lunes, 16 de mayo de 2011

VARGAS LLOSA O EL VALOR DE LA HUMILDAD

“La función de la literatura es hacer vivir lo que en la vida real no podemos vivir”. Con estas palabras Vargas Llosa quiso concitar el sentido más profundo de la creación literaria. Y así dejó claro que entiende la literatura sólo en contacto con la vida, algo en lo que se consideraba profundamente sartriano.
No le importó reconocer que había imitado a los grandes del género: Dickens, Balzac, Tolstoi… ante la audiencia que nos congregamos para escucharle en el Auditorio Manuel de Falla en Granada. Como tampoco eludió decir que ha escrito sobre ciertas cosas porque ‘me han pasado ciertas cosas’.
Sincero, humilde y cercano fue la impresión que me causó el actual premio Nobel de Literatura en la agradable conversación que sostuvo con Benjamín Prado en el acto central del Festival Internacional de Poesía de Granada (9-13 mayo).
Sus primeros referentes literarios fueron Gustave Flaubert y William Faulkner. Pero también contó que le fascina la poesía desde siempre, aunque no se encuentre dotado para ella. Mencionó a Neruda, y sobre él rememoró que su madre le prohibió leer Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Suficiente para que su curiosidad se elevara exponencialmente y terminara buscando la manera de leerlos. En esa clandestinidad y a esa edad los versos: “Mi cuerpo de labriego salvaje te socava/ y hace saltar el hijo del fondo de la tierra” reconoció que le produjeron un auténtico desasosiego infantil.
El otro poeta que ha merecido su atención (pues su interlocutor le pidió que nombrara sólo a dos, y obviamente le sobrevino la duda) es Góngora. “A Góngora he vuelto muchas veces”, y dijo que le mantuvo viva su vocación de escritor cuando aquella experiencia política en su Perú natal.
La conversación fue subiendo de nivel y de interés, y las palabras de Vargas Llosa elevando el entusiasmo de los asistentes.
Una parte sustancial de esa conversación entre ambos escritores se centró en la conexión entre literatura y periodismo. Él trabajó como periodista. Y manifestó que existe un parentesco entre el periodismo y la literatura, pero que hay peligros, pues se trata de lenguajes distintos y que el lenguaje en literatura no es sólo un medio sino un fin en sí mismo, al contrario del periodístico.
Vargas Llosa no ha abandonado nunca el periodismo. De hecho el periodismo de opinión que cultiva le permite estar en la vida e implicarse en el debate público.
En esta faceta periodística recordó una anécdota con Pablo Neruda en París, cuando fue a hacerle una entrevista. Dijo que estaba muy nervioso y que cuando fueron a comer pudo comprobar la fama de glotón de Neruda, pues comía con dos cucharas.
Luego vino el turno de hablar de la novela.
Apuntó que la novela refleja las carencias de la sociedad. Y que si tuviera que definirla recurriría a la definición de Balzac: “La novela es la historia de la vida privada que no podemos escribir”. Definición que le parece fascinante y que lo dice todo de lo que es una novela.
Cuando quiso hablar de las grandes novelas expresó una idea: “Las grandes novelas son las grandes, las que son extensas, con muchos personajes, con proyección en el tiempo, y que recogen mundos diversos y complejos”.
Pudiera parecer que en su trayectoria creativa ha ido planificando el contenido de sus novelas. Nada más lejos de la realidad. Su obra no la ha tenido nunca planificada, ha surgido de una idea que le ha subyugado o de un hecho que le ha despertado el interés. Quizá por eso, a su entender, se le haya colado en su obra alguna novela erótica, de humor o policiaca.
Al hablar de los personajes de sus novelas confesó un pecado literario: “A los personajes malos les cojo cariño”. Y concluyó que si no te encariñas con los personajes no los haces verosímiles.
A la pregunta de por qué están tan presentes en sus novelas, como una constante, la corrupción y los abusos del poder Vargas Llosa lo justificó por el autoritarismo que siempre le ha rodeado: el de las dictaduras de América Latina y el que vivió en el seno de su familia a través de la figura del padre. La literatura, reveló, fue el refugio frente al autoritarismo de su padre y a la rigidez de sus normas.
La percepción de esta amena conversación entre Vargas Llosa y Benjamín Prado es que habíamos asistido a una privilegiada tertulia en la que hablaron dos, pero en la que todos nos sentimos partícipes a través de nuestra atenta escucha y de nuestro pensamiento.

2 comentarios:

ROBER dijo...

Buenísimo tu comentario Antonio. Te envidio el haber podido estar allí. Por suerte leo y releo a Llosa y justifico en pleno lo que dices y el premio que recibiera. He leído opiniones encontradas, pero prevalecen las que justifican el galardón recibido. Estuvo también en Argentina, donde se suscitaron comentarios vergonzosos de funcionarios argentinos, pero la presidenta, con un mínimo de acierto no los apoyó públicamente, aunque eso no vale para equilibrar tantas palabras vanas que ha vertido siempre.
Un saludo

Antonio Lara Ramos dijo...

Rober, me alegra coincidir contigo en la figura de Vargas Llosa.
Su dimensión literaria es colosal.
Un saludo.