viernes, 21 de octubre de 2011

EL PORTAL


Cada viernes suelo pasar por el portal. Antes, cuando no era viernes, también pasaba, y el sentimiento era el mismo de ahora.
Los imagino nerviosos, abordados por la tensión de lo que han venido a hacer. Cruzan las miradas, se mueven de un lado a otro como leones enjaulados, disimulan cuando entra un niño que vuelve del colegio, hacen como que salen o entran cuando aparece alguna vecina. La espera se les está haciendo eterna. Es posible que alguno de esos tres jóvenes hombres de apariencia estudiantil esté echado contra una de las esquinas que delimitan la entrada del portal, esperando dar la voz de alerta, incluso a ratos hasta se habrá sentado en el escalón de la acera. Allí acecha como una alimaña. Aunque ya ha entrado el otoño, las bondades del clima meridional retienen aún los primeros aires frescos del otoño en las cumbres de Sierra Nevada.
Por la acera la gente transita deprisa. Es la hora de la salida de la escuela, de la facultad, de las oficinas, también es la hora del aperitivo, de esa parada en los bares que hay a un paso de allí para tomar una cerveza. La gente transita con celeridad por la acera ajena a lo que va a ocurrir. Algunos estudiantes recién salidos de clase se dirigen a los cercanos comedores universitarios. Los coches circulan por la calzada, todos en la misma dirección, se apresuran para evitar el atasco que suele organizarse a esta hora. Nadie repara que en la esquina que delimita el portal hay un joven con ojos vigilantes que aguarda para dar la voz de alerta. Los que hay dentro del portal junto a los buzones esperan impacientes un gesto del que hay fuera. También ellos son ajenos al trajín que casi les roza, sólo tienen un pensamiento en la cabeza: esperar que llegue su objetivo para perpetrar una acción criminal.
Siempre que paso por ese portal me pregunto lo mismo: ¿para qué les ha servido la muerte de cientos de víctimas inocentes?
Hoy es viernes y he vuelto a caminar junto al portal. Pero hoy mis sensaciones han sido diferentes: aquellos que un día asesinaron a sangre fría con un tiro en la cabeza a un hombre indefenso que se disponía a subir a casa para almorzar, donde le aguardaba su familia, hoy han anunciado el final de la violencia armada.
La democracia les ha derrotado, les ha derrotado el pueblo. Entretanto, la vida de tantos inocentes se ha quedado por el camino.
Hoy que he vuelto a pasar me he preguntado: ¿para qué les sirvió la muerte de Luis Portero hace once años?, para nada; en todo caso para causar un inmenso dolor.
Y justo once años después ETA ha emitido un comunicado por el que dice poner fin a la violencia.
¡Y a mí que se me antoja que nos queda aún mucho camino por recorrer!

lunes, 17 de octubre de 2011

EL DEDO Y LA LUNA

Las redes sociales se han convertido en una fuente poderosa donde apoyar la construcción de una noticia.
Los comentarios en twitter, tuenti o facebook son ya un elemento vivo en las noticias. Los periodistas los usan y los destacan. Es el impacto del instante, algo que no deja de ser un riesgo por todo lo que puede tener de mera anécdota.
Hace unos años recuerdo que escuchaba a algún orador utilizar el número de resultados de una palabra en Google’como dato (¿científico?) para valorar su impacto en internet y, en consecuencia, su importancia en el mundo globalizado.
Quien mire con detenimiento la expansión de una palabra en internet observará que registra lo que le afecta y lo que no le afecta, lo que hace referencia a ella y lo que no, lo que es relevante y lo que no es.
El tratamiento informativo del movimiento 15M (ahora con su dimensión global en el 15O) está proyectando noticias e imágenes que a veces deforman la realidad.
No sabría decir si en las manifestaciones habidas el 15 de octubre la noticia está en los altercados
que provocaron grupos violentos y alborotadores, aprovechando ese momento multitudinario, o en esa gran masa ciudadana pacífica, de protesta civilizada y de dimensiones aún insospechadas.
Realmente no sé dónde está la noticia. Quizás en ambos hechos. Pero como no soy periodista puedo estar equivocado si me inclino por una cosa o por otra.
Lo que sí sé es que el dedo que señala la Luna nunca puede eclipsar el satélite. Me imagino que este debe ser el verdadero objeto de nuestra atención.
Por correo electrónico me acaba de llegar esta viñeta del ilustrador italiano Mario Marilungo, quien glosa de modo magistral el tratamiento de la información que se está haciendo por los incidentes de Roma con motivo del 15O. Como antes ocurrió con los de Barcelona y otras ciudades, cuando sólo existía el 15M.
Esta manera de hacer periodismo que hoy padecemos (en muchos ámbitos de la vida) personalmente no sabría explicarla. Será porque no soy periodista.
Todo esto me genera una duda: ¿es así como se explica a los estudiantes el verdadero y auténtico ejercicio del periodismo en la Universidad?
Lo mejor será que ellos, los periodistas, nos lo aclaren.

domingo, 9 de octubre de 2011

¿HERENCIA ESPAÑOLA?

No sé si en esta época nuestra se estará concentrando lo más mugriento y cutre de la esencia heredada de lo español: pillería, corrupción, picaresca, escaqueo, nepotismo, indolencia…
En estos últimos días me ha sorprendido una aristócrata ya longeva que se casa, que baila sevillanas ante el público que aguarda en la calle, que se rodea de toreros y farándula, que dicen se ha puesto a lo largo de su vida el mundo por montera.
También he visto rostros cariacontecidos, prendidos en la desesperación y la resignación, esperando la ejecución de una orden de embargo que se aplaza por la solidaridad de un puñado de personas. De viviendas impagadas que ya no se valoran como antes y que no cubren el valor de la hipoteca.
Un gobierno socialista (en connivencia con la oposición del partido popular) que no ha tenido los redaños para acabar con la ignominiosa y abusiva práctica de impedir que se salde una hipoteca con la dación de la vivienda. ¡Que viva la usura!
Está claro que las personas han dejado de ser lo más importante.
Suspiros de una España donde los golfos y aprovechados se cuelan por todas partes, casi siempre por los agujeros de la política, que llegaron a las cajas de ahorro (que hasta ahora no eran bancos y tenían una carácter público) mendigando, y salen de ellas con los bolsillos llenos. Consejeros y consejeras que una vez los puso un político en el puesto y que se van saqueando parte de la riqueza que le pertenece a la sociedad. Los últimos casos los de Nova Caixa Galicia o la CAM (Caja de Ahorros del Mediterráneo). Consejeros que blindaron su futuro con pensiones de escándalo y con finiquitos fruto de la codicia más depravada.
¿Qué le está pasando a la vida pública de este país?
¿Tendrá que ver con no habernos desprendido aún de lo peor de nuestra herencia de siglos?
La duquesa se ha marcado un baile por sevillanas al salir de su boda, ¡ella que puede!
Los otros, los consejeros, también se lo habrán marcado al salir de las cajas, pero a hurtadillas.

lunes, 3 de octubre de 2011

EDUCACIÓN PÚBLICA VERSUS EDUCACIÓN PRIVADA

El mundo de la educación se ha visto más que soliviantado en este tiempo de crisis económica. Y con las meteduras de pata de algunas y algunos responsables políticos, si cabe mucho más.
Decidir que se limiten determinados recursos humanos en la educación es el colmo del despropósito por mucha crisis que haya. Decidir que se recorte el presupuesto que se invierte en educación es una estupidez que sólo se le ocurre a quienes no tienen ni idea de lo que tienen entre manos, es decir, esa perniciosa clase de políticos que se toman su estancia en la política como un ejercicio de supervivencia.
Al hilo de todo esto se ha generado paralelamente una defensa numantina en torno a la educación pública. A dirigentes políticos y sindicales se les llena la boca hablando de la defensa de la escuela pública. En España está defensa tiene sus riesgos. Defender sólo la escuela pública nos conduce a la exclusión de un gran porcentaje de población escolar que estaría encantada de ir a un centro público si hubiese plazas para todos.
¿Actualmente en España se puede garantizar un puesto escolar público a toda la población en edad escolar?
Los centros concertados quizá no tengan la culpa de ser concertados (habría que preguntárselo) y sí la tenga un Estado que en más de treinta años de democracia debería haber construido los centros educativos necesarios para que los que ahora están concertados fuesen privados en toda su extensión y representaran esa opción democrática y educativa para los padres que ahora no la representan.
Me parece democrático que existan centros públicos y centros privados, y que los padres puedan elegir donde llevar a sus hijos. Pero me parece menos democrático que existan centros concertados que funcionan como si fueran exclusivamente privados, cuando les interesa, y ‘algo públicos’ para sostenerse con fondos públicos (por ejemplo, la selección del profesorado la hacen ellos, pero su nómina la paga la Administración).
Quizá uno de los males de nuestra educación sea la existencia de este sistema dual de centros heredado de nuestra historia educativa (monopolio de la educación religiosa) y reforzado en el franquismo. Y la rémora de un concordato con la Santa Sede que tanto maniata a los poderes públicos, entre otras cosas, en materia educativa. Y ese punto 4 del artículo 27 de la Constitución que obliga a los poderes públicos a garantizar la enseñanza religiosa dentro de las escuelas. No porque tengamos nada contra la Iglesia, pero cada uno en su casa y Dios en la de todos.
Probablemente la LODE (Ley del Derecho a la Educación, 1985) necesitaría una oportuna revisión también.
Por encima de la controversia excluyente entre educación pública y educación privada debería estar la defensa de la educación sin apellidos, la educación en mayúscula. Y esto se me antoja que se nos olvida con demasiada frecuencia.
¿Qué cuál sería esa educación en mayúscula?: una educación laica que se sustente en los principios de equidad, inclusión social e igualdad de oportunidades.
Y esto a ser posible para toda la población escolar española.

martes, 27 de septiembre de 2011

LA GRAN VUELTA EN AUTOBÚS

Hace algunos años cualquier celebración en una ciudad dejaba un reguero de huellas que recordaban la naturaleza de la misma, en una especie de epílogo con regusto a nostalgia. Cuando finalizaban los días de feria los niños nos quedábamos varios días saboreando los buenos momentos vividos con los restos de casetas, columpios, puestos de turrón y barretas o alguna tómbola remolona que no habían sido aún retirados.
Hoy todo vestigio de celebración se limpia con una rapidez inusitada. No sé si es mejor o peor, sinceramente (supongo que dependerá del evento, porque imaginen lo que es dejar la basura generada por el botellón), pero lo cierto es que se acomete con la diligencia que impone la gestión eficaz que se exige ahora.
No obstante, también quisiéramos la misma celeridad para que desaparezcan carteles, pegatinas y otras muestras de las campañas electorales. ¿Quién no ha visto en su ciudad esos carteles que perduran días y días hasta que los agentes atmosféricos destiñen la cara del candidato u ondulan inevitablemente el papel?
La patrona de Granada es la Virgen de las Angustias y el último domingo de septiembre ‘procesiona’ por las calles más céntricas de la ciudad. Este último también lo ha hecho y, como cualquier año, dejando el asfalto salpicado de la cera de los cirios que portan los que componen la comitiva.
En los últimos años el Ayuntamiento de Granada se ha apresurado a eliminar la cera para el día siguiente. Este año eran las seis de la madrugada del lunes y un ejército de operarios se afanaban porque no quedara rastro alguno del evento del día anterior. Y en este caso con una razón de peso: la cera es un mal aliado para el tráfico rodado.
Pero ese mismo lunes el autobús que habitualmente tomo para desplazarme al trabajo llegó a la parada con notable retraso. Después vino una vuelta interminable, casi un paseo turístico por la ciudad (que la verdad, lo merece). El centro de la ciudad estaba cerrado a la circulación rodada por mor de las tareas de limpieza de la cera. Y como consecuencia: el resto de la ciudad sumida en un monumental caos circulatorio. Fue un lunes donde mucha gente llegó tarde al trabajo, a la cita con el médico o con el notario, y hasta con el amigo por no llegar a la hora acordada para tomar el café.
No sabría qué es mejor, si que se suspendan las procesiones, o que no se enciendan cirios en ellas o que después de los domingos de procesión las empresas, comercios y oficinas retrasen el horario de entrada al trabajo el lunes.
Al día siguiente, la festividad de la patrona de la ciudad sólo era un fervoroso recuerdo para los que la habían acompañado por sus calles, pero un incordio mañanero para todos los que habían de moverse en transporte público o vehículo propio.
Aunque acaso lo que lamento es que con la limpieza de la cera también haya desparecido esa otra gran fiesta que acompaña a esta festividad: la de los frutos del otoño y los dulces típicos para la ocasión. Acerolas, azufaifas, nueces, avellanas o tortas de cabello de ángel tuvieron en los tenderetes una exposición tan efímera como la de la cera en el asfalto. Quizá los hubiéramos disfrutado más si se hubieran ofrecido durante dos o tres días en los atractivos puestos de venta que ocupaban en la Fuente de las Batallas.
Por cierto, ahora que somos tan aficionados a ponerle precio a todo, ¿se ha calculado el coste en horas de trabajo, productividad y desgaste de nervios que sumó el caos circulatorio de la ciudad por mor de la dichosa cera?