lunes, 20 de abril de 2026

ABRIL DIVINO, QUE VIENES CARGADO DE SOL Y ESENCIAS*



Para Federico García Lorca “la poesía es algo que anda por las calles”, respondía así a la pregunta: “¿Qué es la poesía?”, que le hacía Felipe Morales Rollán para ‘La Voz’ de Madrid un 7 de abril de 1936. Del mismo modo andarán por las calles de Granada los libros de poesía, narrativa, ensayo, viajes, cómics, infantiles… en este “abril divino”, como lo calificara nuestro poeta en ‘Canción primaveral’. El primer Lorca, al que aludía José Hierro en la conferencia —17/abril/1968— pronunciada en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, publicada en Cuadernos Hispanoamericanos.

Aunque solo fuera porque en este mes se celebra el Día del Libro, abril habría de concebirse como tiempo de libros y poesía. A lo que hay que sumar este año la mayor explosión festiva del universo libro: la Feria del Libro de Granada en la última semana del mes en que “se vistió la nieve / de vagos carmines”, cuando “la tarde de abril moría, / rosamente melancólica”, como escribiera otro gran amigo de Federico, Juan Ramón Jiménez. Juan Ramón y Zenobia Camprubí visitaron Granada del 21 de junio al 3 de julio de 1924, acudiendo a la invitación del ‘Cárdeno Poeta Granadí’, como llamaba el moguereño a Federico, contando con la inestimable compañía de Emilia Llanos para agasajarlos en aquella estancia.

El “abril divino” granadino de este año estará ataviado de un libresco traje engalanado con un toque de atuendo bibliófilo, justo el año en que se cumple el centenario del Día del Libro, remontándonos a aquel 1926, cuando el escritor valenciano Vicente Clavel Andrés propuso a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona tal celebración. Al principio se fijó la conmemoración para el 7 de octubre durante años, hasta 1930, cuando pasó al 23 de abril para hacerla coincidir con el fallecimiento 23/abril/1616 de dos grandes figuras de la literatura universal: Miguel de Cervantes y William Shakespeare. Sumándose en 1988 la UNESCO para hacerlo más extenso: Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor.

En la Feria del Libro de este año —23 abril/3 de mayo— lectores y autores vamos a compartir unos días de entrañable simbiosis emocional alrededor del amor profesado al libro, convocados bajo la proclama teatral lorquiana: “Así que pasen cinco años”. Cinco años que miden el tiempo que nos queda para hacer realidad una de las mayores ilusiones que han aglutinado —por fin— el esfuerzo colectivo de granadinos y granadinas, de pensamientos diversos, que se recuerda: el proyecto de Capitalidad Cultural Europea Granada 2031. Un proyecto común, en cuyo favor hemos remado todos, dejando al margen las absurdas discrepancias que siempre solían dar al traste tantas veces con proyectos de futuro para Granada y provincia.

No obstante, esta fiesta en torno al libro no tiene el mismo predicamento en todo el mundo. Vivimos tiempos de fanatismo integrista, donde la represión y la prohibición de libros es una práctica común en entornos autocráticos, generándose incluso listados de libros prohibidos, incluidas algunas democracias occidentales. Acaso Estados Unidos sea el caso más paradigmático, donde se habla de más de 10.000 títulos prohibidos en bibliotecas públicas y académicas. Recientemente hemos escuchado a Isabel Allende decir: “Me honra que se prohíba La casa de los espíritus en Estados Unidos”. La ola de intolerancia y conservadurismo que invade este país ha debido considerarla una obra peligrosa y manipuladora de cerebros. El temor por los libros despertado en siglos pasados ha vuelto como síntoma de un tiempo de retroceso en valores culturales y científicos, proliferando posiciones retrógradas, terraplanistas y supremacistas que contrastan con la misión espacial a la Luna de Artemis 2.

Miedo a los libros que, sin embargo, como tesoros compartidos que enhebran redes de complicidad entre lectores anónimos, resistirán, como lo han hecho a lo largo de la historia. El poder mágico que poseen será capaz de combatir las prohibiciones de mentes atrofiadas.

El futuro de nuestros jóvenes está en ellos, como promesa de sensaciones, mundos por descubrir, conocimiento del ser humano, ciencia o saberes contrastados que minimizan opiniones sin fundamento. La poesía, ese arma cargada de futuro, como la definiera Gabriel Celaya, aupada en la palabra, les proporcionará la fuerza para afrontar los retos y combatir la intolerancia y las ideas fanáticas que proliferan en el mundo, las que desprecian a los diferentes, convertidos en enemigos por intereses espurios. La palabra, el mejor instrumento para fortalecer las mentes de niños y jóvenes, dotarlas de herramientas intelectuales que los hagan libres y de pensamiento crítico.

Las perniciosas olas retrógradas se combaten con los libros, porque quizás no exista mejor manera de mirar al mundo que la lectura. Ayudarles a descubrir el placer de leer y respetar la irreemplazable contribución de los creadores al progreso social y cultural es el gran legado que una sociedad educadora puede trasladar a las generaciones que se abren a un mundo cargado de trampas y subterfugios banales, plagado de engañifas de vanidades hipertrofiadas por las redes sociales.

Abril divino, que vienes cargado de sol y esencias...” y de libros. No serán pocas las citas que con ellos nos deparará este mes.

Dejémonos arropar con sus palabras que nos invitan a imitarlos cubriéndonos de excelsas y buenas ideas, y pensamientos que hablan de amor, vida, solidaridad…; que derroten a la ignorancia, los bufidos, las excrecencias de lo burdo, que solo traen desgracia y desvalimiento…; y que en esta fiesta de libertad aviven siempre los sentimientos y emociones sobre las que cabalga la esperanza.

*Artículo publicado en Ideal19/04/2026.

**Álvaro Reja, Al oido de una muchacha.

martes, 7 de abril de 2026

GOBERNANTES PARANOICOS PARA UN NUEVO ORDEN MUNDIAL*

 


Que el panorama mundial que nos están brindando en los últimos años los gobernantes que lideran potentes países es de una inestabilidad continua, que no da tregua para recuperarse de una trastada a otra, es a todas luces lo peor que hubiéramos imaginado quienes soñamos con un mundo mejor.

Giuliano da Empoli La hora de los depredadores (2025) viene a decir que la aparente estabilidad política de las últimas décadas ha quedado atrás en un mundo donde la IA ya está fuera de control, el respeto a las instituciones y los derechos se ha convertido en algo irrelevante para autócratas y magnates de la tecnología que moldean la realidad a su antojo “mediante la fuerza bruta, el engaño y las disrupción caótica”.

Estos depredadores también juegan a realizar promesas envueltas en benevolencia, como los dirigentes que tienen buenas intenciones, pero pronto descubren su lado perverso porque tienen menos paciencia, disimulan peor o carecen de sentido del ridículo. Su máxima es provocar el caos, donde se encuentran cómodos, lejos del imperio de la ley. “El caos ya no es el arma de los insurgentes, es el sello del poder” —reza la portada del libro de Empoli—. Y en su interior: “Tres meses antes de la invasión de Ucrania, Surkov, destituido por Putin..., publicaba un artículo en el que todo estaba ya decidido. Toda sociedad, escribió él entonces, está sometida a la ley física de la entropía... ante la ausencia de una intervención exterior, acaba por producir el caos en su interior. Es posible gestionarlo hasta cierto punto, pero la única manera de resolver definitivamente el problema es exportarlo”. Esta ha sido la tónica de los grandes imperios de la historia: exportar el caos allende sus fronteras, llevar guerras a otros territorios —no al suyo— y controlar el propio bajo una premisa: necesidad de atacar al fingido enemigo para seguridad autóctona.

Convertido el mundo en un caos mayor que en décadas pasadas, este primer cuarto del siglo XXI se parangona con el del siglo pasado. La duda que nos queda es si seguirá la misma deriva de una centuria cargada de sobresaltos políticos, crisis económicas y guerras mundiales, alternando livianos periodos de paz y convivencia tras la Segunda Guerra Mundial. Respiros reponedores que bajo una visión multilateral miraban hacia un horizonte que pretendía consolidar valores consensuados en distintas declaraciones universales. Ahora, sumidos en la denominaba ‘edad de la ira’, como la definía Pankaj Mishra en La edad de la ira. Una historia del presente (2017), tratamos de explicar el fin del ‘viejo orden’ frente al prometido ‘nuevo orden’ de gobernantes-depredadores. Con una aceptación, salvo destacadas resistencias, que se sustanció en el desliz de Ursula von der Leyen al intentar aclarar qué pasa en nuestros días de belicismo compulsivo y amenazas por doquier a quien no esté en la paranoia instalada el lado bueno de la historia, dicen, pisoteando el derecho internacional y convirtiendo el planeta en una selva donde impera la ley del más fuerte y la imposición de nuestro ‘silencio cómplice’.

Adiós a todo lo que habíamos construido desde una visión de justicia, respeto y solidaridad; adiós a avanzar en materia social, medioambiental o cooperación internacional. Y bienvenida la ley del matón de barrio, la esquilmación del planeta, desprecio territorial o ‘desfenestración’ del diferente y/o desfavorecido. Como señala Pankaj Mishra: “La edad de la ira da simplemente por sentado un bullicioso telón de fondo de construcción de naciones, transformación desigual de economías regionales y agrícolas en economías industriales y globales, y aparición de las políticas y los medios de comunicación de masas”.

Generalmente las guerras las desatan gobernantes ambiciosos, movidos por intereses personales y afectados por trastornos mentales y rasgos de patológicos de personalidad. Lo lamentable es que el poder, antes o después, termina siendo patrimonio de estos tipos y nosotros, bajo el paraguas de la democracia, lo permitimos. La nómina de gobernantes-depredadores es muy extensa. Los más señalados no han dudado en provocar conflictos bélicos sin reparar en daños ni consecuencias. Los paradigmáticos casos de Putin, Netanyahu y Trump han venido a subvertir el orden mundial alterando las relaciones internacionales.

Mary Trump, psicóloga, escribía Siempre demasiado y nunca suficiente: Cómo mi familia creó al hombre más peligroso del mundo (2020), refiriéndose a su tío Donald Trump. En él lo describe como un narcisista patológico, codicioso, abusón con el débil, mentiroso compulsivo y producto de una crianza familiar disfuncional y abusiva, dotado de una ausencia de empatía y con comportamiento destructivo. Y el tío, en plena guerra de Irán, aseguraba en una entrevista con NBC News: “Destruimos por completo la isla de Jarg, pero puede que la ataquemos unas cuantas veces más solo por diversión”.

Para el psicólogo John Gartner, Donald Trump “no está bien” (El País, 23/03/2026), con cierto deterioro cognitivo y trastornos mentales manifestados en un “narcisista maligno”, como le ocurría a Hitler. En su caso el narcisismo, que pudiera afectar a cualquiera de nosotros, deriva en trastorno ‘psicopático’ de personalidad antisocial, sin normas, mentiras compulsivas, engaños, sin remordimientos...; también conductas sádicas generadoras de caos, destrucción, humillación del otro…, para su disfrute; ante una amenaza, genera una paranoia con espíritu vengativo; afán de dominación para quedar por encima de los demás… No extraña escucharle decir que es el mejor presidente de la historia, sabiéndolo todo.

Putin, Netanyahu y Trump, adalides del ‘nuevo orden’, podrían estar en el mismo manicomio antes que promover guerras mostrando actitudes inmisericordes con los agredidos: incluidos niños, mujeres y ancianos, los más débiles.

*Artículo publicado en Ideal, 05/04/2026.

**Salvador Dalí, El enigma de Hitler, 1939.

sábado, 4 de abril de 2026

TODO LO QUE NO CONTABAS

 


En los años ochenta del siglo XX, cuando el despertar de la democracia en España venía acompañada de grandes deseos de libertad, hubo maneras de confundirla que terminaron sumiendo a una parte importante de la juventud española en el pozo de la droga. De ella pocos escaparían: unos muriendo en el camino, otros arrastrando una existencia lastrada por el consumo. Muchas madres hubieron de afrontar el reto de salvar a sus hijos para el que no tenían ni los conocimientos ni las herramientas, tan solo quedaron sumidas en la desesperación de verlos cómo se consumían.

Todo lo que no contabas representa la lucha coral de una familia en la búsqueda incesante por hacer frente a este enemigo tan invisible como poderoso que les había arrebatado a un ser querido. Una historia llena de esperanza, al tiempo que sumida en la frustración de anhelos inalcanzados, en una constante lucha que no cesaba.

Antonio Lara Ramos nos introduce a través de una polifonía de voces narradoras que miran en una sola dirección: esa lucha sin descanso por arrebatarle a uno de los suyos a ese poderoso enemigo al que era difícil descifrar. El tema central es el coste humano y afectivo visto no tanto desde la figura del yonqui estigmatizado, sino desde las grietas emocionales que abre en sus seres queridos que afrontan la persistente búsqueda de la responsabilidad, la culpa y la libertad de elección.

Todo lo que no contabas es una obra de tono testimonial con gran carga emocional que reconstruye la trayectoria vital de Abel, atrapado por la droga en un barrio obrero y el impacto devastador que la adicción provoca en su familia a lo largo de décadas. El libro encuentra su mayor fuerza en la combinación de crónica social y retrato íntimo de un entorno que no se resigna, logrando por momentos una intensidad conmovedora y un retrato generacional muy reconocible, con escenas de enorme viveza y concreción, que funcionan autónomamente y sostienen el interés lector.

El libro aborda otros temas estrechamente ligados: la fragilidad de los modelos de éxito social, la dignidad y límites del cuidado familiar, la soledad, la construcción de una identidad en barrios periféricos y el choque entre una vida “normativa” y otra vida “en los márgenes”.

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