martes, 20 de noviembre de 2012

UN AÑO PARA OLVIDAR

La ventaja que tenemos los que miramos con ojos de historiadores los acontecimientos que ocurren cada a nuestro alrededor es que no precipitamos las conclusiones hasta tanto no las sustenta el paso del tiempo. Nunca creemos del todo las palabras y las promesas de un político hasta que sus acciones las confirman o las desmienten. Hace un año el Partido Popular ganó unas elecciones generales con mayoría absoluta después de pasarse los tres anteriores alimentando la falsa imagen de que si accedía al poder acabaría con la crisis en poco tiempo. La ingenuidad o, quizá mejor, la desesperación de los españoles ante los efectos de una crisis que causaba ya estragos le creyó, y por eso le dio su confianza. Fue un 20 de noviembre, una fecha enquistada en la historia de España. Y es que tal día como este de 1936 moría en prisión José Antonio Primo de Rivera; y otro 20 de noviembre, pero de 1975, hacía lo mismo, es este caso en la cama de un hospital, quien había estado al frente de un régimen dictatorial producto de una guerra civil, Francisco Franco.

Ha pasado un año de la victoria electoral, y no sólo se demuestra que Mariano Rajoy y su partido engañaron al pueblo español con el único objeto de alcanzar el poder, sino que hoy España es un país donde se ha agudizado más la crisis y sus efectos sobre la población son más devastadores. Gobernar con un ‘sentido reformisma’, ha dicho la secretaria general del PP María Dolores de Cospedal para etiquetar este primer año del gobierno de Rajoy, al referirse a las medidas adoptadas en este año para salir de la crisis. No obstante, a la vista de cómo han discurrido los hechos más bien creemos que ese denominado ‘sentido reformista’ no ha tenido otra vocación que gobernar con el único objetivo de reparar los daños del naufragio financiero provocado en España por el sistema financiero alemán y español. Y la percepción es que cuando se restañen la heridas de la banca entonces vendrá el momento de la gente, pero para entonces sólo quedarán las migajas y habremos perdido muchos de los derechos que se habían conquistado en décadas. Entre tanto, la cultura, la educación, la sanidad o la atención social de la ciudadanía seguirán viéndose mermadas porque, como dice Cospedal, son necesarias unas reformas que, para nosotros, no tienen otro objeto que detraer recursos de la ciudadanía para que los que han provocado la crisis económica no sientan sus efectos. Increíble el grado de insolencia y desfachatez de semejante ‘sentido reformista’.

Hace un año el pueblo español se dejó engañar por quienes han demostrado que su única política ha consistido en convertirse en ejecutores de las políticas impuestas desde Alemania y la Troika por encima de la ciudadanía española sobre la que se ha cargado todo el peso de la crisis.