Recién inaugurado el nuevo año, la degeneración política internacional ha dado un paso capital. Después de años convulsos y flagrante vulneración del derecho internacional —invasión rusa de Ucrania o genocidio de Israel en Gaza—, con la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, bombardeando lugares estratégicos, asesinando soldados y civiles, y secuestrando al dictador Nicolás Maduro, la obscena unilateralidad imperialista ha regresado.
Las palabras de Trump justificando esta incursión, remarcando que allí se hará lo que él decida con el petroleo o el acceso a comunicaciones estratégicas, dándole continuidad al gobierno chavista, advirtiéndole de su sumisión —al más puro estilo de los Genovese—, desvela en qué momento histórico estamos: ejercicio del unilateralismo mediante la exhibición de un sofisticado poderío militar, un lenguaje desprovisto de diplomacia, sin olvidar las amenazas a Colombia, Cuba o Groenlandia, o a cualquier país que se oponga a sus planes. Hemos vuelto al imperialismo del XIX y XX, acaso como celebración del quinto aniversario del asalto al Capitolio.
La era del multilateralismo ha llegado a su fin. Los nuevos ‘monarcas de las sombras’ lo han decidido: imponiendo soluciones unilaterales a beneficio de intereses propios, sin rubor, vulnerando el derecho internacional, menospreciando a los organismos supranacionales. Y no se trata de países menores, son grandes potencias militares gobernadas por tipos amparados por magnas corporaciones geoeconómicas dispuestas a someter a pequeños países dotados de riquezas naturales.
¿Un nuevo orden internacional? Desde hace años China e India respiran en el cogote de EE UU y Rusia. Ninguno muestra interés por un entendimiento global para favorecer un futuro mejor: cooperación, ayudas al desarrollo, bienestar mundial... EE UU lo ha hecho sin ambages, burdamente, vindicando una hegemonía en todos los órdenes: militar, económica, tecnológica, política, advirtiendo sobre cualquier interferencia. No sabemos cuánto durará o hasta dónde llegará el órdago, o si semejante arrebato será el principio de su declive como potencia hegemónica, a tenor del ‘torpe’ proceder en las relaciones económicas con el resto del mundo, imponiendo una política arancelaria trasnochada, propia del mercantilismo de la Edad Moderna. La economía mundial es globalización, principio básico del capitalismo de las grandes corporaciones. Quizás convenga recordar aquella frase de la campaña electoral de Clinton (1992) contra Bush padre: “Es la economía, estúpido”; o la máxima del materialismo histórico: la economía condiciona y determina en última instancia la superestructura política y cultural.
El multilateralismo iniciado tras la Segunda Guerra Mundial, potenciado tras caer el muro de Berlín, un sistema de reglas y procedimientos, primando la resolución de problemas vía diplomática y cooperación internacional, se resquebrajó cuando Trump, iniciado su segundo mandato, decidió retirarse de organismos internaciones que consideraba fraudulentos o corruptos: OMS, Comisión de Derechos Humanos (ONU) o Acuerdo de París contra el cambio climático. Campando libremente, como primera potencia mundial, obviamente estos organismos perdieron capacidad reguladora en procesos colaborativos. Sin predicamento, sin posibilidad de ser escuchados, desaparecieron para esta banda de gánsteres que gobierna el mundo a su antojo.
El multilateralismo ha sido sustituido por la barbarie, la ley del más fuerte, el supremacismo, el capitalismo feroz, los intereses individuales, la vulneración de derechos humanos, la denigración de la legalidad internacional… Adiós al espíritu de cooperación internacional, solo codicia y cuenta de resultados. Hospitales o entidades públicas gestionados por empresas privadas dispuestas a sacar grandes beneficios a costa de mermar servicios públicos y desatendiendo enfermos crónicos o desfavorecidos. Entretanto, desprecio a la colaboración para afrontar graves problemas —cambio climático, subdesarrollo, hambre, delincuencia internacional...—. Un desesperanzado futuro para la humanidad que, acudiendo a El precio de la desigualdad de Joseph Stiglitz, no cubre las necesidades del 99%, de población mundial, pero sí los enormes beneficios del otro 1% que controla los resortes económicos del planeta.
La Unión Europea, adalid del multilateralismo, está en crisis. Rusia y EE UU buscan su debilitamiento, cuando no su destrucción. El trumpismo y sus secuaces infiltrados en Europa minan su cohesión. Europa por sí sola no puede afrontar con garantías la defensa contra la Rusia de Putin que, sin prisas, alarga la guerra en Ucrania y envía drones de advertencia al corazón del territorio europeo.
“Europa 2035: ¿un puñado de dictaduras colonizadas y sometidas a amos extranjeros?”. Hace unos días el historiador alemán Philipp Blom titulaba así un artículo publicado en EL PAÍS (5/1/25). Escribía: “Desde 1945 y, todavía más, tras la caída de la Unión Soviética, el futuro fue la promesa de crecimiento económico y justicia social sin fin, de desarrollo global y derechos humanos... más democrático y liberal, comercio pacífico… Hoy, el futuro se ha convertido en una amenaza: crisis climática, guerra en Europa, crisis energética, democracias que se desmoronan… sociedades envejecidas”. El futuro no es prometedor para Europa. Blom lanzaba una última idea desesperada: “Lograr la necesaria unión democrática... no es una cuestión de falta de fondos, experiencia, manos o cerebros. Lo que falta es voluntad política”.
Recordemos, pensado en los cafres incultos que gobiernan el planeta, que si se produjera una tercera guerra mundial, esta se dirimiría en suelo europeo. No estadounidense, ni siquiera ruso, salvo regiones próximas al campo de batalla.
La cultura se diluye en un mundo que solo piensa en lo material. Nos pasará como a los dos peces jóvenes de la lectura citada por Nuccio Ordine en La utilidad de lo inútil, que Foster Wallace leía a sus alumnos, quienes al cruzarse con un pez más viejo les preguntaba: “Buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?”; ante la cual uno de ellos decía al otro: “¿Qué demonios es el agua?”.
*Artículo publicado en Ideal, 11/01/2026.
** Ilustración en Ideal.

No hay comentarios:
Publicar un comentario