubrir una realidad a la que hemos contribuido entre todos, y que los responsables políticos parecen no conocer. Y no porque los alumnos no puedan hablar, expresarse, interaccionar en clase… sino porque se han perdido elementales normas de respeto que son de dominio común, no sólo para la escuela, también para la vida en sociedad. Normas que derivan de la falta de autoridad en las familias, de los mensajes fáciles que les llegan a los jóvenes de medios irresponsables de comunicación y publicidad, y también de una forma de hacer educación que perdió en algún momento ese necesario horizonte construido en torno al respeto entre las personas.
Algunas decisiones políticas en materia educativa no han favorecido la vida en las aulas, no lo olvidemos, por precipitadas, poco meditadas, o porque algunas ‘innovaciones’ nos sonaban como excelentes cantos de sirena.
¡Qué bien le sienta al que se dedica a la política volver a la vida civil!

4 comentarios:

eli dijo...

El uno por el otro y la casa sin barrer. Algo así es lo que ocurre con frecuencia.
Buen Año 2012!!
Saludos

Paquito dijo...

Buen post Antonio. Ahora el PP ha anunciado que aumentará en un curso el bachiller. ¿Será efectiva? No, lo creo. Hace falta algo más que eso en nuestro sistema para conseguir que España salga de los peores puestos en cuanto al nivel educativo. Para eso sería necesario un gran pacto a nivel estatal, pero no se si los grandes partidos están en disposición de poder ofrecerlo. Feliz Año 2012

Antonio Lara Ramos dijo...

Paquito, el pacto por la educación es una necesidad que no admite demora. La educación tiene que estar fuera del juego político. Estoy contigo en que quizá no estén por la labor los grandes partidos. Es la miseria en la que algunos se sienten cómodos, sin reparar en el daño que se le está haciendo a la educación en nuestro país. Demasiados intereses políticos y económicos por medio.
Feliz Año.

coco dijo...

Tienes razón en todo,porque conoces el tema como buen profesional que eres.
Reflexiono sobre el tema desde la otra orilla (no soy profesional de la educación, pero soy madre) y me gustaría que ese político-profesor, se diera cuenta de que los padres de ahora son sus alumnos de hace quince años, si tienes ocasión te agradecería que se lo hicieras saber.
Feliz Año Nuevo.