lunes, 20 de octubre de 2008

ENTREVISTA SOBRE EL LIBRO 'LA FUNCIÓN TUTORIAL'



Entrevista en IDEAL (7-VII-2008)

«Los padres que van a preocuparse por sus hijos al colegio son muy pocos»


Andrés Cárdenas.

Granada

El inspector de Enseñanza Antonio Lara Ramos resalta en un libro la labor del tutor como parte esencial del quehacer profesional del docente

«La sociedad actual es muy cambiante. Todo tiene una fecha de caducidad y los jóvenes se ven sometidos a una serie de influencias externas que les condicionan y que trasladan a la escuela. Por eso hace falta la figura de un tutor, una persona que esté dispuesta a escuchar al joven y tratar de resolverle los problemas personales y emocionales que tenga». Así justifica Antonio Lara Ramos la figura del tutor en los centros de enseñanza. Lara, ex delegado de Educación e inspector, ha escrito un libro que lleva el nombre de ‘La Función tutorial. Un reto en la educación de hoy’, que ha editado el Grupo Editorial Universitario. En este volumen, Lara reflexiona en torno a la función de los tutores, que cree que son parte esenciales del quehacer profesional del docente.
«Son los que hacen de puente entre los padres y los profesores y los que pueden encauzar a algún chico o chica que no van bien en los estudios por cualquier problema.
Muchas veces se hace de psicólogo o de hombre bueno para tratar de comprender a los alumnos con problemas o tiene alteraciones emocionales», dice Lara Ramos.
Para el autor del libro, esta función cada vez alcanza mayor relevancia en la educación. «No olvidemos que el papel del profesorado en este campo es básico y que sus acciones dependen bastante de la tarea educativa. Hay algunos profesores que dicen que ellos no son psicólogos y que esa no es su labor, pero yo les digo que sí, que sí es su labor porque nuestra misión es preparar personas para el día de mañana».
Para Lara Ramos, abordar la educación en esta época supone hacerlo desde múltiples aspectos de la persona, sin olvidar que en esa tarea son muchos los agentes educativos –familia, profesorado, medios de comunicación...–implicas en su propia cuota de responsabilidad.
«La familia es esencial. Pero hay padres que casi nunca van a los centros a preocuparse por cómo van sus hijos o si necesitan otro tipo de ayuda. Y es curioso, los padres que van más a los centros son los que tienen hijos sin problemas. Y sin embargo, los padres de los que requieren mayor atención, no van».

«Necesitaba decirlo»
El profesor Lara dice en su libro que el tutor, visto desde una óptica moderna, es muy importante que conozca a sus alumnos en lo personal, como punto de partida para orientales y ayudarles mejora en su desarrollo personal y social. Pasa, de este modo, a convertirse en una persona en la que los alumnos confían plenamente y a la que sienten muy próxima.
Para Lara Ramos, la figura del tutor ha existido siempre, aunque no con las connotaciones de hoy.
En las comunidades primitivas siempre hubo quien se ocupara de guiar los pasos de los más jóvenes, alguien en la tribu que les enseñara el saber acumulado, las prácticas y las costumbres de los antepasados.
En las polis griegas, la educación de los hijos estaba al cuidado de la madre, hasta que tenían siete años y pasaba a la tutela de un preceptor. Grandes figuras del pensamiento han ocupado el cargo de ‘preceptor del príncipe’, encargado de la tutela y la formación de quien después ocuparía un lugar en la historia. Así, Aristóteles se ocuparía de ser el tutor de Alejandro Magno cuando éste tenía 13 años de edad.
En general, esta figura del preceptor, según Antonio Lara, es la que más ha trascendido como prototipo de la persona encargada de guiara los pasos y ocuparse de la formación del príncipe. La podemos encontrar en todas las épocas y en todos los lugares.
El autor del libro señala que esa figura de preceptor ha evolucionado con el tiempo y después de ser un poco olvidada, desde hace unos veinte años se ha hecho imprescindible en todos los centros de enseñanza. Antonio Lara asegura que ha escrito ese libro «porque necesitaba decir lo que he dicho. Son muchos años los que llevo en la enseñanza y casi me veía obligado a transmitir mis impresiones sobre los tutores».
Lara está convencido de que la educación es el compromiso de mucha gente y si no hay una corresponsabilidad, «esto nunca va a funcionar».

«Los alumnos no son máquinas»
Antonio Lara Ramos lo tiene claro. Cuando se trabaja con niños o jóvenes, se está trabajando con un material muy sensible. «Los alumnos no son máquinas, son personas y aún cuando hay que exigirles su cuota de responsabilidad, hay que tener en cuenta que son seres en proceso de formación», dice Lara al referirse al papel de los padres y profesores en la educación de los alumnos. Por eso considera imprescindible la función tutorial en los centros.