jueves, 15 de mayo de 2014

HACER CARRERA EN POLÍTICA

Me ha llamado la atención una de las variables que se manejan acerca del asesinato de Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León, que tiene que ver con el deseo de una de las supuestas actoras de su muerte, Montserrat Triana: “Quería hacer carrera profesional y política bajo el paraguas de Carrasco” (El País, 14/05/14).

Los que hemos hecho carrera profesional a nuestra costa, con el esfuerzo de años, oposiciones de todo tipo, con sinsabores e ingratitudes en el camino, y la constancia como premisa para alcanzar los sueños, sin haber tenido ese ‘padrino o madrina’ que te diera un empujón, no alcanzamos a comprender eso de hacer carrera profesional y política bajo el paraguas de un dirigente político, aunque sabemos que ocurre igual que la lluvia moja el campo.

Esto de hacer carrera política es una práctica común en el seno de los partidos políticos (hay quien se eterniza), donde el mérito y la capacidad brillan por su ausencia. Y lo conozco bien, pues de ello me beneficié en una etapa corta de mi vida. Lo cual no es óbice para que antes, durante y después de ella haya mostrado siempre un rechazo frontal a tales prácticas. Siempre me asaltó el pudor suficiente para sentirme avergonzado y no encontrar la explicación para justificar el modo en que había accedido a ser un alto cargo cuando miraba a la cara a los demás. Así que, antes de sentirme grandilocuente por el cargo alcanzado, pensaba que mi obligación debía ser la de redoblar mis empeños como servidor público, así como estar el tiempo indispensable para aportar algo bueno y retirarme a mi actividad laboral en cuanto pudiera. Y creo que en ello siempre fui coherente, aunque me empujaran a retirarme antes de haber aportado todo lo que hubiera querido.

Parte del mal de la política arranca no tanto en esa pretensión de querer hacer carrera política como en las formas en que ello se cuece en el seno de los partidos, sobre todo en el caso de los jóvenes que aún no se han labrado un porvenir. Hacer carrera política bajo el halo protector de un alto dirigente es someterse a una servidumbre personal y política de incalificable alcance. Con ello se estimulan casi siempre las más indecentes prácticas clientelares y se propicia un terreno abonado para que cundan las decisiones caprichosas, la arbitrariedad, el amiguismo o las decisiones despóticas.

Montserrat Triana quería hacer carrera política, como muchos jóvenes que se acercan a la política, sin haberse labrado una carrera profesional al margen de la política. Una carrera profesional que le diera la independencia y solidez de criterio para afrontar el reto que requiere el servicio público, y que ayuda a no caer tanto en la servidumbre y la tiranía arbitraria del que te aúpa al puesto. Pero estamos ante una práctica que no es más que la reproducción de un modelo enquistado en la organización de los partidos y que propicia en los escogidos menor compromiso público y mayor compromiso y servidumbre con quien los ha colocado allí.

Hacer carrera política de este modo puede frustrar a quien considerándose capacitado para una labor es apartado por capricho o aversión por líderes que sólo buscan rodearse de quienes mejor le sirven para mantenerse en su posición.

¡Pobre política!

*Foto de Mauricio Peña

1 comentario:

Miguel Becerro dijo...

El clientelismo político es uno de los grandes males de la política desde la transición.Así que, en aras de tener fieles serviles,políticos lacayos sin altura moral, ni adcripción ideológica, se han vaciado las instituciones democráticas de personalidades formadas, de hombres y mujeres sin altura intelectual...A cambio se ha creado el oficio de político;sólo hay que encontrar el paraguas que nos cubra y ¡a vivir del presupuesto nacional!