domingo, 5 de abril de 2009

70 AÑOS DEL SERE Y LA JARE

ANTONIO LARA RAMOS

Ahora que hemos cumplido el septuagésimo aniversario de aquel comunicado de guerra, fechado en Burgos el 1º de abril de 1939, que a la sazón decía: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército rojo, han alcanzado las tropas Nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”, es bueno recordar que las autoridades de la República organizaron la atención de los miles y miles de exiliados que trajo consigo aquella barbarie que fue la guerra civil.
Para ello se crearon organizaciones que tenían como finalidad ocuparse de los refugiados españoles: el Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE) y la Junta de Auxilio a los Refugiados Españoles (JARE).
El SERE, fue creado en marzo de 1939 por el que era presidente del Gobierno, Juan Negrín. Su finalidad era prestar ayuda a los refugiados en Francia, trasladarlos a México u otros países, así como proveerlos de los medios de subsistencia, trabajo, asistencia médica y educación que fueran necesarios. En este organismo estuvieron representados todos los partidos políticos y los principales sindicatos.
La JARE fue creada por iniciativa de la Diputación Permanente de las Cortes y estuvo bajo la dirección de Indalecio Prieto. Se creó en París el 31 de julio de 1939 y su fundación se puede considerar como un acto de oposición al SERE. En México se convirtió en el principal órgano de ayuda a los refugiados, ya que tuvo un reconocimiento expreso del presidente mexicano Lázaro Cárdenas y, sobre todo, porque se encargó de los fondos que Negrín enviaba a México para el SERE.
En México, con estos fondos se crearon algunas empresas para proporcionar trabajo, colegios para atender la educación de los niños, organismos de beneficencia y socorro, servicios médicos y otras entidades que pudieran cubrir las necesidades básicas de los refugiados. Gracias a estas dos organizaciones muchos refugiados consiguieron salir adelante en condiciones tan adversas.
No olvidemos que al exilio salieron en torno al medio millón de españoles. Pero no olvidemos tampoco que de estos refugiados alrededor de una cuarta parte correspondería a una ‘élite intelectual’. Lo que significó una auténtica sangría de ‘cerebros’ para España.
Es obvio, que eran los ‘cerebros’ que estorbaban al Caudillo para acomodarse al poder sin que nadie le hiciera sombra.