lunes, 20 de febrero de 2012

EL CRUCIFICADO DE MIGUEL ÁNGEL


La especulación al no ser propiedad de nadie está muy bien repartida por este mundo. En nuestro país hemos vivido durante años la época dorada del pelotazo urbanístico. Como sonoros han sido los que se han pegado en el mundo financiero internacional.
El mundo del Arte es terreno propicio para la especulación. En ella caben el engaño y el timo. Como también caben en la falsificación de una obra de arte con fines crematísticos. No tenemos más que recordar al afamado Erik el Belga, cuyas falsificaciones han llegado incluso a cotizarse. Pero diríamos que en este caso se trata de un engaño con arte. Por su parte, la venta de una obra de arte con la impostura de una autoría falsa encierra otro tipo de engaño, menos laborioso, más grosero, más burdo.
Hoy conocemos la noticia de que hace tres años el Gobierno italiano compró un Cristo crucificado, una talla de madera policromada de 41 cm. de finales del siglo XV. Por ella el Estado pagó 3,2 millones de euros. Entonces se dijo que se había comprado a precio de ganga. Ahora se sabe que ni es de Michelangelo Buonarroti y que su precio en el mercado rodaría los 700.000 euros.
En el mundo del Arte como en la investigación histórica la base de cualquier decisión y análisis tiene que tener como sustento los documentos que confirmen los datos y que hagan huir a la conjetura y la especulación. Con este principio es fácil ahuyentar a listillos y especuladores, aunque mucho me temo que siempre encontraremos a alguien que sea la víctima propicia del timo de la estampita, aunque se trate de un Estado, ¿o quizá por eso mismo sea más fácil? En tal caso pasaríamos la frontera para llegar a la corrupción.