miércoles, 16 de octubre de 2013

DOCENCIA, O LA NECESIDAD DE ESTAR AL DÍA EN LA VIDA

Hoy he estado impartiendo una ponencia en un curso sobre la actualización de la función directiva. El Plan de Formación del Profesorado ha sido el contenido que he abordado. He vuelto a experimentar el placer de ejercer la docencia, esta vez ante un numeroso grupo de directores y directoras. Siempre le queda a uno ese recuerdo amable de las clases que preparaba, de las sesiones con los alumnos, del contacto que ello significaba con vidas en ebullición, inquietas, insolentes y retadoras frente a la insípida quietud conformista del adulto. Está claro que lo de hoy nada tiene que ver con aquello, pero ha merecido la pena, aunque nada más haya sido por el hecho de volver a experimentar ese acto de comunicación que representa el desarrollo de una clase.

Hemos hablado de lo importante que es la formación permanente en el profesorado. Esta profesión, estoy convencido, tiene que estar más al día que ninguna otra. Tiene que estar al día no tanto en cuestiones científicas y didácticas, que también, tiene que estar al día en la vida, porque vida es lo que aportan las generaciones y generaciones de alumnos que pasan a lo largo de la vida profesional de un docente. Y todas son diferentes, cada generación es parte de su tiempo, viene con unas expectativas distintas, afronta la vida de una manera peculiar, mientras nosotros, los docentes, parece que seamos los mismos, que estemos siempre ahí, inalterables, como esfinges que perduran en las puertas de entrada a una ciudad; y ellos, los alumnos, entretanto, pasando y pasando sin cesar, mostrándose cada uno tan diferente, tan único.

Hoy he hablado de lo importante que es que un docente no se descuide en estar al día en la vida, porque la vida es ese continuo que gira sin parar, que pasa ante nosotros sin avisar, a veces con alguna novedad inesperada, y ante ello se ha de estar preparado, aunque sea sólo como el reflejo noble de nuestra actitud.

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