domingo, 8 de septiembre de 2013

LA MARCA ESPAÑA, NUESTRO PEOR ENEMIGO

A todo el mundo le gusta vender su mejor imagen. Y a España como país, también. Queremos que se sepa que nuestras ciudades son monumentales, que nuestra gastronomía es de sabores exquisitos, que nuestro modo de vida es magnífico, que tenemos zonas de recreo y expansión fabulosas en las zonas costeras…, poco más o menos lo que hace Grecia, Turquía, Croacia, Egipto o Marruecos. Y esto no está mal, hay que hacerlo, pero al tiempo que vendemos de modo consciente nuestras excelencias también vendemos otra imagen de España de manera inconsciente, es decir: toda esa cochambre maloliente que conocemos a diario a través de los medios de comunicación y que forma parte de la comidilla nacional e internacional.

La eliminación temprana de Madrid 2020, como candidata a organizar los Juegos Olímpicos, debe llevarnos a una reflexión profunda de cuál es la imagen que de España se tiene fuera.

Somos herederos de la mentalidad hidalga del siglo XVII, la del hidalgo vanidoso, petulante y aparente a cuyo servicio entró el Lazarillo de Tormes. Nos vendemos como potentados cuando nos falta mentalidad empresarial, de ahorro y capacidad de trabajo. Somos más ostentosos que laboriosos. Durante años se ha vendido un estado del bienestar (tanto la izquierda como la derecha) que nos ha hecho más acomodados, porque se nos daba todo hecho, muchas veces sin ganarnos con nuestro trabajo lo que disfrutábamos. Nuestra situación económica es la que es, con un sistema financiero intervenido desde las instituciones internacionales, con millones de parados, con una corrupción política que salpica por todos los rincones del país, con una lucha contra el dopaje de sainete, con un juicio por la Operación Puerto que fue el hazmerreir de medio mundo, deportivo y no deportivo.

En la votación de los miembros del COI (sin entrar a valorar cuál es la adscripción ética de sus miembros) han tenido una gran influencia esos escándalos políticos y económicos que se han trasladado a la esfera internacional (vox populi en el mundo civilizado): desde Andalucía a Cataluña, desde Valencia y Murcia a Galicia. Un Gobierno de España con sospechas fundadas de una financiación ilegal, una trama Gürtel que no sabemos si es antes de lo de Bárcenas o consecuencia de este asunto de los sobres, una banca intervenida, empresarios metidos en la cárcel, EREs, aeropuertos que no funcionan, trajes valencianos…, y mucho más. Nuestro aval de grandes deportistas que triunfan en el mundo en distintos deportes o los éxitos conseguidos por deportes de equipos masculinos y femeninos (fútbol, baloncesto, balonmano, waterpolo…) no ha sido suficiente.

En la mentalidad de nuestros gobernantes, cuando se piensa en clave de desarrollo económico, ha habido siempre un evento al que agarrarse: exposiciones internaciones, olimpiadas, pruebas deportivas, efemérides históricas, etc. Hemos hecho economía acudiendo a organizar grandes eventos deportivos, culturales…, buscando inversiones que eran pan para hoy y hambre para mañana, que sí, que nos adecentan y equipan un poquito, pero que no siempre repercutían en la consolidación de la estructura económica basada en una organización y funcionamiento sólidos. Los grandes países del mundo no basan sus economías en grandes eventos, estos son parte de su dinamismo social y económico, ¿o es que acaso Japón va a impulsar y sostener su economía en la celebración de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020?

Nuestra mentalidad provinciana necesita una catarsis. Quizá la que no se completó con el regeneracionismo tras la crisis del 98 en el siglo XIX, cuando nos apearon de aquella nube de potencia colonial, que no éramos, pero que creíamos serlo, y descubrimos un país anquilosado y atrasado. Necesitamos la catarsis que ni siquiera se ha producido en nuestra época democrática reciente, aun reconocimiento la transformación en positivo que ha sufrido nuestro país, porque tenemos una clase política y empresarial con vicios y hábitos del siglo XIX. Nos creemos el ombligo del mundo, y estamos donde estamos: en una periferia a la que le han sacado los colores con la crisis económica.

La auténtica Marca España es esa realidad que vemos a diario en los medios de comunicación y a nuestro alrededor. La misma que se conoce fuera, aunque parezca que nadie nos observa.

Hay una venda que no nos deja ver la realidad, que cuanto antes nos la quitemos mejor será para el país. Y que conste que nos hubiera gustado que los Juegos Olímpicos para 2020 hubieran venido a España, que para eso amamos y nos gusta el deporte.