
jueves, 12 de enero de 2012
PRECARIEDAD EN LA INVESTIGACIÓN

martes, 10 de enero de 2012
ADIÓS A BARRIO SÉSAMO

miércoles, 4 de enero de 2012
LA ANUNCIACIÓN

La obra cumplió perfectamente su función didáctica: el recogimiento de la Virgen con los brazos cruzados sobre el pecho, el ángel anunciador que imita el gesto ante quien tiene delante, y la mano de Dios que lanza un haz de luz que parece despreciar a Adán y Eva, artífices del pecado de la humanidad. Pero cumplió también el papel de referente como obra innovadora en la historia de la pintura. La perspectiva lineal ya conseguida, la emotividad, el movimiento, la profundidad… muchas virtudes en un autor que pinta el cuadro entre 1430 y 1435, y que, como se diría ahora, marcará tendencia.
Después de su contemplación se reforzó en mí un poco más, si cabe, la apreciación por la contribución social del arte.
viernes, 30 de diciembre de 2011
¡NIÑO, CÁLLATE!

Hace unos meses tuve la oportunidad de compartir mesa con alguien que había sido un responsable político en la Administración educativa. Sus cargos de responsabilidad (tuvo varios) le habían tenido al frente de la política educativa en los últimos quince años. En el transcurso de la comida conseguí enterarme que había vuelto a sus clases en el instituto (algo muy loable para un político, pues la vuelta a la actividad profesional es más que necesaria, cuando no una exigencia).
Entre sus comentarios acerca de la nueva experiencia se refirió a la notable diferencia que ha percibido entre los alumnos de hace quince años y los de ahora. Una diferencia que definía en las mayores dificultades para impartir clase. Decía pasarse gran parte de la clase diciendo: ¡Niño, cállate!, ¡niño, siéntate! El comentario describía una realidad constatada a diario, pero que en su caso era una novedad.
Le dije que en un gran porcentaje los alumnos que tenemos en nuestras aulas son la consecuencia de nuestra toma de decisiones en política educativa. Decisiones adoptadas por muchos de los que estábamos en aquella nutrida mesa, la mayoría responsables de la política educativa en algún momento de nuestra vida. La respuesta fue que la culpa la tienen los padres, incapaces de barajar a sus hijos (¿pretendía echar balones fuera?). Le respondí que obviamente nuestros alumnos son la consecuencia de los actos de las familias, los profesores, la sociedad que les hemos construido, pero también de nuestras ligerezas en política educativa.
Ahora este alto cargo, otrora con responsabilidades en decisiones de ordenación de los currículos, de la puesta en marcha de programas educativos, de innovaciones educativas llevadas a los centros educativos, de las orientaciones metodológicas para el trabajo en las aulas, de la selección del profesorado, de contribuir a potenciar o minimizar los roles que juegan profesores, familias y alumnos en un centro educativo, descubre, por mor de su vuelta a las aulas y el contacto con una realidad que la política le había ‘ocultado’ (y también acaso su propia capacidad para estar más próximo a esa realidad mientras ejercía la política) que la realidad de la escuela es muy diferente a la que él recuerda cuando era un profesor sin haber pasado todavía por el harnero de la política.
Dice pasarse gran parte de la clase callando a sus alumnos. ¿Pretende una clase magistral con alumnos convenientemente callados?, ¿reprime las iniciativas de sus alumnos?, ¿su metodología es poco motivadora? Lo cierto es que ha venido a descubrir una realidad a la que hemos contribuido entre todos, y que los responsables políticos parecen no conocer. Y no porque los alumnos no puedan hablar, expresarse, interaccionar en clase… sino porque se han perdido elementales normas de respeto que son de dominio común, no sólo para la escuela, también para la vida en sociedad. Normas que derivan de la falta de autoridad en las familias, de los mensajes fáciles que les llegan a los jóvenes de medios irresponsables de comunicación y publicidad, y también de una forma de hacer educación que perdió en algún momento ese necesario horizonte construido en torno al respeto entre las personas.
Algunas decisiones políticas en materia educativa no han favorecido la vida en las aulas, no lo olvidemos, por precipitadas, poco meditadas, o porque algunas ‘innovaciones’ nos sonaban como excelentes cantos de sirena.
¡Qué bien le sienta al que se dedica a la política volver a la vida civil!
miércoles, 21 de diciembre de 2011
PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN

En estos días ha sido el programa ‘Aula Abierta’ de Radio Andalucía Información (Canal Sur), de contenido universitario, para una entrevista* que se emitirá el día 24 de diciembre, Nochebuena (15 horas). Tratándose de tan señalada fecha me ha venido a la mente aquella otra en que Alarcón escribió en el Madrid de 1855 su ‘Nochebuena del poeta’ en unas circunstancias difíciles y lejos de la familia. Quizá con aquello y otras historias fue dejando lastre su cabeza tarambana.
La entrevista ha tenido otro efecto: sacar de los recuerdos aquella etapa de mi vida marcada por la ilusión de los proyectos en torno a este personaje. Uno de ellos fue la construcción de un centro de estudios alarconianos. Redacté un proyecto a tal fin, aunque después no prosperó. Hubiera sido interesante crear un centro donde se estudiara la obra de Alarcón y su tiempo. Guadix perdió una magnífica oportunidad para dotarse de un espacio cultural de referencia. No hubo políticos de talla que asumieran el proyecto.
Ahora solo existe en Guadix la Sala Alarconiana, un espacio que exhibe parte del mobiliario, enseres y algunos libros de Pedro Antonio de Alarcón. Recuerdo bien aquel viaje a Madrid en octubre de 1999, junto al entonces concejal del Ayuntamiento Miguel Pedraza, un viaje que nadie confiaba tuviera éxito, para visitar al nieto de Alarcón, Miguel Valentín de Alarcón, de 93 años, último descendiente directo del accitano, que guardaba los últimos enseres y recuerdos de su abuelo. Aquel viaje permitió recobrar lo que ahora se conserva en la Sala Alarconiana, que de otro modo se hubiera dispersado por museos y otros sitios particulares, como había ocurrido con parte del patrimonio alarconiano antes de nuestra visita.
Pedro Antonio de Alarcón es una figura muy interesante en el panorama político y cultural de la España del siglo XIX. Su personalidad fue tan determinante en su vida que lo arrastró sin solución de continuidad por la vehemencia, la prepotencia, el arrebato, la presunción, el orgullo, a veces hasta el absurdo, y a actuar en ocasiones de modo inconsciente y errático. Pero su mente también estuvo atravesaba por una ráfaga de auténtico genio que le convirtió en un personaje singular y de enorme éxito literario y social.
Hoy es una figura que no goza de la proyección de otros granadinos ilustres. Aunque recuperarlo, más allá del anecdotario en que a veces se le alude, sería bueno para la cultura granadina y andaluza. Y también de justicia.
